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Detención ilegal y golpes a testigos del caso Luciano Arruga

Detuvieron ilegalmente y golpearon a testigos del caso de Luciano Arruga
Publicado: septiembre 21, 2014 en Análisis político

Por Rosaura Barletta (@rotaura)

Dos testigos del caso Arruga fueron ilegalmente detenidos por el Comando de Patrullas Comunitarias de la Policía Bonaerense el último 15 de septiembre. Uno de ellos fue golpeado con tal brutalidad que los médicos tuvieron que aplicarle cuatro puntos para cerrarle la herida de la cabeza. Además, ese mismo pibe fue imputado en una causa armada caratulada como “Resistencia a la autoridad”. Luciano Arruga fue secuestrado por la misma policía el 31 de enero de 2009, y desde ese momento no se sabe nada de él.

Quiénes se los llevaron

Enmarcado en el decreto de emergencia en seguridad emitido por el gobernador Daniel Scioli hace pocos meses, el ministro de Seguridad de la Provincia, Alejandro Granados, lanzó a las calles al Comando de Patrullas Comunitarias (CPC): “No estará destinado a cuidar partidos, proteger oficinas ni traslado de detenidos. Será para cuidar al vecino y recorrer cada uno su respectiva cuadrícula”. El CPC no es una nueva fuerza, sino un nuevo sistema de patrullaje cuya prioridad es la prevención.

En el caso del 15 de septiembre, en el que efectivos bonaerenses del CPC detuvieron en un marco de absoluta ilegalidad a tres jóvenes de la villa 12 de Octubre, es curioso no encontrar bajo ningún punto de vista el hecho que intentaron prevenir. Pero identificar a este grupo de policías con el Comando de Patrullas Comunitarias es, cuanto menos, generoso. Lo es si comprendemos que tienen una procedencia bastante más oscura: los que detuvieron a los dos testigos del caso Arruga y a su amigo son policías del mismo destacamento que desapareció a Luciano hace casi seis años.

Qué pasó

Fue aproximadamente a las 20:30 del lunes 15 de septiembre. Tres pibes del barrio 12 de Octubre en Lomas del Mirador, La Matanza, estaban sentados en la puerta de la casa de uno de ellos. Dos del grupo declararon en varias oportunidades en la causa por la desaparición de Luciano Arruga, puesto que eran sus amigos. Sin motivo aparente –el barrio estaba tranquilo—, frenaron varios patrulleros en el lugar de los que bajaron efectivos del CPC, que a su vez son de la Bonaerense y del destacamento de Lomas del Mirador.

De inmediato siguieron a la perfección todos los pasos requeridos para actuar con la famosa “razia” de la dictadura. Levantaron a los tres pibes y los pusieron a las piñas contra la pared. Les pegaron en las piernas para que las abrieran y uno de ellos –que era testigo– entendió que esa situación era, como mínimo, autoritaria. Por eso intentó defenderse pero la respuesta fueron golpes en la espalda. Con el destino de Luciano a cuestas y años de ser el objetivo predilecto de la policía para las humillaciones y torturas, el pibe entró a su casa muerto de miedo. Los efectivos siguieron con la prevención: entraron detrás de él y le abrieron la cabeza a golpes. Luego, llevaron a los tres a la Clínica del Buen Pastor a pocas cuadras. En la parada del colectivo levantaron a otro pibe cuya función iba a ser oficiar de testigo del episodio en el que nunca estuvo; es la causa que después el fiscal Quiroga llamaría “Resistencia a la autoridad”. En el Buen Pastor se atendió el que tenía la cabeza abierta pero no pudieron suturarle la herida provocada en el marco del operativo de prevención, por lo que fue trasladado al Policlínico de San Justo donde le aplicaron cuatro puntos.

