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"El domingo gana el PRO"



Rodríguez Larreta: "Se van a hacer análisis de todo tipo, pero el domingo gana el PRO"

El jefe de Gabinete de la Ciudad compartió un café con Infobae en el que abordó temas de los que nunca había hablado como su encuentro secreto con el Papa o las críticas por su rol en el PAMI el año que murió Favaloro



"Eso sí que es un problema", dice Horacio Rodríguez Larreta, y va en serio. El jefe de Gabinete porteño todavía no pudo superar el cierre de Caffe Tabac, la emblemática confitería porteña de Coronel Díaz y avenida del Libertador que supuestamente entró en refacciones en junio del año pasado y cuya apertura, diez meses después, aún es un misterio.

Es que Rodríguez Larreta se acostumbró a no salirse del libreto. Iba a Tabac muy temprano todas las semanas: el sorpresivo cierre de la confitería de Palermo lo descolocó. En realidad, el precandidato a suceder a Mauricio Macri hace rato que decidió no correr ni una coma del guión. Es la antítesis de su rival en la cruda interna PRO, la senadora Gabriela Michetti, con la que llega voto a voto al domingo y a la que cuando azuzan un poco embiste para cualquier lado. Es la diferencia más notable entre ambos. Ella va más allá, se habla encima, se sincera más de la cuenta, no mide consecuencias y a veces saca sus réditos. Él, igual pero a la inversa. Mide una por una sus palabras, le huye a la polémica. En todo caso, prefiere ser aburrido. El jefe de Gabinete porteño, sin embargo, tiene una coincidencia con su contrincante: igual que la senadora, llega media hora tarde al ciclo de entrevistas "café político" frente a cuatro periodistas de Infobae.

"¿Puede ser una masita? Tengo hambre", pide el funcionario, muy relajado, a uno de los empleados del lugar, que ya le había acercado un café cortado con leche. Vuelve con un muffin de banana que el candidato va a dejar a medio comer. Rodríguez Larreta va a insumir los casi cuarenta minutos de entrevista para aclarar hasta el hastío que la campaña porteña no es tan violenta como parece, que en realidad no tiene ningún problema con Michetti, que pase lo que pase el que gana es el PRO – o sea Macri-, que no piensa contestar ninguna de las críticas de la ex vicejefa de Gobierno y que le gustaría ser Gustavo Bou, el delantero de Racing Club, equipo del cual es hincha fanático.

"Macri habló de roles (cuando lo ungió a él como candidato), siendo el que más conoce a los miembros del PRO. Él sugirió, dio su opinión de lo que creía que era el mejor rol para cada uno. Eso no te hace ni mejor ni peor, sino que son roles diferentes. Y como yo siempre uso términos futbolísticos, Racing salió campeón con Saja de arquero y Milito de nueve. Si era al revés por ahí no éramos campeones, es un tema de roles", explica el jefe de Gabinete.

- ¿Y usted sería Saja o Milito?
Yo me identifico más con un cinco metedor...A mí me gustaría ser Bou, pero nunca me dio.

-¿Y Michetti quién sería?
No, no sé.

Para polemizar, pensará en su fuero íntimo, está ella. "Yo no hablo de Gabriela", repite una, dos, tres e infinidad de veces el precandidato. Se le recuerdan, uno por uno, los dardos que su contrincante le había tirado en este mismo café unos días atrás. Que él "podría tener un rol" en un eventual gobierno de ella; que el funcionario no puede desvestirse de su traje de jefe de Gabinete; que a ella no se le va la vida si pierde la elección del domingo, y que hubo dirigentes del espacio que intentaron ensuciarla, por ejemplo, con supuestas cuestiones non sanctas vinculadas a su pareja. En lo único que se ataja Rodríguez Larreta es en que él ni nadie de su equipo entablaron una guerra fría.

"De mi lado no hay un solo comentario, una sola insinuación que sea ni agresiva, ni de ataque, ni hiriente, ni nada. No le tiré munición gruesa a nadie. No creo que tengan que haber ataques públicos. La interna esta ha generado una expectativa enorme, para mí es una elección muy importante, pero el fin de semana va a ganar el PRO. Se van a hacer análisis de todo tipo, pero va a ganar el PRO", dice. Se lo ve muy confiado, demasiado. Por las dudas abre el paraguas.



