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Desert bus: El peor juego de la historia

Atento, ET, porque un nuevo competidor por el trono de peor juego de la historia ha aparecido en el horizonte. Su nombre, Desert Bus, y su premisa, posiblemente la más aburrida de la historia: conducir un autobús desde Tucson, en Arizona, hasta Las Vegas por el desierto en tiempo real. El trayecto, para los que os estéis preguntando las distancias, se completa en unas ocho horas.



Viajemos a 1995. En un momento en el que el juego independiente no existía tal y como lo conocemos ahora, cuando los estudios comenzaban a ganar cada vez más peso y las puertas se cerraban para los aventureros que querían programar en casa, dos conocidos cómicos e ilusionistas norteamericanos, Penn & Teller, decidieron que ellos también podían probar fortuna en el mundo del videojuego.

Y, qué narices, para romper moldes necesitaban dar la campanada con un título rompedor. Hemos hablado en IGN España de juegos como Cart Life o Papers, Please, títulos que hacen del día a día su eje central. Desert Bus es aún más extremo en su propuesta y te obliga a enfrentarte a una jornada de trabajo en tiempo real donde la monotonía es la única de tus mecánicas.

Todos conocéis las carreteras americanas que cruzan los desiertos del país. Esas interminables extensiones de asfalto en línea recta en las que no dormirse es un logro y donde cruzarse con otro coche puede ser todo un acontecimiento. Por si el viaje no fuera lo suficientemente monónoto, Penn & Teller incluyeron una puyita extra: el volante está ligeramente desviado hacia la derecha por lo que hay que estar constantemente en tensión. Durante ocho horazas.


link: https://www.youtube.com/watch?v=nBr7EhL6Jpg


Y, ojo, porque no está permitido pausar la partida. Para colmo, no hay pasajeros en el autobús, no hay tráfico y al acabar el viaje se consigue un punto. No nos queremos imaginar si existe, en algún lugar del mundo, una tabla con los mejores resultados pero una pieza en el New Yorker, donde ha aparecido una información interesantísima sobre el juego, tiene la cifra: la mejor marca del planeta asciende a la friolera de los cinco puntos.

La historia del juego tiene miga. Penn & Teller querían criticar la fiebre anti videojuegos que se instauró durante los noventa en la sociedad. Aquí en España no fuimos ajenos a la aparición esporádica de alguna noticia que aseguraba lo nocivo que era el entretenimiento interactivo. De hecho, el fiscal general de Estados Unidos de aquella época, Janet Reno, era un conocido adversario de la violencia explícita en pantalla.

Teller argumenta la creación del juego: "En los primeros noventa escribí un artículo en el New Tork Times donde cité todos los estudios que aseguraban que los videjuegos no suponían ningún problema para los niños. Y queríamos crear un entretenimiento que ayudara a reforzar esa idea. La ruta entre Las Vegas y Tucson es larga, aburrida y es un trabajo muy repetitivo. Ese era uno de los puntos más importantes, queríamos que fuera en tiempo real para que el fiscal general tuviera una buena prueba de lo que valioso que es un juego que refleja perfectamente la realidad". De hecho, en los créditos iniciales, el título se anunciaba como "estúpidamente real" y se hacía eco de una nueva era de "simuladores de la realidad".



El juego iba a aparecer en Mega CD e iba a estar enmarcado dentro de una compilación con más juegos llamada Penn & Teller's Smoke and Mirrors. De hecho, consiguieron un contrato con un editor, Absolute Entertainment, que se sacó de la manga un premio para aquel que fuera capaz de llegar a cien puntos: un viaje real de Tucson a Las Vegas en bus con un grupo de música y un puñado de chicas ligeras de ropa. Estamos hablando de que, en caso de conseguirlo, harían falta 800 horas de juego.

Pero cuando el juego se terminó, el Mega CD estaba muerto y enterrado. Posiblemente en algún lugar del desierto que atraviesa Desert Bus. Penn & Teller no fueron capaces de encontrar un editor interesado en su juego y, a pesar de que algunos periodistas recibieron copias del juego, el título nunca vio la luz del día. Hasta 2005.

Fue en aquel año cuando el creador de Lost Levels, Frank Cifaldi, recibió una copia de Smoke and Mirrors donde estaba el susodicho Desert Bus. Cifaldi se dedica a conservar algunos de los juegos más raros jamás creados, y un periodista que recibió una de esas copias se la mandó porque no sabía qué hacer con ella.
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