El pibe que levantaron en la parada y tuvo que hacer de cuenta que vio cómo la víctima con la cabeza abierta se resistió a la autoridad, fue llevado a declarar al destacamento de Lomas del Mirador. El joven al que cosieron con cuatro puntos también fue llevado al destacamento, pero antes de entrar lo trasladaron a la Comisaría Octava donde ya se encontraban los otros dos detenidos. Para ese momento, la familia y los amigos de Luciano Arruga ya se habían enterado de que un testigo de la causa faltaba de su casa y Pablo Pimentel –APDH La Matanza— había llegado a la Octava y exigía que se presentara un fiscal. Ahí entró en escena Fernando Quiroga de la UFI 9 de La Matanza, que dejó en libertad a dos de los detenidos e imputó por Resistencia a la autoridad al que había sido víctima de la golpiza feroz.

A eso de las doce de la noche llegaron los familiares de Luciano junto a su abogado Juan Manuel Combi y lograron, media hora después, que se libere al último detenido pero no que anularan la causa penal que le abrieron –además de la cabeza— con el testigo falso y un montaje-farsa garantizado por el fiscal Quiroga. Combi lo explicó en una sola frase: “La herida que tiene no pudo ser nunca producto de una resistencia”.

En dos oportunidades se mencionó el nombre de Luciano. Cuando el joven —“resistiéndose a la autoridad”— entró en su casa para evitar la detención y fue seguido por los policías previsores, atinó a informarles que era amigo de él. “¿Qué Luciano?, ¿qué me importa?”, fue la respuesta. Después, sin embargo, en la 8va, hicieron una referencia: “Cómo chapean con Luciano Arruga…”.

A dónde los llevaron

El destacamento de Lomas del Mirador fue creado en 2007 por un pedido de seguridad de un grupo de vecinos. En 2008 ya regenteaba bandas de pibes que salían a robar en zonas liberadas y, en 2009, su policía secuestró, torturó y desapareció a Luciano Arruga. El destacamento fue el último lugar donde se lo vio con vida. Después de la desaparición, la dependencia siguió funcionando durante tres años en la misma casa -que no tenía instalaciones para detener personas-, en Indart y San Martín. En diciembre de 2011, el destacamento fue trasladado a un tráiler en un descampado del barrio, el Monte Dorrego, donde se encuentra actualmente. En ese lugar, en 2009, los perros del primer peritaje habían reaccionado de forma positiva ante el ADN de Luciano.

La Comisaría Octava de Tapalqué y Quintana fue y es responsable del destacamento. Es conocida por haber sido en la última dictadura un Centro Clandestino de Detención y Tortura perteneciente al Circuito Camps. Su nombre de pila era “El Sheraton” o “Embudo”. También hubo dos episodios en los últimos años que le dieron renombre. En octubre de 2009, a nueve meses de la desaparición de Luciano, un “operativo antinarco” de los que salen en la tele fue llevado a cabo en la villa Santos Vega, Lomas del Mirador. Todos los detenidos, decenas, entre ellos niños, terminaron en la Octava. Todo el barrio denunció que fue una fantochada para las cámaras que se dio en la ilegalidad absoluta y hasta que se plantó droga en varias casas. Dos meses después, en diciembre, un misterioso incendio que la policía reportó como motín se llevó la vida de cuatro presos. El dato de color de ese episodio es que los detenidos eran 18 en un lugar que tenía capacidad para nueve.

Las amenazas de la causa Arruga

El primer episodio que la familia de Luciano recuerda como un “incentivo” a no denunciar más fue en la semana del 31 de enero: Vanesa, hermana, fue en reiteradas oportunidades al destacamento a exigir que le informaran el paradero del joven. En una de esas tantas, se acercó con su amiga e increpó a uno de los policías. Los tres se sentaron en el escritorio y el policía puso un arma arriba de la mesa. Durante los primeros meses, fue costumbre que patrulleros se detuvieran en la casa de Mónica, mamá de Luciano, y a cualquier hora y sin ningún reparo prendieran la sirenas o las luces.

En esa época funcionó la Coordinadora por la Aparición con Vida de Luciano Arruga. Muchas organizaciones de izquierda ponían en marcha todas las actividades. Varios integrantes de la coordinadora manifestaron en muchas oportunidades haber sentido que los seguían autos de civil cuando iban o volvían de las reuniones. En una ocasión, mientras un militante recibía un llamado a su celular en el que se escuchó la marcha fúnebre, otra militante recibía un llamado en el que le pasaron una grabación de Vanesa hablando.

