¿Decada Ganada o Decada Perdida?


Las ventas de trigo fueron las peores en 110 años.
- Con la carne el país quedó fuera del top ten y hoy está donde antes Nicaragua.
- En energía, se registra el peor rojo de la historia.
- En autopartes, importaciones se multiplicaron por 14.
- El atraso cambiario borró a empresas de servicios
Con el décimo aniversario con el kirchnerismo al mando del poder, se "viralizó" el debate sobre si se trató de una "década ganada", como insisten desde el oficialismo, o de una "década perdida", como postulan desde filas opositoras.
Así se vive, entre blancos y negros, sin grises.
Mientras que para los primeros la gestión de la administración K fue clave para aprovechar el viento de cola y también para pilotear el país cuando "el mundo se caía encima", desde la vereda de enfrente el diagnóstico es muy diferente: argumentan que se malgastaron los años de "vacas gordas" y que por eso hoy el Gobierno debe padecer la escasez de dólares, de energía y de inversiones.
Entre los expertos hay cierto consenso sobre el escenario del cual se partió:
- tras el tsunami económico que implicó el fin de la convertibilidad,
- la Argentina contaba con todas las herramientas para aprovechar un ciclo
de crecimiento virtuoso.
En el plano productivo, el país tenía
- una altísima capacidad ociosa y
- un tipo de cambio ultra competitivo, al tiempo que se
- estaba comenzando a palpitar el boom de las commodities.
"El kirchnerismo se encontró con el mejor mundo posible.
- La diferencia entre el precio de las importaciones y las exportaciones fue
- la más ventajosa en la historia reciente de la Argentina.
Además, contaba con una industria que súbitamente se había vuelto competitiva,
- con un campo con rindes iguales o mejores a los de EE.UU. y
- con una balanza energética superavitaria",
resumió el economista Lucio Castro.
En este contexto,
- la soja fue la responsable de escribir
- gran parte del capítulo de la década kirchnerista.
Gustavo López, director de la consultora Agritrend, destacó el fuerte viento de cola que se originó con la espiralización de los precios internacionales:
- "Este Gobierno arrancó con una soja a u$s170 la tonelada y
- en un puñado de años llegó a valer casi 300% más.
- Fue una suba meteórica".
En cuando a la producción, mientras que
- en 2003 el campo argentino había levantado 71 millones de toneladas de granos,
- en 2013 se alcanzaron los 102 millones, un alza del 44%.
Sin embargo, fue el "yuyito" el que reinó, explicando más de la mitad de ese crecimiento.
- "La década del kirchnerismo sin dudas fue la década de la soja.
El resto de los granos tuvieron altibajos o directamente se desplomaron", disparó López.
"El caso más dramático fue el del trigo.
Acabamos de cerrar la peor campaña de los últimos 110 años.
Hay que remontarse a 1901 para encontrar una cosecha tan floja", recalcó el experto.
Para graficar
- cuánto aprovechó la Argentina el contexto internacional, resulta clave
- comparar cómo le fue a un vecino tan gravitante como Brasil.
Desde Agritrend destacaron que,
- de levantar 115 millones de toneladas de granos en 2003,
- pasó a un nivel de 188 millones, es decir, tuvo un alza del 63% en una década,

