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El horror sufrido en primera persona

La chica que escapó de una tortura contó la tenebrosa historia que le hizo vivir su novio en una casa del barrio Villa Páez.



El testimonio de “Carolina” es un relato del horror. Es una cruda revelación de un infierno desencadenado en el corazón de la sociedad cordobesa, en una casa de barrio Villa Páez, ubicado a escasas 20 cuadras del centro de la ciudad de Córdoba. Lo que esta joven de 22 años expone son meses de abusos, golpes, violaciones, tormentos y amenazas. Vejaciones que siempre tuvieron a la droga como trasfondo maldito.

El calvario que padeció “Carolina” (su real identidad se reserva) se conoció en un principio por boca de sus padres que el 12 de agosto último reflejaron el drama de su hija en las páginas de este diario.

Es la historia de una joven que denunció haber sido sometida por su novio, que la golpeaba, la drogaba e incluso dejaba que otras personas abusaran de ella a cambio de más droga.

Ahora, quien cuenta la pesadilla (que asegura que aún no terminó, ya que los hechos regresan a su mente una y otra vez) es la propia víctima, que conoció muy a su pesar lo impiadosamente salvaje que puede llegar a ser el ser humano.

En el marco de esta causa, hay dos personas presas, Leonardo Javier Sánchez (22) y su padre Raúl Sánchez (45). Ver Imputados)

Maldito amor. “A Leonardo lo conocí en Río Ceballos, en abril de 2006, en el cumpleaños de una hermana mía. Al principio estaba todo bien, él era simpático, bueno, le cayó bien a toda la familia. Me enamoré y nos fuimos a vivir juntos a Alberdi, en Córdoba, al lado de la casa de su abuela”, comienza a contar “Carolina”.




La joven, dejó a su marido, con quien las cosas no iban bien, según señala, y se marchó junto a su pequeño hijo que hoy tiene 4 años.

En Alberdi permanecieron poco tiempo. La chica dice que ‘Leo’ y su padre usurparon una casa de calle Emilio Coni, en Villa Páez, a la que se mudaron.

Fue en esa vivienda donde “Carolina” conoció el dolor: “La primera vez que Leonardo me golpeó fue porque defendí a mi hijito cuando él lo estaba retando. Me agarró con un palo de escoba y me pegó en el suelo como si fuera no sé qué, me pegó, me pegó y me pegó hasta que no me levanté más”.

Golpes y drogas. La joven relata que, a partir de la primera golpiza, los maltratos se tornaron moneda corriente. “Una vez –recuerda– me pegó tan fuerte que estuve dos semanas acostada, no me podía levantar”. En otra ocasión, los oídos le sangraban luego de varias patadas que recibió en el suelo.




Para Leonardo, dice la joven, las palizas tenían justificación: “Nunca se disculpaba. Cuando le decía por qué me hacés esto, me contestaba ‘porque te cabe’ (porque te lo mereces)”.

La sucesión de golpes, indica “Carolina” eran presenciadas por el padre de Leonardo, por una mujer que convivía con Raúl, y por una pareja de jóvenes amigos de “Leo”, quienes habitaban una pieza de la vivienda. “La mujer del padre se me reía y la novia del chico amigo de Leonardo se quedaba callada porque a ella también la cagaban a palos”, señala.

“Un día que no teníamos plata –continua– ‘Leo’ trajo unos ‘puchos’ armados. Cuando pité se me dio vuelta todo. Pensé que se me había bajado la tensión, me sentía re mal. Hasta que un día le dije: ‘¿Qué me pasa que me siento mal?’. Y él me respondió: ‘No te das cuenta boluda que lo que estás fumando es crack (cocaína mezclada con bicarbonato para hacerla fumable)’”.

Leonardo, según asevera la joven, también consumía cocaína y pastillas de ansiolíticos. “Y siempre que se drogaba me pegaba”, asegura.

“Carolina” agrega que a pesar de no disponer de dinero corriente, el muchacho tenía droga encima todo el tiempo, ya que se “la regalaban”.

“Tal vez era cierto, porque en Villa Páez encontrás todo tipo de drogas”, explica la joven.

Cicatrices. “Carolina” se reunió con La Voz del Interior el jueves último. Varias cicatrices en sus muñecas testimonian tres intentos de suicidio ocurridos en los últimos días.

Luego de la entrevista, tuvo otra recaída, por lo que fue internada en el Instituto Provincial de Alcoholismo y Drogadicción (Ipad), donde fue hospitalizada luego de escapar del horror.

