El hombre que mató a Bin Laden

El hombre que mató a Bin Laden o la peligrosa tentación de ser un héroe

Rob O’Neill disparó el gatillo aquella noche de 2011 y ahora ha desatado una tormenta de consecuencias inesperadas



Los Navy SEAL, el elitista y opaco grupo de la armada de los EEUU, tienen una manía muy específica: los nombres de sus soldados deben quedar, en la mayoría de los casos, en el anonimato hasta su muerte, de la que habitualmente no se suelen conocer las circunstancias. Punto.

Pero desde hace unos días, es precisamente un nombre propio lo que trae de cabeza a los comandantes de este grupo de operaciones especiales y por extensión, a todo el Pentágono: Rob O’Neill, 38 años, Montana. El hombre que disparó y mató a Bin Laden. O eso dice él.

La tormenta mediática que se ha desatado a lo largo de los últimos días en torno a la cuestión ha venido plagada de oscuros nubarrones. Entre informaciones confusas, falsas exclusivas y errores de documentación, el asunto ha ido tomando tintes culebronianos, donde cada vez se hace más difícil separa el grano de la paja y, más aún, conocer las verdaderas razones de O’Neill para desvelar su identidad.

Una semana confusa

A finales del mes pasado, la cadena estadounidense FOX anunciaba que los días 11 y 12 de noviembre emitiría una extensa entrevista con el hombre que acabó con la vida del Enemigo Público Número 1 de América. Un documento en el que, por primera vez, se revelaría su identidad. El “héroe” tendría, por fin, ojos, nariz y boca. Y un puesto reservado en la Historia. Lo anunciaban así:


link: https://www.youtube.com/watch?v=-sG2pe_Uh_U

Pero unos días antes de que la FOX se marcara el tanto informativo de la década, el portal de información Sofrep, en manos de exSEALs, filtraba su identidad y hacía saltar la exclusiva por los aires. Todo apunta a que sus antiguos compañeros no estaban muy contentos con la decisión de O’Neill de romper el compromiso de anonimato y ponerse bajo los focos.

Los altos mandos de los Navy SEAL se apresuraban entonces a enviar una carta a todos sus soldados en la que recordaban los votos del cuerpo de élite: “No hago pública la naturaleza de mi trabajo ni busco el reconocimiento de mis acciones. Nuestra filosofía es un compromiso y obligación de por vida, tanto dentro como fuera del servicio”. El cabreo en el Pentágono ha debido de ser mayúsculo, y los secretos que quieren ocultar bajo esta implacable ley del silencio, oscuros como una noche de invierno.

¿Por qué ahora?

O’Neill sabía que si salía a la luz pública se enfrentaría a la ira de sus superiores y a la de los radicales islamistas, que ya le han amenazado con asesinarlo. Él y su familia decidieron dar el paso a pesar de los riesgos. “La gente nos pregunta si estamos preocupados por que el ISIS pueda ir a por nosotros ahora que se conoce la identidad de Rob. Yo respondo que pintaré una diana enorme en mi puerta y que vengan si quieren”, declaraba su padre, en exclusiva para el Daily Mail.

Entonces, ¿qué ha sido lo que ha empujado a O’Neill a romper sus silencio a pesar del evidente peligro?

En conversación con el Washington Post, O’Neill se justifica asegurando que lo ha hecho para dar consuelo a las víctimas de los atentados del 11-S, ya que así se lo pidieron algunas de ellas. Sin embargo, hay razones para sospechar de que existen otros motivos menos nobles.

¿Resentimiento?

Hace año y medio, la revista Esquire publicaba una entrevista en exclusiva con “El Tirador”, o lo que es lo mismo, el propio Rob bajo pseudónimo. Titulada “El hombre que disparó a Bin Laden está… jodido”, gracias a ella conocíamos el decadente destino del soldado anónimo, en paro y sin seguro médico tras 16 años de servicio. Sin poder revelar su identidad, lo único que le había ofrecido el Ejército era convertirse en conductor de un camión de reparto de cerveza en Milwaukee. Se sentía abandonado y, probablemente, dolido.

Reconvertido ahora en orador motivacional –esa suerte de conferenciantes que alientan al público a superar obstáculos y conseguir metas­–, lo cierto es que la maltrecha cuenta corriente de O’Neill podría verse muy beneficiada si la gente realmente supiera quién es él. Pero más allá del dinero, puede que lo que de verdad busque este exsoldado sea, simplemente, el reconocimiento que cree que merece. Al fin y al cabo, para los estadounidenses, la ejecución a sangre fría de Osama Bin Laden fue uno de los hitos de su historia reciente, un paso necesario para cauterizar las heridas que había dejado el 11 de septiembre y un auténtico alivio nacional.

Este martes y miércoles próximo se emite la entrevista que le hizo la FOX y quizá algunas preguntas queden resueltas. Ahora, lo verdaderamente interesante será saber qué otros secretos podrá revelar un hombre, a partir de ahora, expuesto al acoso de la prensa, y que ha participado en las operaciones más secretas del siempre cuestionable ejército de los EEUU.