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Día de la Bandera

AY PATRIA MÍA!


20 de junio de 1820. En una casona de San Telmo, agoniza el General Manuel del Corazón de Jesús Belgrano. Don Manuel, rico antes de 10 años de servicios a la nueva república del Plata, que aún no se llamaba Argentina, era tan pobre que no tenía con que pagarle a su médico y su hermano Domingo debió usar la cubierta de mármol de un antiguo mueble como tapa de su ataúd. En un acto de rebeldía contra el poder político, creo la bandera que nos identifica, que nos acompaña desde hace 199 años. En otro acto de rebeldía, salvo el norte, ganando las batallas de Salta y Tucumán. Era abogado y economista, pero no dudo en tomar un sable y subirse a un caballo para defender su patria, nuestra patria. Coraje y honestidad. Eso es lo que significa la celeste y blanca, por su creador.


20 de junio de 1982. Hace varios días que “Pedro” descansa en el frió de Puerto Argentino una semana después de ganar su propia batalla por la patria. Una semana atrás, se enfrento casi solo a una sección del Segundo Batallón de Guardias Escoceses. “Pedro” desobedeció la orden de retirada de sus superiores. No había llegado a Malvinas para rendirse. El 13 de junio, beso el pañuelo celeste y blanco que le había dado su madre antes de partir, y se lo ato al cuello. Un soldado ingles, en un acentuado castellano, lo conmino a rendirse. “Pedro” apretó el pañuelo contra su pecho y grito “acá no se rinde nadie, carajo!” Saltaba de trinchera en trinchera. Se escondía. Salia por atrás. Los ingleses lo confundieron con diez soldados criollos. Pero era uno solo. No se supo cuantas bajas causó al enemigo antes de caer. Su cuerpo fue encontrado en enero de 1983. Sin chapas, los ingleses se negaron a enterrar a un valiente sin nombre, y lo bautizaron “Pedro”. Fue enterrado en Darwin, con honores militares, y su cuerpo aun abrazado por ese pañuelo bandera, la de 1812, que tanta fuerza le dio en su sacrificio.

20 de junio de 2011. Un día lluvioso y frío en Buenos Aires. Los diarios reflejan una triste realidad. Desde el poder político se despilfarran millones bajo falsas banderas. Los negociados de Ricardo Jaime, el bochorno del INADI, sindicalistas millonarios, 350.000.000 de dólares públicos rifados en turbios proyectos de la sociedad Shocklender-Bonafini, villas miserias crecientes, delincuencia descontrolada, votos comprados con cuotas o planes sociales.

Nunca más presentes las últimas palabras del gran Manuel, ese 20 de junio de 1820 en una casona de San Telmo: “YO ESPERO QUE LOS BUENOS CIUDADANOS DE ESTA TIERRA TRABAJARAN PARA REMEDIAR SUS DESGRACIAS. AY PATRIA MIA.”



EDITORIAL Fernando Gámiz / DIRECCIÓN EXTRA DIGITAL.

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