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Dólar de $15,5/$16,5 para diciembre, e inflación 2014 en 40%

La soberbia de Axel Kicillof, apenas un poco menor a la de Cristina Fernández de Kirchner, le impide reflexionar acerca de que ninguna de las medidas que ensayó desde que él es ministro de Economía, alcanzó un éxito relativo, tan siquiera. Kicillof avanza hacia nuevos fracasos, arrastrando a la sociedad argentina en su conjunto, pero en especial a los más pobres. En todo período de intensa conflictividad social, consecuencia de una complicación de la economía, la institucionalidad cruje porque la democracia argentina aún vive una transición complicada, que la sociedad no consigue resolver por muchos motivos pero uno de ellos es la precariedad de sus líderes políticos, empresariales, sociales y también mediáticos. Por lo tanto, el fracaso de Kicillof ubica a la Administración Cristina en zona de riesgo sistémico, que no se corrige amenazando con la aplicación de una Ley Antiterrorista. Si no lo comprenden los gobernantes, no pueden esperarse rectificaciones. La consultora Economía & Regiones preparó un interesante trabajo sobre el camino equivocado que transita Kicillof






Las medidas económicas anunciadas fueron diseñadas partiendo de un diagnóstico errado de los orígenes de los problemas económicos argentinos, y consecuentemente no los solucionarán, ni lograrán reactivar el consumo, la inversión, el empleo y el nivel de actividad.

El gobierno piensa que los problemas tienen origen en una demanda agregada insuficiente que conduce a la contracción del PBI y al debilitamiento del empleo. Las autoridades continúan aumentando el gasto público para contrarrestar el bajo consumo e inversión y apuntalar la demanda agregada y el empleo.

¿Por qué el gobierno piensa que la suba del gasto público aumentará el nivel de actividad y el empleo?

Este gobierno cree férreamente en 3 pilares:

> en que el consumo depende positivamente del ingreso corriente,

> en el multiplicador keynesiano del gasto, y

> en el acelerador de la inversión.

Según esta visión un determinado aumento del gasto público genera una expansión mayor del nivel de ingreso corriente de la economía, lo cual a su vez incentiva el consumo y la demanda agregada. Es decir, la expansión del gasto público es la piedra fundamental de un círculo virtuoso entre gasto público, ingreso, consumo y más ingreso y finalmente, más inversión.



El gobierno completa su visión con el acelerador de la inversión. Según esta visión, la inversión no antecede al crecimiento, sino que va por detrás de él. Es decir, según esta óptica el crecimiento impulsado por la expansión del gasto público genera posibilidades de negocios con rentabilidades jugosas que terminan “acelerando” la inversión.

Es decir, el mayor ingreso y consumo impulsado por la expansión del gasto público actúan como una zanahoria para el empresario invierta para no perderse las mayores posibilidades de negocios surgidas a partir de ese impulso.

Sin embargo, la realidad contradice a esta visión. Las políticas activas de expansión del gasto y del déficit fiscal logran resultados exactamente opuestos a los buscados; dado que al aumentar el gasto y el déficit fiscal se mata al crecimiento económico.

El gobierno aumentó el gasto público nacional en forma exponencial durante los 2 mandatos de la presidente Cristina Fernández de Kirchner, pasando del 26% (2008) al 33% (2014) del PBI en 7 años. Paralelamente, en el mismo período se pasó de un superávit fiscal de 0.9% (2008) del PBI a un déficit de 5.3% del PBI.

De hecho, la política de expansión exponencial del gasto público y del déficit fiscal logró que Argentina tuviera la peor tasa de crecimiento de la región durante los últimos 7 años.

Puntualmente, durante ese período la tasa de crecimiento promedio de Argentina fue menos de la mitad de las que se registraron en Perú (6.2%); Paraguay (5.2%); Bolivia (5.1%) y Uruguay (5.1%).

Al mismo tiempo, fue casi la mitad de las que tuvieron Colombia (4.1%) y Chile (3.9%).

También más baja que la de Brasil (2.9%).

En este contexto, la tasa de crecimiento promedio de Argentina (2.2%) en 2008 / 2014 sólo supera a la de Venezuela (1.6%) en la región.

El problema es que una tasa promedio de crecimiento de 2.2% (2008 /2014) no alcanza para crear el empleo privado necesario para absorber todos los años la masa de nuevos trabajadores que buscan incorporarse al mercado de trabajo.

De hecho, desde 2009 a la fecha, Argentina fue el único país de la región en el cual no bajó la tasa de desempleo.

En síntesis, la evidencia empírica y los números de los últimos 7 años muestran en forma contundente que la política fiscal expansiva y de déficit fiscal creciente no sirve para impulsar y multiplicar el crecimiento económico y generar empleo. La teoría del multiplicador del gasto no se verifica positivamente en la realidad económica. Muy por el contrario, mantener el aumento exponencial del gasto durante muchos años termina reduciendo y matando el crecimiento económico.

La evidencia empírica también refuta al acelerador de la inversión, que no aumentó durante el período 2008 / 2014. Es decir, el aumento del gasto no sólo no sirvió para expandir el consumo y el nivel de actividad, sino que tampoco terminó acelerando la inversión.
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