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Del mea culpa a la media disculpa

Del mea culpa a la media disculpa





Ricardo Roa

El Papa ya había obrado un especie de milagro. La Presidente que se negó catorce veces a recibirlo cuando era cardenal ahora le tira ondas de amor y paz y lo visita cada vez que puede en el Vaticano.

Pero Cristina obró el suyo: oficialmente Francisco ha dejado de ser Jorge, el obispo reaccionario al que no quería ver ni siquiera una vez al año en el Tedeum.

Estela Carlotto acaba de subirse a ese giro de 180 grados: mantuvo con su nieto recuperado una audiencia de media hora con el Papa, en una sala pequeña de la Casa de Santa Marta. Continuó en el salón principal, para que Francisco saludara a los 18 miembros de la familia Carlotto llegados de Buenos Aires (ver pág. 16).

Carlotto, que había dicho: “Bergoglio representa esa Iglesia que oscureció al país”, ahora dice: “Como cristiana uno, si se equivoca, tiene que reconocerlo. Y si es necesario, pedir perdón también. Si bien yo no pido perdón sino simplemente que me estaban informando mal desde sectores que yo creía que eran serios. Luego salen sectores que informan la verdad y uno rectifica entonces el pensamiento”.

Carlotto se retracta de lo que había dicho pero culpa a otros por lo que había dicho. Y habla de la necesidad de pedir perdón pero no siente necesidad de pedir perdón. Para los organismos de derechos humanos pedir perdón está poco menos que prohibido. Los que deben pedir perdón son los otros.

Mientras Carlotto se reunía en Roma con el Papa, en Buenos Aires moría la persona que había inspirado ese encuentro: Alicia Oliveira. Fue jueza a los 29 años, con Carmen Argibay como secretaria. Cesanteada por la dictadura, fue la abogada que más hábeas corpus presentó por los desaparecidos en los tribunales porteños y una de las fundadora del CELS.

Fue también la amiga más cercana de Francisco desde cuando era Jorge y la que con más fuerza lo defendió de las acusaciones de no haber protegido a dos curas jesuitas secuestrados por los militares.

A diferencia del periodista Horacio Verbitsky, presidente del CELS y de Carlotto, que reclamó a Francisco “un mea culpa por haber entregado a dos sacerdotes”, ella sostenía que Bergoglio se ocupó por dar con el paradero de los curas y que ayudó a escaparse a otros en la mira de la dictadura.

¿Cuáles son los sectores que Carlotto suponía serios y que la informaron mal sobre el Papa? Carlotto se cuidó de decirlo. Todos los caminos conducen a Verbitsky.

El milagro del Papa con Cristina y de Cristina con el Papa desconcierta a muchos y molesta también a muchos, que lo ven funcional al Gobierno. Y por lo que se ve, el del Papa con Carlotto es un milagro a medias o un milagro en desarrollo.
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