Curso de verano ruso

ENTRENAMIENTO CON ARMAS MILITARES Y ARTES MARCIALES




El año pasado, el fotógrafo Philipp Jeske tuvo acceso a uno de los campamentos militares rusos en los que se imparte entrenamiento en combate y se inculca una mentalidad agresiva a los niños. Durante dos semanas, Jeske vivió, comió y cagó con estos muchachos, y los acompañó a lo largo de su experiencia salvaje. Este campamento de Tomsk es, según parece, uno de los más moderados en cuanto al grado de disciplina, pero refleja una tendencia que está ganando ímpetu en Rusia y que se basa en la fuerza bruta y la agresividad.

VICE: Para empezar, ¿qué te llevó a hacer este reportaje?
Philipp Jeske: En 2012 estaba en Tomsk con mi clase de Hannover. Ahí hay un programa de intercambio de estudiantes. Conocí a alguien que ya estaba haciendo fotos para el campamento y nos hicimos amigos. Al año siguiente no pudo trabajar para ellos y me pidió que lo sustituyera. Inicialmente se mostraron muy escépticos, porque sabían que yo era alemán.

¿Hablas ruso?
Sí. La verdad es que soy de origen ruso pero tengo pasaporte alemán y llevo ya 18 años viviendo en Alemania, así que no hubo problema. Cuando se enteraron de la reacción de los alemanes al ver mi serie de fotografías fue cuando me declararon persona non grata. Este año también quería ir, pero no me han contestado. Mi profesor, que también ha vuelto, me dijo que estaban muy descontentos.

¿Cómo se enteraron de la reacción en Alemania?
Gané el premio de fotopriodismo VGH Foto Preis, en Hannover, por lo que se organizó una exposición con las fotografías. También se retransmitió el podcast de una entrevista que me hicieron y puede que lo escucharan.



Se les ha comparado con la Juventud Hitleriana, ¿deberíamos preocuparnos?
No creo, porque realmente no hay ninguna ideología que lo respalde. Esa cultura de campamentos para niños es más tradicional en Rusia que en Europa Occidental, debido a que son una sociedad más colectivista.

¿Quién está al mando de estos campamentos?
El principal responsable es Alexey Vladimirovich Vasiliev, diputado de la asamblea regional de Tomsk, procedente de un entorno militar. Es el encargado de la “educación patriótica” y miembro del comité de “asuntos sobre la juventud”. Es un hombre que tiene contactos en Rusia y supongo que muchas familias lo conocen. Pero no todo el mundo en los campamentos tiene un pasado militar. Uno de los responsables, que aparece bailando en algunas de las fotos, dirige un campamento recreacional ruso del siglo XVII.

¿Cuánto tiempo pasaste en el campamento y cuál es la de edad promedio de los chicos?
Para obtener el certificado, los niños deben permanecer ahí dos semanas y superar todas las actividades. Yo me quedé hasta el final. Las edades van entre los siete y los 16 años. Pero una de las cosas por las que se enojaron conmigo, fue por mencionar que uno de los niños tenía cinco años. Y era cierto, pero se trataba del hijo de uno de los profesores. Los niños venían de entornos muy diversos. El campamento funciona gracias a donativos, por lo que hay familias ricas que hacen donaciones sustanciosas y también hay familias muy pobres que sólo pueden contribuir con una aportación simbólica.

Entonces, van ahí para conseguir el certificado. ¿Acuden a los campamentos por voluntad propia o los envían los padres?
Son los padres los que los envían ahí, pero por lo que he oído, muchos niños quieren ir porque les gustan las armas y el ejército. Algunos incluso ya están pensando en unirse a las fuerzas especiales.



¿Qué hay de las chicas?
Entre otras cosas, las niñas aprenden a montar a caballo, a coser y a pintar. Tienen una amplia oferta de actividades. Muchas de ellas también tenían interés por las armas o por unirse a las fuerzas especiales como francotiradoras. Me di cuenta de que les encantaban los cuchillos.

¿Crees que los chicos la pasan bien?
Sí, aunque siempre hay momentos en los que es más duro para ellos. Después de unos días, algunos niños son víctimas de acoso por parte de otros, y muchos intentan convencer a sus padres para que los saquen de ahí, pero entonces llegan los profesores y les ayudan a seguir adelante. Ha habido casos de padres que han ido a buscar a sus hijos, pero estos eran los más jóvenes, de siete u ocho años.

¿Me puedes contar qué ejercicios hacían?
Hacían mucho entrenamiento con pistolas, las limpiaban, las desmontaban y aprendían a disparar correctamente. Las armas no están cargadas. Suelen usar láseres o balines de plástico. También reciben clases de historia y religión rusas. En mi trabajo traté de reflejar esa idea tan interesante de mezclar la religión con lo militar: no sólo se les da entrenamiento castrense, sino que se les inculca la religión ortodoxa rusa. Todo ruso debe ser creyente.



¿Viste a algún chico en el campamento que apuntara a ser un futuro guerrero?
Principalmente se les entrena para trabajar en equipo, pero algunos de los más mayores (15 o 16) ya demostraban tener gran fuerza física y velocidad. En cualquier caso, ahí lo principal es la idea de unión, del equipo, más que del individuo. Había una chica que tenía mucho interés en probar las pistolas. Decía que después de acabar su educación quería unirse a una unidad especial. Le fascinaban los cuchillos que había en la mesa, que eran de una unidad especial de la policía de Tomsk, encargada de la lucha contra la delincuencia organizada.

¿Cuántos campamentos como éste hay en Rusia?
He visto varios reportajes similares, uno de la zona de Rostov-on-Don, de donde proceden los luchadores tradicionales del suroeste de Rusia, pero no eran religiosos. He oído que hay otro en Novosibirsk y seguramente habrá más, pero yo sólo he oído hablar de esos.