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Digno de leer!!La rebelion: Atletas que desafiaron el poder.

La rebelión: los atletas que desafiaron al poder


Expresaron sus ideas en momentos y lugares que no eran los políticamente correctos. Pero lo hicieron con el respaldo de sus convicciones.


MEXICO 68. Peter Norman, Tommie Smith y John Carlos. Imagen eterna.
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El miedo le helaba la sangre a ese hombre que rezaba sin parar. Tenía miedo a morir. A que le hiciesen pagar el costo de su osadía. Pero sus ideales fueron más fuertes que el temor. Y así, descalzo, con la cabeza gacha y el puño derecho apretado, enfundado en un guante negro y en lo más alto del cielo, Tommie Smith protagonizaba la imagen más digna del deporte mundial: reclamaba, en forma pacífica y desde el lugar de mayor privilegio del podio de los 200 metros de los Juegos Olímpicos de México 1968, por la igualdad y los derechos de la raza negra en Estados Unidos. No estuvo solo aquel 17 de octubre. A su izquierda, John Carlos, tercero en la prueba, lo igualaba en gestos y convicciones y alzaba su puño izquierdo mientras el himno estadounidense sonaba en sus corazones y en los oídos de millones de personas. El Blackpower (Poder negro) le hacía saber al mundo que la libertad de la que hablaba la canción patria no los incluía a ellos.

Alguien más se unió a esa protesta. El australiano Peter Norman, ganador de la medalla de plata y de raza blanca, subió al podio con la insignia del "Proyecto Olímpico para los Derechos Humanos" en el pecho, campaña ideada para trasladar la lucha de los negros al ámbito deportivo.

El Comité Olímpico Internacional no toleró el gesto y expulsó a Smith y a Carlos de los Juegos, mientras en su país sus familias eran amenazadas. Tras la exclusión, Smith dejó una frase para el recuerdo: "La dignidad de los negros vale más que ganar una medalla de oro para los Estados Unidos". Había ganado la prueba con 19s83, récord mundial que ostentaría por 11 años.

El 9 de octubre del año pasado, también con la cabeza gacha, los ex atletas portaron el féretro de Norman en Williamstown, cerca de Melbourne, fallecido de un infarto a los 64 años. "Peter es mi hermano. Siempre recordaré cuando dijo que se sentía orgulloso de representar a la raza humana", dijo Carlos ese día.

Aquel 17 de octubre de 1968, Smith y Carlos ganaron la carrera más importante de sus vidas. No tuvieron que correr para ello. Sí superar el miedo y gritarle en silencio al planeta que si la dignidad humana cabe en un puño, entonces todo es posible.

El hombre que le ganó al horror.

Cuando en 1933 el Partido Nacional Socialista asumió el poder en Alemania, Adolf Hitler supo que tendría incontables oportunidades de probar ante el mundo la superioridad de la raza aria, pero ninguna tan significativa como los Juegos Olímpicos de Berlín 1936. La propaganda nazi diseminaba la nación anunciando de manera rutilante la supremacía que sus atletas harían notoria.

Tarde del 4 de agosto. Jesse Owens ya había ganado los 100 metros igualando el récord olímpico y participaba del salto en largo. Jesse estaba a un intento de quedar eliminado cuando el alemán Lutz Long le aconsejó modificar el punto de partida de su carrera. Owens le hizo caso y se clasificó. En la final, ambos igualaban con 7,87 metros. Y cuando Jesse logró los 7,84, Hitler se retiró del estadio. Luego saltaría 8,06 metros para marcar un nuevo récord olímpico. El primero en felicitarlo fue el propio Long, con quien mantuvo una sincera amistad. El gran rival de Owens, miembro del Ejército alemán, moriría en 1943 en la Segunda Guerra Mundial.



SIMBOLOS. Jesse Owens en lo alto del podio en los juegos de 1936, en plena Alemania nazi, entre Naoto Tajima y Lutz Long. Toda una postal, como Muhammad Ali.




Al día siguiente, Hitler ni siquiera estuvo en el estadio para observar la victoria de Owens, récord mundial incluido, en los 200 metros. Pero el justiciero de Alabama aún guardaba una sorpresa para el régimen nazi. Marty Glickman y Sam Stoller habían sido separados de los Juegos por ser judíos y Owens fue uno de los reemplazantes en la posta 4x100. Y envió un último mensaje en nombre de la igualdad: Estados Unidos bajó el récord mundial y Jesse consiguió su cuarta medalla dorada.

El "asistente africano de los americanos", como lo había llamado Hitler, fue la estrella de los Juegos del nazismo, algo que ni el genocidio ni el odio racial pudieron evitar. Tampoco, que desde 1984, una de las calles lindantes al Estadio Olímpico de Berlín, lleve el nombre de Jesse Owens.

Corazón de campeón

Cuenta la leyenda que luego de consagrarse campeón olímpico de peso semicompleto en Roma 1960, Cassius Clay fue a un restaurant en su Lousville natal y no quisieron atenderlo por ser negro. Inundado de bronca y de dolor, el boxeador se dirigió al Río de Ohio y arrojó la medalla.

También se dice que esa situación lo marcó a fuego y a partir de entonces, Clay se comprometió a luchar no sólo arriba del cuadrilátero... Ya era Muhammad Alí —en 1964 cambió su nombre de esclavo y se convirtió al islamismo— y ya era campeón de peso completo cuando en 1967 se negó a unirse al Ejército estadounidense para combatir en al Guerra de Vietnam. Por su postura fue despojado de su título, le revocaron su licencia boxística, recibió una multa de 10 mil dólares y fue condenado a 5 años de prisión. Nunca estuvo preso, pero su lucha contra la Justicia y su posterior absolución le costaron tres años y medio de inactividad, que pudieron ser los mejores de su carrera.

Luego volvería a coronarse Rey de los pesados, cuando su perfil humano era de una enormidad que el inconsciente colectivo lo reconocía más por su calidad como persona que por haber sido el mejor boxeador de la historia.

Carlos Arasaki
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