A los seis meses de la desaparición se hizo un festival en San Martín y Mosconi, Lomas del Mirador. Al finalizar, los integrantes de la coordinadora se quedaron levantando la estructura. Ya de madrugada los fotografiaron desde un patrullero. Lo mismo pasó a los ocho meses en una marcha a la Comisaría Octava: los filmaron desde adentro. Eso volvió a ocurrir en decenas de marchas y concentraciones.

Una amiga de toda la vida de Vanesa fue secuestrada en una oportunidad y llevada a una comisaría en la jurisdicción contigua a Lomas del Mirador. Ahí fue golpeada y abusada brutalmente. Ella y su hermano, algunos años después, recibieron en su casa a dos policías que bajaron de un patrullero a recomendarles que se fueran por un tiempo porque iban a terminar muertos. Uno de esos policías está dentro de los ocho que estuvieron de turno en el destacamento de Lomas del Mirador la noche en que desapareció Luciano.

A fines de 2011, el hermano de Luciano, Mario, de entonces 16 años, fue seguido en la calle por un auto de civil del que bajaron un policía de civil y uno uniformado, ambos sin identificación, y lo increparon y le pegaron contra la pared. Mónica vive en su casa con Mario y Mauro, hermano menor. En una oportunidad los chicos se despertaron en una humareda que tardaron varios minutos en entender: alguien había metido por la ventana una madera en brasa y la había colocado cuidadosamente en el medio de una pila de frazadas. Los quisieron matar. Poco después, un integrante del grupo de Familiares y amigos de Luciano repartía unos cuadernos por el barrio cuando fue interceptado por dos policías que intentaron detenerlo forzadamente y ante su negativa uno cargó el arma. Se fueron sin más cuando llegó Mónica y amenazó con llamar a su abogado.

Son incontables las veces que la familia y amigos de Luciano fueron seguidos por autos de civil, patrulleros, que recibieron llamados sospechosos, timbrazos, piedrazos en las ventanas, amenazas por escrito por debajo de la puerta, se sintieron vigilados por personajes nunca vistos en el barrio que se paraban en una esquina durante horas, etc. Una de las amenazas más “livianas” pero más estremecedoras fue sufrida por Mónica. Ella la relata así: “Salí de casa a hacer las compras y cuando estaba cruzando la calle, dobla y frena muy fuerte un auto todo negro y con vidrios polarizados. Yo me quedé helada, y contra mi voluntad traté de convencerme de que me iba a preguntar por una calle. Bajó apenas la ventanilla, me acuerdo como si fuera hoy, me acerco y el tipo pregunta: ‘¿Tu hija está bien?’”.

El Estado

Cualquier amenaza recibida en el marco de denuncias por delitos de lesa humanidad es perpetrada por el Estado. Porque lo delitos de lesa humanidad son perpetrados por el Estado. Todas estas amenazas que quieren hacernos creer que no tienen una línea directa con la intencionalidad de la clase política, vienen directamente desde el poder político: basta observar las actividades realizadas por Familiares y amigos de Luciano Arruga y acompañadas por decenas de organizaciones y partidos que fueron registradas y documentadas en los archivos del Proyecto X.

De todos los funcionarios con los que la familia Arruga pudo reunirse en estos casi seis años, no hubo uno que se comprometiera de manifiesto a garantizar su seguridad y la de los testigos ¿No pueden? La respuesta es sí, pueden. No quieren. Deben favores. Les conviene que amenacen. ¿De qué otra forma podría el gobierno contener la beligerancia de tantas denuncias de esta envergadura si no fuera poniendo a disposición del aparato represivo todas las herramientas de impunidad que le dan vía libre para sostener a una familia permanentemente asustada? No hay. No existe en el mundo un recurso más efectivo para silenciar denuncias contra el Estado que la imposición del terror del propio Estado en todas formas, en todos sus órdenes y en todas las instancias.

La familia de Luciano, como tantas otras familias y organizaciones que entendieron que la manera de seguir era subvertir el orden de cosas y entregarse por completo a la lucha indetenible, aprendió a vivir con miedo sin dejar de denunciar al Estado y a cada gobierno.
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