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docentes y padres luchan para recuperar una escuela en Tigre

docentes y padres luchan para recuperar una escuela en Tigre

Unidos: docentes y padres luchan para recuperar una escuela en Tigre

Desde el freno de la construcción del nuevo edificio, en noviembre pasado, los alumnos conviven con ratas, inundaciones y techos rajados; la provincia promete retomar la obra



La agonía de la directora de la Escuela Primaria N° 15 de Tigre, Claudia Quinteros, duró 359 días. Encontró lauchas y reclamó que desratizaran. Hubo descargas de electricidad en varias paredes y pidió urgente un electricista. Cuando sentía que había mucha humedad ventilaba las aulas. Si no funcionaban las estufas, exigía que los alumnos entraran después de las 9. Con velas iluminó pasillos y salones cada vez que se quedaron sin luz. Como los baños no alcanzaban, instaló 10 químicos en el patio. Cuando se acumulaba agua, pasaba el secador de piso. Algunas semanas, alternaban clases tres días la primaria y dos la Escuela Secundaria N°14 que funciona en el mismo edificio. Pero el 30 pasado, Quinteros respiró hondo y enfrentó a los padres para decirles que la escuela cerraba, que no iba a haber más clases hasta que se solucionaran los problemas. Algunos la insultaron. Dio vuelta la cara, caminó hasta la dirección y se desplomó en su escritorio. Hacía varios días que no dormía y la costaba comer. Lloró. Le empapó el hombro a otra docente.

Ese día, Juan Ramón Benítez caminó hasta la esquina de Larralde y Santa María de Oro, en Tigre. Llevaba de la mano a Juan, de 11 años, y a Carolina, de 13, dos de los 736 alumnos que suman la primaria y la secundaria, ubicadas a apenas tres cuadras del Acceso Tigre. Cuando llegó a la puerta, la reja estaba cerrada y Quinteros les avisaba que no habría clases hasta que no arreglaran la escuela y comenzaran la construcción del nuevo edificio. Entonces, Benítez la insultó: le dijo que era una vaga. Después ayudó a improvisar una asamblea y un par de horas más tarde tomó una decisión: acamparía en la vereda de la escuela hasta que viera obreros que trabajaran en el nuevo edificio. Pasó dos noches húmedas y con temperaturas que alcanzaron los siete grados.


Cuando Benítez insultaba a Quinteros, la docente Mariela Boccassi no lo podía creer. Se preguntaba por qué ninguno de los dos se daba cuenta de que querían lo mismo: una escuela digna. A Quinteros la vio llorar sin parar desde el mediodía hasta pasadas las 15. Y a Benítez, cómo vestía con un guardapolvo a un improvisado maniquí hecho con dos ramas. Él ya había colgado una bandera argentina con una inscripción: "Auxilio". Estaba puesta intencionalmente al pie del cartel, firmado por el gobierno de la provincia de Buenos Aires, que anunciaba el comienzo de una obra de la que apenas se completó una demolición y que se estimó en 22 millones de pesos. La iniciativa comenzó en julio del año pasado, cuando los obreros de Hogar Construcciones demolieron el sector del edificio donde funcionaba la escuela secundaria. Entonces, los 236 alumnos debieron apretujarse en aulas del edificio de la escuela primaria. Pero la Provincia dejó de pagarle a la empresa y los trabajos se pararon. Lo que iba a ser el nuevo edificio quedó reducido literalmente a una pila de escombros que, ahora, es un punto de reunión de lauchas.

La construcción que quedó en pie es la de la escuela primaria. No es necesario que vengan obreros para demolerla. Se viene abajo sola: las paredes se descascaran, el cielorraso tiene fisuras y en casi todas las aulas se llueve. Alfredo Cáceres, secretario general del gremio docente Suteba en Tigre, ya le había advertido a la Unidad Coordinadora Provincia de la Dirección General de Cultura y Educación bonaerense que el edificio se encontraba en un estado de abandono peligroso.

El 22 pasado fue a La Plata para exponer la situación. Y el 30, cuando la escuela cerró, se convirtió sin proponérselo en el mediador que los docentes y directivos necesitaban para unir esfuerzos con los padres. Puso a Quinteros y a Benítez cara a cara. Y al rato estaban codo a codo.

Las dos noches que Benítez durmió en la carpa comió un guiso, que le preparó María Esther Vulcano, la portera del colegio. Ella, que trabaja allí hace 19 años, vive enfrente. Está segura de que nunca vio la escuela tan fea, descuidada y ruinosa.

En la primaria, comen o meriendan todos los chicos, que viven en barrios vulnerables como San José, Los Tábanos, Sagrada Familia y El Detalle.
El compromiso

Con los chicos sin clase, un padre acampando en la vereda y una comunidad educativa que el viernes pasado cortó la calle para reclamar soluciones, el lunes un arquitecto de la Unidad Coordinadora Provincial apareció en la escuela. Ese mismo día firmó un acta de compromiso para reanudar la obra del nuevo edificio, que tendrá seis aulas para la primaria y seis para la secundaria, y que terminarían de construir en un año. Al día siguiente, una cuadrilla de cuatro obreros de la Municipalidad de Tigre empezó a hacer mejoras en el edificio viejo, como para poder reanudar las clases lo antes posible. El miércoles, otro arquitecto, pero de Hogar Construcciones, fue a inspeccionar el lugar de la obra. También llegó un camión con comida para distribuir entre los familiares de los alumnos que todavía no pueden mandar a sus hijos a la escuela. Anteayer, Benítez levantó la carpa. Pero avisó que si los trabajos se frenan, volverá a instalarla. Su trabajo se lo permite: vive de changas de herrería y pintura.

Quinteros acordó con los docentes un plan de contingencia: entregaron a los estudiantes tarea para el hogar. Pero el daño ya empieza a notarse. De los 16 estudiantes que cursan quinto grado solo cinco fueron a buscar la tarea.

Cuando los problemas en el edificio desencadenaron el cierre de la escuela y el acampe, la Dirección General de Cultura y Educación de la provincia entendió que el problema era serio. Oficialmente, desde la dirección que conduce Alejandro Finocchiaro, explicaron que la construcción de la nueva escuela fue paralizada "en noviembre de 2015" y que "el 5 de julio ha sido retomada". Argumentaron que "hubo modificaciones en el proyecto inicial, que no contemplaba la nueva edificación de la primaria 25, viéndose en primera instancia paralizadas las obras". Además, aseguraron que un supervisor de la Unidad Ejecutora Provincial "le informó a la comunidad educativa que se está cerrando un acuerdo con la empresa constructora por la actualización de precios", ya que "es una obra que se había iniciado en 2015", a la que "se le dejó de abonar certificados de obra" y en consecuencia se paralizaron las obras. Pero aclararon que debido a que la obra es financiada por el Estado nacional "se está a la espera de una contestación de Nación al acta acuerdo que se consensuó con la empresa". Y prometen que "una vez obtenida la conformidad de la Dirección de Infraestructura del Ministerio de Educación del acta acuerdo, se estima el plazo de obra en aproximadamente 360 días".

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