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El aguante K a Boudou: siempre se puede caer más bajo

Tan bajo ha caído el gobierno K que su vicepresidente, Amado Boudou, fue nuevamente procesado. Esta vez, por un delito del bajo mundo: haber falsificado los papeles de un auto modelo 1992.



Es tal desfachatez del Rock Star del kirchnerismo que, cada día que pasa, se conocen nuevos testimonios y pruebas que lo involucrarían seriamente en distintos tipos de tropelías, que van desde presuntas irregularidades en la separación de bienes tras su divorcio, pasando por juicios de desalojo por falta de pago de alquileres y hasta reclamos en tribunales de un abogado al que no se le habría abonado honorarios luego de concluido un proceso judicial. Eso no fue todo: es su paso como secretario de Hacienda del municipio del Partido de la Costa, Boudou medió en un préstamo para construir viviendas. Se cobraron $ 24 millones del Banco Hipotecario, pero 600 casas y cuatro escuelas jamás se completaron, lo que derivó en actuaciones del Tribunal de Cuentas de la provincia y distintas denuncias.

Tener que pagar un importante costo político para mantener a este personaje nefasto en el poder sólo puede justificarse por la posibilidad de que Boudou prenda el ventilador, contando secretos de la administración K. Resulta evidente que una persona que comete la torpeza de dejar los dedos marcados al incluir datos falsos en la documentación de un auto para evitar que termine en manos de su ex esposa, no tiene la capacidad intelectual como para armar un negociado de amplias dimensiones como fue la compra de la exCiccone. Recordemos que en 2010, cuando se concretó la operación, esta empresa contaba con la única imprenta del país con la tecnología necesaria para imprimir papel moneda. Se sospecha que Boudou habría sido sólo el instrumento de la operación, ideada en las más altas esferas del kirchnerismo.

No poder despegarse de Boudou muestra a las claras la debilidad intrínseca del gobierno de CFK, aquejado en distintos frentes. Por ejemplo, el revés sufrido en el plano internacional, en el conflicto con los fondos buitres, refleja lo aislada que se encuentra Argentina, al punto que EE.UU hasta le negó la posibilidad de poder litigar en La Haya con el objetivo de que ese tribunal internacional pueda torcer la decisión del juez Thomas Griesa, que ordenó pagarle el 100% de lo adeudado a los fondos buitres. Para peor, el magistrado neoyorquino, en los próximos días, podría declarar al país en desacato, lo que profundizaría los efectos negativos del default.

En tanto, en el plano interno, en las próximas semanas se podría profundizar el éxodo de dirigentes del espacio K. Un anticipo lo dio Carolina Scotto, la exrectora de la Universidad de Córdoba que en la semana que pasó decidió renunciar a su banca de diputada nacional para volver a sus actividades académicas.

Existen indicios que, con el correr de las semanas, cada vez más sectores políticos y sindicales tomarán distancia de Cristina, que parece conformarse sólo con poder llenar el patio de las Palmeras de la Casa Rosada con militantes rentados de La Cámpora.

En el Gran Buenos Aires, varios intendentes cuentan los días para pegar el salto. Si no lo hicieron hasta ahora es porque dependen de los recursos federales que, como se sabe, se reparten con criterios absolutamente discrecionales. Su lealtad es rentada pero, a medida que se vayan acortando los tiempos, comenzarán a desplegar su propio juego. Y esto implica mantener, a toda costa, su poder territorial, que es su razón de ser.



Espanta votos

Todo lo que huela a K es espanta votos. Así se pudo observar en los comicios del año pasado. La tendencia se profundizará en 2015. No por casualidad, en los pasillos políticos, se escucha cada vez con más frecuencia una frase que es histórica en el Partido Justicialista: “el peronismo te puede acompañar hasta la puerta del cementerio, pero jamás va a entrar”.

En ese contexto, llama poderosamente la atención como el sciolismo, cuya existencia política está supeditada a que el gobernador llegue a la Casa Rosada, sigue empeñado en querer seguir pegado a un proyecto político moribundo. Sin ir más lejos, está previsto que mañana se lance oficialmente la denomina “Ola Naranja”, una suerte de rama juvenil que es comandada por el ahijado de Daniel Scioli, Domingo Angelini. Lejos de marcar un cambio, el nuevo espacio, al menos hasta el momento, no ofrece nada demasiado nuevo. De hecho, sus referentes se cuidan a la hora de hablar de La Cámpora y sus cuadros están constituidos, en su mayoría, por funcionarios y empleados jerárquicos contratados por el gobierno provincial. Eso, y la militancia rentada camporista, es prácticamente lo mismo. A favor del sciolismo le juega que, en el espacio opositor, siguen desperdigados y desorientados. Las distintas vertientes no justicialistas hasta el momento no son capaces de estructurar un armado medianamente coherente, con ideas alternativas al régimen político y económico vigente.

Se avecina una temporada difícil para el país, no apta para improvisados o paracaidistas políticos, cuyas candidaturas se construyen en base a operaciones mediáticas. El caso de Martín Insaurralde, que viene amenazando con pasarse al Frente Renovador para ser el candidato a gobernador de Sergio Massa, es paradigmático. Luego de haber sufrido una paliza en las urnas en los comicios legislativos del año pasado, Insaurralde ahora busca cambiar su imagen mostrándose con su novia vedette que, con escasa ropa, exhibe sus curvas en un programa de TV de entretenimientos. Si el futuro de la provincia de Buenos Aires va a depender de este tipo de personajes, lo que viene pinta muy negro.

Juan Gossen
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