- casi 20 puntos por arriba de la performance del campo argentino:
¿A qué responde esta diferencia?
Para López, "los funcionarios de ese país nunca se tentaron con las retenciones. No sólo eso, también financiaron al agro con subsidios y créditos baratos. Esto llevó a que Brasil, que
- antes nos compraba maíz, ahora sea el primer exportador del mundo".
Como contrapartida, aseguró que "en la Argentina se optó por el camino inverso: cuando asumió el kirchnerismo
- las retenciones eran del 20% y
- ahora son del 29% promedio, es decir,
- una presión 50% mayor".
Para López, "las diferencias son claras:
- mientras que el gobierno brasileño puso plata para impulsar al agro,
- acá se lo utilizó como fuente de financiamiento",
lo que explica la crisis entre campo y el Ejecutivo iniciada en 2008.
Así las cosas, según el experto "la soja, a la que se combatió desde lo discursivo, sirvió para pagar gran parte de la fiesta. En estos diez años,
- el Gobierno embolsó más de u$s 60.000 millones sólo por retenciones",
- es decir, una cifra 50% más elevada que las actuales reservas del BCRA.
Sin embargo, para López,
- el costo "fue que se le quitó competitividad al agro".
Marcelo Elizondo, quien como director de Fundación Exportar fue responsable de promocionar los productos argentinos hasta 2008, destacó el hecho de que
- "con otra estrategia, la Argentina podría estar produciendo
- 125 millones de toneladas de granos, un 25% más que ahora".
Otro punto clave al analizar la década kirchnerista es que, pese a que en general se cree que la soja por sí sola bastó para disparar las ventas al mundo, la realidad indica que
- la performance del país, en comparación con el resto de América latina,
- estuvo muy lejos de ser óptima.
Entre un grupo de 11 naciones,
- la Argentina -con una variación del 172%-, fue la anteúltima
- en cuanto a crecimiento de sus exportaciones,
- quedando así muy lejos de países como
- Bolivia (570%),
- Perú (407%),
- Ecuador (385%) o
- Colombia (367%).
Incluso, fue largamente superada por Uruguay o Paraguay, tal como se puede observar en el siguiente gráfico:
"Las exportaciones de la Argentina crecieron muy poco frente al resto de la región. Esto se debe básicamente al problema energético y al agotamiento del ´bonus track´ con el que se contaba en los primeros años del kirchnerismo", sintetizó Castro.
"Estos números dejan en evidencia que el mundo no se nos cayó encima, porque hubo otros que pudieron crecer, pese a la crisis global de 2008, mucho más que nosotros", agregó.
En tanto, Dante Sica, director de la consultora Abeceb, destacó en diálogo con iProfesional que "el balance es magro. No fuimos los más mediocres pero tampoco tuvimos una performance superlativa en comercio exterior".
Para Elizondo, este pobre dinamismo deja en evidencia que "la soja por sí sola no alcanzó para generar el milagro exportador".
La decadencia del "bife argentino"
A medida que el "yuyito" fue ganando terreno, se terminó desplazando a la industria ganadera, uno de los sectores más castigados en este período.


La realidad para esta actividad cambió sustancialmente. Basta recordar que, allá por 2006, se había popularizado la comparación entre lo que costaba una tonelada de lomo argentino en el exterior y lo que valía una tonelada de Audi. En ese entonces, la pulseada la ganaba la carne.
Sin embargo, la estrategia de hacer frente a la presión inflacionaria limitando las exportaciones para "inundar" el mercado interno con cortes baratos, acabó con el incentivo a producir.
Esto llevó a que la Argentina pasara de ostentar el tercer puesto entre los principales exportadores del mundo en el 2003, a quedar fuera del top ten.
En efecto: el país hoy se ubica en el escalón número 11 del ranking global, con envíos un 71% más bajos que hace diez años.
Así, la Argentina actualmente ocupa la misma posición que una década atrás ostentaba un país con muy poca historia agropecuaria: Nicaragua (ver gráfico).

Cuando Moreno reguló el negocio, comenzó la crisis del sector, que provocó que cerraran 125 frigoríficos y que más de 12.600 trabajadores hoy estén en la calle", disparó Miguel Schiariti, presidente de la Cámara de la Industria y Comercio de la Carne.
De "comerse" el mundo a "vivir con lo nuestro"
En todos estos años, el superávit comercial nunca bajó de los u$s10.000 M. Sin embargo, tal como indicaron fuentes del sector importador, "el saldo que hasta 2008 se lograba por un tipo de cambio competitivo, pasó a sostenerse únicamente con restricciones a las compras del exterior".
En efecto: con el estallido de la crisis internacional hacia fines de 2008, y el argumento de que llegaría una andanada de contenedores con productos "a precios de ganga", el Gobierno inició su cruzada anti importadora.
Este giro en la política comercial estuvo muy vinculado con el fin del tipo de cambio competitivo y con la creciente inflación en dólares, que afectó a la industria nacional.
"La Argentina pasó de ser un país ofensivo, que incentivaba las ventas al mundo, a ser defensivo", sintetizó Elizondo, dejando en claro cómo la filosofía de "vivir con lo nuestro" se convirtió en el sello de la gestión K de este último tiempo.
Una clara muestra de ello fue que, a mediados de 2012, la Argentina pasó a ser el país más proteccionista del mundo, superando a naciones históricamente restrictivas, como Rusia.
Incluso, en momentos de máxima tensión, llegó a tener conflictos comerciales con más de 40 socios, tal como revelara un informe de la consultora DNI.
Para Sica, "en los últimos diez años hubo muy poca apertura de nuevos mercados y, además, se deterioraron las relaciones con nuestros grandes socios. Como contrapartida, se tejieron alianzas con naciones que no tenían relevancia para nuestra economía, como Angola".
Energía: el talón de Aquiles de la era K
El proteccionismo y la imposibilidad de importar libremente cualquier producto también estuvieron motivados por otro gran flagelo que irrumpió en plena era K: el déficit energético.
Cuando llegó al poder, el kirchnerismo recibió un país que gozaba de
- un superávit en concepto de gas, petróleo y energía, del orden de los u$s4.680 M, con un pico récord de más de u$s5.800 M en 2006.
Sin embargo, con tarifas y precios en los surtidores planchados y un duro esquema de retenciones a las exportaciones de crudo, se terminó por desincentivar la explotación y producción energética.