Sí se fastidia, ni siquiera se enoja, con los volantes que circularon con su rostro y el del médico cardiocirujano René Favaloro, que se quitó la vida en el 2000, durante la intervención del ahora jefe de Gabinete porteño en el PAMI, en medio de supuestas deudas millonarias del organismo con la fundación que presidía el prestigioso especialista. "Es un disparate, una canallada, una campaña sucia ridícula. Hubo varios casos violentos en mi contra", se defiende. Es, tal vez, el pasaje más álgido del reportaje.

Por el contrario, Rodríguez Larreta se encoje de hombros, la vista apenas se le humedece y habla mucho más pausado al recordar a Alejandro Bengolea, nieto y heredero de Amalia Lacroze de Fortabat, y amigo de la infancia del funcionario, fallecido a los 50 víctima de un cáncer que lo fulminó, el martes 21. La mañana siguiente, el día de la nota con Infobae, el candidato del PRO le escribió "te voy a extrañar, esperame allá" en los fúnebres del diario La Nación.

"Yo soy muy creyente. Era muy amigo. Cuando me hablan de los amigos, para mí los amigos son los del colegio, los de toda la vida. Con Ale tenemos platea en la cancha de Racing, juntos, pegados, si no me equivoco desde hace 30 años. Soy creyente, ya nos encontraremos", detalla, emocionado.



De pocas palabras, el jefe de Gabinete da dos tips de la gestión. Dice que el mayor reclamo de los porteños aun es la inseguridad, que los "trapitos" todavía son un problema sin solución, y que desde ya quisiera ser jefe de Gobierno, si gana las PASO, con Macri presidente para trabajar en conjunto con la Nación. Revela que hay una buena relación con el secretario de Comercio Interior, Augusto Costa –el reemplazo de Guillermo Moreno-, y que, de todos modos, él tiene buena sintonía con todos, por si es que Daniel Scioli o Sergio Massa, por caso, desembarcan en la Casa Rosada a partir de diciembre. "Estoy convencido de que el próximo presidente va a ser Macri", repite, otra vez.

Rodríguez Larreta es de palabras medidas hasta en cuestiones ideológicas. Ahí también es PRO. "Me califico como un hombre del PRO, no creo en las simplificaciones ideológicas. Ya nadie dice que el PRO es una derecha extrema. En los hechos, cuando nos tocaron tomar medidas, hemos tomado medidas progresistas, en lo económico hemos tomado medidas desarrollistas. Se decía que Macri iba a privatizar hasta el Obelisco, y no privatizamos nada. Tenemos el banco público que más ha crecido en todos los ratios que uno mire. Yo soy un creyente del Estado", se explaya.

Y vuelve a la interna con Michetti. Sereno, como para no perder la costumbre. "Gabriela tiene el derecho de presentarse en la elección desde el momento en que Macri habilita las PASO. Tenía derecho a competir en la Ciudad", asegura.



-¿Usted hubiera dicho que sí a una oferta para ser vicepresidente, como Macri le propuso a ella?

A mí no me la hizo.

-¿Y si se la hacía?
Es muy hipotético.

Hay, sin embargo, un instante en el que el aspirante a reemplazar a Macri en la ciudad de Buenos Aires se sale del libreto. Es para revelar, sin ventilar demasiado, que él también tuvo su encuentro con el papa Francisco. "No fue público", cuenta.

-¿Por qué?
No fue público y contesto que sí porque contesto con la verdad, porque jamás lo difundí.

-¿Cuándo fue?
No importa.

-¿Y por qué no lo difundió?
Porque no, no me parece. No sentí que tuviera que hacerlo.

-¿Cree que hay un uso político del Papa?
En algunos casos sí. Cuando el Papa te recibe y uno le pone una bandera adelante... En algún caso sí.

-En esto de "esperame allá" que le escribió a su amigo Bengolea, ¿cree que usted tiene un lugar guardado allá arriba?
-Guardado no lo tiene nadie. Yo creo que depende de uno.



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