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Denuncian secuestro de chicos

Dos denuncias reavivan el mito de la trafic blanca y el secuestro de chicos.

“¡Por favor! Hagan circular esto, quisieron secuestrar a mi hijo de 14 años”, fue el mensaje que Zulma colgó de su perfil de Facebook y en menos de 4 días compartieron más de 2.000 santafesinos. Un mes antes, otra mamá recurrió a la policía por el mismo motivo.




Casualidad o no, los dos relatos tienen por epicentro las calles de los barrios Villa María Selva y Sargento Cabral.



La idea de que una trafic blanca sin patentes y con vidrios polarizados circula por las calles de la ciudad raptando chicos volvió a instalarse entre los santafesinos. La publicación de una madre contando lo ocurrido con su hijo de 14 años el 25 de julio último, se viralizó en la red social Facebook y fue compartido en apenas cuatro días por 2.161 contactos, que a su vez aportaron otras historias.

“¡Por favor! Hagan circular esto, quisieron secuestrar a mi hijo de 14 años. Una Trafic blanca sin patente y con un pequeño choque”, describió Zulma en el espacio virtual. Pero el grito de alerta no quedó ahí, sino que unos días más tarde, Matías y su papá Roberto radicaron una denuncia en el Ministerio Público de la Acusación.

“Él habló con la fiscal y le contó tal cual lo que pasó, claro, muchos detalles no tiene porque no tenía ni patente la trafic”, explicó esta mañana el papá.

“Es un poco loco”

El viernes 25 de julio, alrededor de las cinco de la tarde Matías caminaba por Llerena al 1800 cuando lo sorprendió una trafic “tipo furgón” de la que bajaron dos hombres que comenzaron a correrlo. El chico asegura que esquivó un par de manotazos y que fruto de la desesperación corrió varias cuadras hasta que llegó a la avenida General Paz, donde perdió de vista a sus perseguidores.

El dato estremecedor es que Matías asegura haber visto otros chicos de su edad con la cabeza gacha dentro del vehículo. Su madre lo reconoce, “esto es un poco loco; pero lo real es que hubo un intento concreto de secuestro”. Ella misma sabe que dar a publicidad este tipo de hechos no puede menos que despertar “miedo, terror e impotencia”, pero asegura que es preferible que “estemos alerta” y así prevenir a los chicos ante situaciones de peligro.

Un mes antes

Claro que el testimonio de Matías no es el único que da sustento a una historia que de manera cíclica se instala en los barrios de la ciudad con pocas chances para los investigadores de obtener resultados positivos o ser descubierta una red dedicada al delito.

Un mes atrás, otro muchacho de barrio María Selva atravesó una situación muy similar, aunque más grave, ya que según dijo, estuvo en poder de los raptores por algunos minutos. Su mamá Silvina denunció el hecho el 25 de junio, en esta oportunidad en la Seccional 5a. de Policía.

La víctima es un joven de 17 años y todo sucedió antes de las 8 de la mañana, cuando iba camino a la escuela. “Caminaba por J.M. Zuviría y en dirección a Aristóbulo del Valle cuando a dos o tres cuadras de casa una camioneta se le cruza y bajan dos personas que a los empujones lo metieron adentro”, recordó Silvina, que todavía tiene un nudo en la garganta cuando recuerda la trama.

Logró escapar

“No le sacaron ni le dijeron nada, sólo que se quedara callado y le pegaron como para que no hable”, continuó la mujer, que a más de un mes de ocurrido el hecho asegura que su hijo dice la verdad.

¿Cómo logró escapar? “En un momento ve que van a bajar y él los empuja y se tira” cuando circulaban por Facundo Zuviría. “Él cae a la vereda y como había gente lo dejaron ir. Después se levanta, había un matrimonio que pasó y le preguntó que le había pasado, y él se toma un taxi y se va a la escuela”, amplió la mujer.

Lo mismo que en el último caso, el muchacho “se acuerda de dos chicas que iban en la camioneta que no hablaron, no le dijeron nada”.

Los relatos son muy similares y lo primero que infunden en los padres es pánico.

Otros en cambio, incrédulos, prefieren no darle mayor trascendencia y evitar crear un trauma a sus hijos. Sin embargo, las dos denuncias fueron radicadas, lo mismo que la firmeza de los chicos en sostener las versiones, que llamativamente tienen lugar en un mismo barrio.
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