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Duro ataque de periodista a Clarín y a Lanata

Nota en primera persona: “Mentime que me gusta”



En el año 2003 yo lo voté a Néstor, pero no fue un voto convencido. Fue un voto, digamos que porque no había otra. Era él o el Turco, y Dios me libre y me guarde de volver a votar a un radical en toda mi perra vida. La dos únicas veces que lo hice fue a de la Rúa y a Cobos porque iba con Cristina, y todavía me duele en la conciencia el haberlo hecho. Durante todo el gobierno de Néstor hubo cosas que me gustaron y otras no tanto. La primera que me gustó, fue sacarse al Fondo de encima, apareció una lucecita que me dijo: "la pucha!! Estos van en serio?". Y el Flaco bajó los cuadros (todavía me acuerdo y lloro), y mandó el ALCA al carajo y así fue transcurriendo el tiempo, juntando alegrías y esperanzas, hasta que llegó Cristina al gobierno y con ella, el famoso tema del "campo". Eso fue lo que me convirtió en decididamente kirshnerista. Las discusiones en mi casa por esa época eran apoteóticas, terminaban invariablemente a los gritos. Me acuerdo y me mato de la risa. En casa siempre se habló de política, con dos padres y abuelos militantes, mis pobres hijos no tuvieron más remedio que aguantarnos. Pero a partir de esa Semana Santa del 2008 fue el acabose. En realidad el lio lo armaba yo, siempre, porque empecé a prestarle atención en serio a la actuación de los medios de comunicación y reconocía mucho de lo que había estudiado en mi carrera de Periodismo. Era, y es, casi de libro. Cualquiera de mis colegas que haya pasado por una facultad y leído la “Construcción de la Noticia” o sobre el concepto de gatekeeper de Kurt Lewin, lo sabe. Lo que hacen los medios, y fundamentalmente, los del Grupo Clarín responde, casi como de manual a estos conceptos. Y entonces la cosa no era el precio de la soja o las retenciones… se evidenció decididamente el comienzo de la pelea por el poder, el enfrentamiento que este gobierno se planteo en contra de las corporaciones que dominan (todavía) a este país y gran parte de nuestra vida. Pero la “gente común”; “Doña Rosa” (si hay concepto que me asquea por la desvalorización que implica, es éste), no lo sabe. Las personas que ven, escuchan o leen determinado medio lo hacen porque los representa, es más, decididamente le creen a Clarín y a sus patrañas y a las notas armadas por TN y por el mercenario de Lanata. Aceptar toda la carne podrida que les venden es casi como decir “mentime que me gusta”, o lo que es peor, “no me importa, mi vida va por otro lado”.
Ahora, hay mucha otra “gente” que sabe perfectamente por dónde pasa la cosa y toman una posición deliberada a favor de esas corporaciones porque defiende sus propios intereses. Es una posición ideológica, no es inocente. La defensa de la “institucionalidad” de la que hacen alarde cuando están a favor de jueces corruptos y parciales es la construcción de un discurso de quien quiere seguir dominando y que además, no está dispuesto a ceder ni un ápice de su espacio de poder, aunque para eso tenga que incendiar el país.
La prórroga dispuesta a la cautelar que frena la aplicación plena de la Ley de Medios por parte de la Sala I de la Cámara Federal de Apelaciones en lo Civil y Comercial, responde a esos intereses de esas corporaciones. Acá no se trata de “cuidar” la democracia o de defender las instituciones atacadas por un gobierno dictatorial y corrupto. En realidad les importaría tres pitos (perdón), si la verdad fuera esa, es más si fuese la mismísima dictadura sangrienta que nos gobernó en desde el 76 al 83, les seguiría importando tres pitos. El problema fundamental es que este gobierno se enfrenta al campo, a la burocracia sindical, a los grandes grupos económicos, a los medios, a la iglesia, y van por una larga lista de etcéteras que parece no tener fin, lo cual me alegra muchísimo, pero a ellos no.
En medio de todo esto, estamos nosotros: Los Periodistas. Nosotros, que nunca le decimos a la gente que nuestro trabajo no es impoluto y sin mácula, porque en realidad, si hace falta, nos arrastramos en el barro y otras cosas peores, tomamos posición y tenemos ideología (humanos al fin), y defendemos intereses (de un lado y del otro) y, fundamentalmente producimos, hacemos circular y publicamos para su consumo, la información que se nos da la realísima gana, o lo que es peor (y tampoco lo decimos) lo que el tipo para el cual trabajamos quiere que publiquemos.
Estoy harta, me tienen harta (por eso la nota en primera persona) los colegas que se rasgan las vestiduras en nombre de una libertad de prensa que sólo existe para quienes piensan como ellos o como quien les paga. Y más harta y asqueada me tienen aún, los representantes de la oposición y su cara indignada desfilando por cuanto canal de televisión quiera ponerlos al aire diciendo las mentiras y las idioteces que dicen (lo del troskismo argentino apoyando a Moyano y defendiendo a quienes pagan impuesto a los bienes personales es lo más¡¡).
Todo lo que escuché estos días actuó en mí de la misma manera que la ya célebre pelea del “campo”, me reforzó en la idea de que si “el gran diario argentino”, lo que representa y sus acólitos están de un lado, yo estoy decididamente en frente y dispuesta a dar pelea (por suerte esta vez no con mi familia, que todos estamos de acuerdo), porque evidentemente, no me gusta que me mientan.
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