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Egipto: Cadena Perpetua por Abuso Sexual

La corte criminal de El Cairo ha aplicado todo el peso de la ley contra dos ciudadanos egipcios, quienes han sido condenados a pasar el resto de sus días en la cárcel por agredir sexualmente a varias mujeres en la mítica plaza de Tahrir. Un tercer procesado ha recibido una sentencia de 20 años de prisión por similares cargos.



Los tres acusados fueron detenidos el pasado mes de junio durante las concentraciones que se formaron en el centro de la capital egipcia para festejar el ascenso al poder del ex militar Abdelfatah Al Sisi. En medio de un ambiente de euforia enajenada, los asaltos a mujeres comenzaron a multiplicarse, subiendo de tono según se iba poniendo el sol. Los tres hombres que ahora tendrán que pagar un alto precio por sus actos, participaron presuntamente en la retención, tortura física, robo con fuerza e intento de asesinato y violación de una mujer y su hija.

El perfil de los condenados

En días de celebración, el ambiente en Tahrir suele enrarecerse al caer la noche, con la presencia de grupos de jóvenes de baja extracción social que merodean por la plaza con dudosas intenciones. La pobreza está unida en gran medida al fenómeno del acoso en Egipto, pero la experiencia demuestra que no afecta únicamente a las clases humildes.

Entre los condenados en el presente caso se encuentran un técnico que trabajaba en el día de autos para una televisión egipcia y el empleado de un banco, según informaciones recabadas por la agencia Efe.

Castigos ejemplares

Este es el segundo caso en el que la reforma del código penal implementada por el Gobierno interino ha llevado a la justicia a aplicar duros castigos contra violadores y acosadores en Egipto. El pasado mes de julio, una primera sentencia ejemplarizante condenó a nueve hombres a penas que oscilaban entre los 20 años de cárcel y la cadena perpetua, también por asaltar a mujeres que celebraban el ascenso al poder de Abdelfatah Al Sisi.

Precisamente el nuevo jefe del Ejecutivo ha proclamado una batalla casi personal contra esta lacra, prometiendo aplicar la ley y visitando personalmente en el hospital a algunas de las víctimas. Detrás de las cámaras la realidad difiere del discurso oficial y la sensación de impunidad conduce a los delincuentes sexuales a seguir con sus prácticas. Jasmín Abdel Ali, miembro de la asociación Vi acoso, denunciaba a este periódico que son los mismos agentes del orden los que asisten a la perpetración del delito como espectadores o, incluso, como partícipes del mismo: "Por este motivo, hemos destacado en nuestro informe que la máxima prioridad del Gobierno debería ser la de reeducar a los miembros de la policía".

Grupos de derechos humanos consagrados a proteger los derechos de las mujeres en Egipto han documentado hasta 250 casos de violencia sexual, entre noviembre de 2012 y enero de 2014. Hay que recordar, sin embargo, que las posibilidades de acción de estas organizaciones son muy reducidas y sus números sólo reflejan una pequeña parte del alcance de este fenómeno.
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