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“El asesino de mi marido pasa todos los días frente a mi cas





José “Pepo” De Carlo (67) fue asesinado el 22 de marzo del año pasado en Banfield. Una bala calibre 22, disparada a sólo 50 centímetros de distancia, lo hirió de gravedad. Murió desangrado. En el momento del ataque iba en su viejo colectivo Mercedes Benz 1114, modelo ‘67, hacia un mercado mayorista de frutas y verduras. Todo hacía pensar que al hombre lo habían asesinado en un típico intento de asalto en el Conurbano. Pero unos meses después fueron detenidos los dos empleados de la víctima: uno acusado del homicidio y el otro de encubrimiento. Para la familia de De Carlo, lo asesinaron para quedarse con su negocio.

A José Angel Puppi (65) le dio positivo una prueba de dermotest (una prueba que establece si el sospechoso disparó) y, además, en un departamento suyo, encontraron el arma con la que le dispararon a la víctima. Fue preso en octubre acusado de homicidio. Al otro empleado, Miguel Angel Bermúdez, lo detuvieron por encubrimiento.

A pesar de estas pruebas, en mayo pasado la Sala II de la Cámara de Apelaciones y Garantías de Lomas de Zamora, a cargo de Marcelo Soukop y Pablo Little, resolvió excarcelar a los acusados otorgándoles el beneficio de la duda.

Sobre Puppi, los jueces argumentaron que la prueba de dermotest le dio positivo pero sólo en la mano izquierda y él es derecho. También anularon como prueba el hallazgo del arma homicida porque no la hallaron en el departamento del acusado, sino en una propiedad lindera, que casualmente también pertenece al sospechoso.

“Mi esposo quiso ayudar a Puppi y éste lo terminó matando. Yo no puedo entender cómo puede ser que lo hayan liberado si le encontraron el arma asesina y también el dermotest demostró que disparó.

Ahora el asesino de mi marido pasa todos los días frente a mi casa”, dijo llorando Teresa Bozza (65), la viuda de De Carlo.

Clarín juntó a la familia en la empresa que tienen en Banfield (partido de Lomas de Zamora). Estuvieron Bozza y los tres hijos que tuvo con “Pepo”: Cristian (36), Gabriel (42) y Diego (39), que es piloto de autos y corre en Turismo Carretera (TC) desde 2007 con Chevrolet.

Según declararon los empleados de “Pepo”, la madrugada del crimen iban con el colectivo a cargar combustible cuando en la esquina de Lynch y Caaguazú pararon para acomodar un espejo. Allí los sorprendió un ladrón. De Carlo se resistió a entregar el dinero, luchó con el delincuente, que le disparó y luego escapó.

Las declaraciones de los empleados de la víctima fueron contradictorias. Bermúdez dijo que al ver al ladrón se fue corriendo a la casa de un familiar que vive cerca y que allí se tomó un vaso de vino para tranquilizarse.

“Es mentira que pararon a acomodar el espejo. Qué sentido tenía detenerse si iban a la estación de servicio y sólo faltaban tres cuadras para llegar. Puppi y Bermúdez primero dijeron que los ladrones eran dos y que estaba en moto. Luego cambiaron y declararon que era un solo delincuente y se escapó corriendo”, resaltó Cristian.

Por su parte, Puppi declaró ante la Justicia que al irse el ladrón arrancó el colectivo y llevó a su jefe, que estaba herido, hasta la estación de servicio donde acostumbraban a cargar gasoil. A pesar de que el negocio está a sólo tres cuadras del lugar del ataque, el colectivo tardó 37 minutos en llegar hasta allí.

En el local los empleados le dieron a De Carlo un vaso de agua. Mientras la víctima estaba allí, volvió a aparecer Bermúdez caminando. La familia De Carlo cree que se fue para descartar el arma asesina. Más tarde, “Pepo” murió desangrado en el hospital.

“Mi papá conoció a Puppi unos siete meses antes del crimen porque le alquiló un local que mi viejo tenía. Este tipo puso una verdulería. Después, como le empezó a deber plata, le ofreció llevarlo a trabajar al reparto para que achique su deuda.

En realidad sólo lo quería ayudar y él lo terminó matando ”, advirtió Diego, con una mezcla de indignación y dolor.

Martín Díaz, el abogado de la familia De Carlo, contó a Clarín que Puppi tiene siete causas por estafa en Mar del Plata y que en ninguna se presentó a declarar. “Tenía todo planeado. Lo mató porque le debía plata a él y a un montón de gente más. Además, justo ese día mi papá tenía más plata encima por el fin de semana.

Encima se quedó con su reparto de frutas y verduras ”, aseguró Diego, que lleva en su brazo derecho un tatuaje con la imagen de su padre.

Según la familia De Carlo, mientras Puppi estaba preso, la esposa del sospechoso se encargó del reparto para no perder los clientes.

“ Quisieron simular un robo, pero se trató de un crimen a sangre fría. A mi papá lo dejaron desangrar antes de pedir ayuda. Solo pido justicia”, reclamó Diego.



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