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De lo local a lo internacional

El presidente de Francia ha convocado una reunión urgente de la Unión Europea para el 1ro. de setiembre, a fin de considerar la prolongación del conflicto entre Georgia y Rusia. Esto coincide con la falta de claridad acerca del retiro total de las fuerzas rusas por un lado y, por el otro, la intensificación de la presencia, y por tanto influencia, de naves de guerra de los Estados Unidos a menos de 100 kilómetros de un puerto en el que todavía se encuentran los rusos. Las naves traen materiales de ayuda humanitaria pero sería muy ingenuo ignorar la significación política de su arribo.

Estas noticias no son muy sensacionales. No hay en este instante enfrentamiento armado y la atención de los observadores internacionales se concentra en el futuro de los territorios disputados, Sud Osetia y Abjasia, con sus complejos problemas de minorías. La zona esta lejos de estabilidad y los georgianos y los rusos se aferran a sus posiciones opuestas, Georgia exigiendo soberanía sobre los territorios y Rusia reclamando su independencia”. Aunque es de esperar que no se renueven las hostilidades armadas, son escasas las perspectivas de tranquilidad política.

Ya en otra oportunidad hemos señalado que lo importante en este conflicto no es determinar cómo y por culpa de quien estalló, sino comprender su verdadero carácter y alcances. No se trata sólo de Georgia y de los territorios semi autónomos. Se trata del futuro de las zonas desprendidas del imperio soviético, casi todas confrontadas con complicadas situaciones minoritarias que pueden estallar en todo instante.

Es que las clásicas fórmulas sobre soberanía y naciones-Estado ya no son suficientes para el mundo de nuestros días, que no atina a encontrar el punto de equilibrio que garantice las aspiraciones de independencia a la vez que la satisfacción de los deseos y necesidades de grupos étnicos y religiosos de suficiente envergadura. Estas poblaciones demandan derechos que a veces trascienden del sistema basado en las Naciones Unidas y las organizaciones regionales, que aún no han de- sarrollado una concepción más global y menos tradicional en cuanto a derechos y limitaciones de enclaves demográficos importantes. Estos ya no se satisfacen con el reconocimiento de derechos individuales, tampoco respetados en todas partes, por otro lado.

Lo que se requiere son soluciones supra-nacionales. Y para eso están los marcos internacionales indicados. Pero formalidades son una cosa y realidades mundiales otra.
Entre esas realidades se debe enumerar el retorno de Rusia a un papel de protagonista mayor en la esfera mundial, las incertidumbres de la politica de Washington en los momentos finales del régimen de Bush, y el ambicioso pero no siempre definido papel de Europa. Claro está que no se pueden ignorar otros factores de peso, como el rol de la China post Olimpiada, la compleja y explosiva situacion del mundo musulmán y otras realidades geo-políticas que ocupan menos las páginas centrales de los diarios, como los cambios políticos en la América Latina por ejemplo.

La convocatoria de la reunión de la Unión Europea es por eso significativa, no porque se deba prever que ella aportará soluciones al problema de Georgia sino como indicación del papel que deben asumir las organizaciones internacionales, de las que la Unión Europea es la más articulada. Pero no hay dudas de que el conflicto al borde del Mar Negro clama por negociaciones con Rusia y esto implica a los Estados Unidos y a las Naciones Unidas. El conflicto está no sólo regionalizado sino internacionalizado a nivel universal. Esta nota no pretende vaticinar en que dirección se encaminará la conversión del problema de un pequeno país y territorios no soberanos más pequeños aún en un problema del mundo entero, en primer término de sus actores más poderosos.

Estas reflexiones no están divorciadas de lo que ocurre en el área del Medio Oriente o, más precisamente, del conflicto israelí-árabe o israelí-palestino. Una lograda caricatura en un diario de principios de la semana muestra a la canciller de los Estados Unidos asomándose a la puerta del Gobierno de Israel y preguntando a Olmert y a Barak, que están enfrentándose a patadas, si ``hay alguien en casa”''. Desde luego, análoga pregunta se puede hacer a las autoridades palestinas. Las situaciones internas en ambas partes en el conflicto han alcanzado modalidades tan graves que la respuesta pesimista, que no entrevé ninguna solución ciertamente no en los plazos fijados en Anapolis, parece ser también la respuesta realista.
Ello demanda necesariamente un esfuerzo internacional, al más alto nivel, mucho más intenso si es que se quiere evitar una trágica agravación del conflicto. Cuando los Gobiernos de Jerusalén y Ramala no están en condiciones de llegar a un arreglo que por lo menos limite los peligros de un retorno al uso de la fuerza, el único camino es el aumento de la intervención internacional. Esto no le gustará a muchos israelíes que creen que el statu quo está llamado a eternizarse pero, como en otras regiones de nuestro sacudido mundo, los grandes problemas derivados de los conflictos de los pequeños Estados exigen soluciones garantizadas por la comunidad internacional.

No hay seguridad alguna de que ello vaya a ocurrir. Pero cuanto antes se torne claro que ya no hay conflictos locales, y en especial que no hay conflictos locales que pueden mantenerse localizados a largo plazo, y cuanto antes comprendan las partes que es preferible la intervención de la comunidad internacional a la perpetuación de una tensión inestable cargada de peligros, tanto más fácil será evitar esos peligros





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