Así, este año, la Argentina se encamina a registrar el peor rojo de su historia, el cual alcanzaría los u$s4.900 millones (ver gráfico):



Es decir que gran parte de lo que ingresó por envíos de soja al mundo, se terminó licuando con la importación de energía.
"En un comienzo, el Gobierno vendió esta situación como un éxito, argumentando que, de sobrar la energía por falta de actividad, se tuvo que importar para sostener el crecimiento. Pero esto no es un triunfo, es el resultado de una errónea política que nos transformó en importadores netos", disparó Sica.
El fin de la "época dorada" para industria y servicios
Según la consultora DNI, el hecho de que las exportaciones argentinas hayan sido de las que menos crecieron en el continente obedeció a una multiplicidad de factores:
• Un plan económico más orientado al consumo que a la inversión productiva.
• Implementación de retenciones, cupos, cuotas y prohibiciones de exportar determinados productos.
• Aceleración de la inflación, que derivó en un creciente atraso cambiario.
• Incremento de la presión tributaria.
• Cepo cambiario y limitaciones al giro de utilidades.
• Restricciones a las importaciones, que afectaron el ingreso de materias primas y maquinaria.
"La Argentina inició la década kirchnerista con mucha capacidad ociosa, un tipo de cambio competitivo y un fuerte incremento de la inversión externa. Pero esos diez años concluyen de manera preocupante: hay una fatiga exportadora por los altos costos de producción y la pérdida de competitividad cambiaria", disparó Elizondo.
Incluso, aquellos sectores postulados como grandes ganadores del "modelo", también tuvieron una performance con luces y sombras.
Un caso emblemático es el de la industria automotriz: la misma pasó de fabricar 108 mil 0Km en 2003 a 413 mil unidades en 2012, es decir, un alza del 280%, lo que llevó a que en los últimos tres años, esta rama explicara el 50% del crecimiento de la actividad fabril.
Sin embargo, conforme se ensamblaron más vehículos, más se fue disparando la importación de autopartes. A punto tal que en estos diez años el déficit se multiplicó por... 14.
En efecto, mientras que en 2003 el rojo era de u$s 560 M, en 2012 culminó en u$s8.300 M, lo que deja a las claras lo poco que se avanzó en materia de sustitución de insumos importados, tal como se observa en el siguiente gráfico:




"El contenido de piezas nacionales en los 0Km todavía no supera el 30% promedio. El Gobierno hace tiempo que viene diciendo que va a aumentar el contenido local. También se especuló sin éxito con lanzar un auto nacional. Mucho se habló pero no cambió nada", disparó un reconocido empresario del sector autopartista que pidió off the record.
También se vieron luces y sombras en el intercambio de servicios entre la Argentina y el mundo: si bien hubo sectores que crecieron fuertemente, como el software, otros terminaron "pulverizándose", como el negocio del call center, donde se destruyó el 90% de los empleos orientados a la exportación por problemas de competitividad.
Atraso cambiario mediante, el turismo fue otro rubro que comenzó a aspirar más divisas que las que dejó en el mercado interno, llevando a que el déficit de la balanza de servicios haya superado los u$s3.200 millones el último año.
A modo de corolario, para Castro, la década kirchnerista en el plano productivo dejó más en el "debe" que en el "haber": "Hoy tenemos una capacidad muy limitada para ampliar las ventas al mundo, una canasta más concentrada en menos productos, una vuelta del déficit energético y una industria menos competitiva".
Además, señaló como un punto negativo el hecho de que "durante años nos beneficiamos con un ciclo histórico de precios de materias primas y así y todo el Gobierno tuvo que restringir la compra de dólares y aplicar recetas más propias de los años ochenta para evitar una crisis de la balanza de pagos".





En tanto, para Sica, todo este último período "fue de muchos grises. La economía creció, es cierto, pero esto no obedeció tanto a lo que se hizo desde adentro, sino al hecho de que estuvimos subidos a una ola que benefició a toda la región".