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El empleado del siglo

Jaime Sagarra ya pasó la categoría de empleado del mes. Y del año. Y de la década. Es que hace 70 años que trabaja en la misma empresa: entra a las 7.30, se va a las 18, lee los diarios, atiende el teléfono... Cobró en pesos moneda nacional, en pesos ley, en pesos argentinos, en australes, en pesos a secas... "Venir a trabajar es un hobby", sonríe desde su escritorio, y no ironiza.

Tiene 87 años y desde los 17 trabaja en J. Llorente y Cía, empresa concentrada en la elaboración y distribución de alimentos y bebidas. El 9 de marzo de 1936 entró a trabajar como cadete, y con el tiempo se convirtió en jefe de expedición, como hasta ahora.

En 70 años cambiaron muchas cosas, pero no todas: Sagarra sigue vistiendo traje y corbata como el primer día, sigue cumpliendo el mismo horario y sigue leyendo todos los diarios (aunque, claro, muchos van apareciendo y desapareciendo según pasa el tiempo), preferentemente las secciones financieras.

"Acá, en la oficina, me siento como en mi casa", cuenta este hijo único que nunca se casó ni tuvo hijos, pero que tiene muchos amigos que fue cosechando a lo largo de su carrera. Algunos de ellos están organizándose para proponer que le adjudiquen el récord Guinnes en ese rubro por el hecho de haber trabajado 70 años en la misma empresa. Creen que es el único caso en el mundo en el que una persona ha trabajado tanto años en un mismo lugar.

Pero, con récord Guinnes o sin él, a Sagarra se lo ve feliz. Cuenta con orgullo que el último 9 de marzo los dueños de la empresa le organizaron una fiesta y le regalaron una bandeja de plata con una cálida leyenda. "Ya no saben qué regalarme. Cuando cumplí 50 años en la empresa me regalaron un reloj. A los 60 años, una placa", dice.

Como vive en Ciudadela, para llegar a la oficina en el barrio de Once antes tomaba el tren de la línea Sarmiento, "en la época en que funcionaba con precisión suiza", dice, pero ahora tiene un chofer que lo lleva y lo trae. Recuerda los tiempos en que tenía dos horas para almorzar y se volvía a su casa para comer con sus padres. "A veces, si además tenía programada alguna salida por la noche en el Centro, igual volvía a Ciudadela a cambiarme. Hoy, hacer tantos viajes en tren y llegar a tiempo sería imposible", opina.

Aunque, hasta ahora, Sabarra no aprendió a navegar por Internet y admite que "con la computadora me quedé en el camino", conoce a la perfección toda la operatoria de la empresa y puede contar con lujo de detalles cómo fue evolucionando a lo largo de los años. "Para la Navidad de 1948 vendimos 5000 cajones de sidra por día –recuerda–. En esos años también se trabajaba los sábados."

Si hoy le propusieran ir a trabajar también los sábados, sería muy probable que aceptara. Prueba de ello es que en los últimos años no se ha querido tomar las vacaciones, por lo que dice: "La empresa me debe 1500 días".

Un récord tras otro.

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