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El dólar como significación imaginaria.

El dólar como significación imaginaria



FEDERICO MANA

 El filósofo Cornelius Castoriadis nació en Estambul en 1922 y murió en París en 1997. Entre los múltiples conceptos y pensamientos que nos ha heredado hay uno que se destaca por su capacidad de explicación al respecto de lo que nos constituye como sociedad: las significaciones imaginarias. Para este autor son ellas quienes sostienen los sentidos, valores y normas que un pueblo le dará a todo lo que lo rodea. No obstante, lo que más llama la atención es que son señaladas como producto del imaginario de esta sociedad que tiene el poder de crear desde la nada el significado que constituirá su realidad.



¿Por qué decimos "crear desde la nada"? Porque para este filósofo, el sentido que tienen las cosas no son naturales de ellas si no agregados humanos que, por no estar presentes en otro lugar más que en su imaginación, no pudieron ser extraídos de ninguna otra parte. Tal vez, así mencionado, esto de "significación imaginaria" pueda sonar muy abstracto o lejano a nuestra cotidianeidad que, entre labor y labor, no tiene demasiado tiempo para indagar si nuestras definiciones y valores son productos de un imaginario radical o son emanaciones de las cosas mismas.



Sin embargo cabe percatarse que ellas nos atraviesan de una manera tan profunda que, sin darnos cuenta, guían nuestras agendas, preocupaciones y temores; pensemos si no en el dólar y su enorme valor simbólico dentro de nuestra sociedad.

Por un momento abstraigámonos de las cuestiones económicas que rigen las operaciones cambiarias y centrémonos en lo que significa esta moneda para el país.

La cotización del dólar repercute directamente en el "humor" nacionalaún cuando gran parte de la ciudadanía no manipule esta moneda con demasiada frecuencia. La cuestión es que se tiene la firme creencia de que es una moneda fuerte al lado de nuestro peso débil.

¿Por qué creencia? Porque más allá de que el peso se debilite fácticamente, en el imaginario argentino la divisa estadounidense siempre va a ser sólida, aún cuando el país emisor tenga una deuda pública de más del 100% de su PBI. Tal vez tenga que ver con que casi desde sus orígenes, la Argentina viene cultivando la idea de que lo de afuera siempre es mejor ya sean las divisas, los artefactos electrónicos o los filósofos y nunca nos hemos permitido dudar seriamente de esta situación.





Entonces, ¿por qué no dudar un poco del dólar? ¿Cuál es su valor real: su cotización o la confianza que la gente deposita en él?

Podemos animarnos a afirmar que el valor simbólico excede con creces su valor financiero y esto ha producido que desde hace años se transforme en campo de batalla política, ya que para la sociedad la cotización de la divisa no es una simple tabla de conversión si no una ventana a una realidad que tal vez no percibamos pero creemos firmemente que está ahí. Es más, hasta podemos atrevernos a afirmar que si el dólar tiene la dimensión económica que tiene se debe en gran medida a la fe que la gente deposita en él, hecho que empuja todas las especulaciones posteriores.





"El símbolo dice más de lo que dice, y nunca termina de dar qué decir", afirmaba Paul Ricoeur y vaya si el símbolo dólar dice cada día. Pensemos por caso en sus múltiples denominaciones que ponen en evidencia toda una cosmovisión política: que sea "oficial" de manera tal que esté regido por alguna reglamentación que asegure su transparencia; que sea "libre" para que no haya regulación que intervenga con las leyes puras de la oferta y demanda; que sea "ilegal" para señalar su marginalidad y los perjuicios que la compraventa clandestina le genera a nuestro país.

Paradójicamente estamos en días en donde celebramos la diversidad cultural y condenamos toda forma de colonialismo y subsunción de un pueblo por parte de otro que busque imponer su racionalidad, su forma de concebir el mundo. Por ello, que la moneda en donde depositamos toda nuestra confianza sea la emitida por la potencia militar mundial, ¿no es un resabio colonial?

Al menos nos queda el consuelo que muchos de estos billetes están firmados desde 2005 por descendientes latinoamericanos.





Por Federico Emmanuel Mana
Licenciado en Filosofía
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