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El ébola vacía estómagos al oeste de África









«En la última semana, los suministros casi no llegan. La gente, es verdad que compra, pero cada vez tenemos menos que ofrecer». El autor de esta cita, Simon Okere, es una de las numerosas víctimas de la epidemia de ébola que asuela, desde comienzos de año, el oeste de África. Okere, es cierto, no aparece en los números más sangrantes de muertes o contagios.

Sin embargo, no por ello su drama es menor. Desde hace más de una década, este padre de tres niños vende maíz y demás cereales en un pequeño comercio situado en la calle Sahara de Kenema, tercera ciudad de Sierra Leona. Ahora, en situación de cuarentena.

«Muchos de los libaneses que nos suministran género (el colectivo controla parte de los negocios en la ciudad), no pueden acceder a la región desde comienzos de agosto (entonces, el Gobierno de Freetown decretaba un bloqueo en las zonas afectadas por la enfermedad). Así, no tenemos nada que vender», reconoce Okere en conversación telefónica.

Y el coste para el estómago regional comienza a ser atroz. El propio ministro de Agricultura sierraleonés, Joseph Sam Sesay, reconocía esta semana que la economía del país africano se ha deshinchado en un 30% desde el inicio de la epidemia. Y con una renta per capita de 1.542 dólares anuales (sí, anuales), el dibujo numérico es de vida o muerte.

Para poner en perspectiva estas cifras, sirva un punto comparativo tan minúsculo como puede ser el del arroz. O tan necesario. Según el Banco Africano de Desarrollo, Liberia, otro de los países afectados, importa más del 60% de los granos que consume. Sin embargo, cierta áreas se mantenían autosuficientes. Comer lo necesario y basta. Hasta ahora, eso sí. Por ejemplo, en la región de Lofa -epicentro de la epidemia y sede de una cuarta parte de la producción local de este cereal- la mayoría de los agricultores han huido a la desesperada dejando atrás sus cultivos.

«Estamos vacíos»
Pero el sector agrícola no es el único esquilmado. La creciente negativa de las compañías aéreas a aterrizar en la zona (las últimas, esta semana, Kenya Airways y Gambia Bird) y la psicosis globalhan vaciado de visitantes extranjeros la región. Y el momento, no podía ser peor. De acuerdo a un informe hecho público por el Ministerio de Turismo de Guinea en febrero, cuando la crisis todavía no había comenzado a gatear, cerca de 200 millones de dólares fueron invertidos el año anterior para potenciar este sector de recreo. De igual modo, siete nuevos hoteles (cuatro de ellos, de cinco estrellas) se encontraban en construcción en la capital, Conakry. «Salvo la gente que ha venido a frenar el ébola o a reportar sobre él, estamos vacíos», nos denuncian desde dos de los principales hoteles de Kenema. No hablamos de hospedaje de lujo, sino de alojamientos a 37 euros la noche.

Así que ante tal ruina, cualquier batalla ganada, por diminuta que parezca, se celebra con fuegos de artificio. Ayer, el Gobierno de Liberia se congratulaba de haber «encontrado» a los 17 pacientes sospechosos de ébola que huyeron de un centro de cuarentena de la capital durante el fin de semana.



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