Sus padres dicen que ruegan para que alguien los ayude a costear un tratamiento privado, que no pueden afrontar con sus propios recursos. “Carolina” padece de depresión severa y necesita urgente tratamiento psiquiátrico, con médicos y enfermeros que estén encima de ella las 24 horas para evitar que atente contra su vida.

El dinero que ingresaba en esa casa de Villa Páez, sigue contando la muchacha, provenían de diferentes fuentes. Dice que padre e hijo realizaban distintas changas, tanto en albañilería como en otras labores (Leonardo habría trabajado en un bar de la Fico, durante una exposición).

Pero el joven, además, tenía otro “trabajo”: asaltaba a mano armada, según asegura “Carolina”. “Tenía las armas en casa; con una de esas un día me disparó acá (se señala debajo de la costilla derecha). Por suerte le erró y el tiro pegó en la pared”, rememora.

Idas y vueltas. En enero de 2007, luego de una tormentosa sesión de golpes extremos, “Carolina” escapó de Villa Páez y regresó a su hogar paterno. Estaba en camisón rociada de nafta. Leonardo, refiere ella, la había atado a una viga con una soga alrededor del cuello para luego intentar quemarla.

Se salvó porque todos los fósforos que había en una cajita estaban usados.

La joven fue internada en la colonia Santa María, en Punilla. Días después, Leonardo se apersonó y la intimó a regresar. De lo contrario, amenazó con matar a su familia.

Al poco tiempo logró escaparse de nuevo, pero otra vez el muchacho la encontró.

Esa noche, el joven le ató la manos con cinta de embalar y se acostó a dormir a su lado, con un cuchillo. “Carolina” logró cortas las cintas con sus dientes. Al percatarse, el muchacho le enterró el cuchillo en su muslo derecho.

Al otro día la llevó a pie hasta el Hospital de Urgencias. “Carolina” recuerda que el dolor “era insoportable”. Tanto en el trayecto como en el hospital, Leonardo –cuenta la chica– no la dejó hablar con nadie. En el nosocomio el joven dijo que ella había sido herida en un intento de robo e hizo un escándalo para estar presente durante las curaciones.



Luego, de nuevo el encierro.

En el medio de esta cruel historia, el hijito de “Carolina” había sido dado en guardia a los padres de la joven, después de una pelea de Leonardo con el anterior marido de ella, trifulca en la que el pequeño resultó lastimado.

Cuenta “Carolina” que cuando sus padres se aproximaban al domicilio de Emilio Coni, Leonardo le respondía que ella no vivía allí. Para que no la puedan ver, habían tapado los vidrios de un portón acumulando roperos.

De terror. “Siempre había gente en la cocina tomando cocaína, pastillas y alcohol. Eran jóvenes de 18 a 20 años. El padre de Leonardo también se juntaba con ellos”, se acuerda la joven.

Según cuenta, a las pastillas las picaban con un martillito sobre una tablita. Antes de consumirla, la quemaban con un encendedor para que les hiciera más efecto.

A ella, varias veces la obligaron a tomar. “Me dejaba re mal, dormía tres días, sentía como si estaba en una nube”.

Cuando había visitas, la mayoría de las veces “Carolina” era encerrada en su habitación.

“Una noche de julio (de este año) yo estaba viendo Canal Discovery mientras me planchaba el pelo, porque no tenía otra cosa que hacer, cuando ingresaron tres jóvenes en la casa”, comienza a recordar una de las torturas que aún más le duele.

“Pusieron la música alta –sigue relatando–, se reían, picaban pastillas. Yo escuchaba cuando aspiraban porque hacían un sonido con la boca para que les pasara. Entonces, de repente entró ‘Leo’ a la pieza y me empujó a la cama. Yo le dije que no me pegara, que no le había hecho nada, a lo que él me respondió que me callara”.

“Hizo entrar a un primer chico, un morocho con el pelo teñido con agua oxigenada, los dientes picados, que se reía. Leonardo me puso la rodilla en la espalda y me hizo aspirar cocaína en una tarjeta de teléfono, mientras el chico me bajaba los pantalones y me violaba”, prosigue.

La joven, con una entereza admirable, cuenta que luego ingresaron para violarla otros dos chicos y Raúl Sánchez. Siempre mientras Leonardo la inmovilizaba. Los victimarios, además, introdujeron cocaína en las partes íntimas de la chica

Aquí la conversación se interrumpe. “Carolina” fuma nerviosa y tiembla. Se acerca su madre y le da dos pastillas, su medicación. Revivir el calvario la pone muy mal.

Luego, la joven se tranquiliza un poco y retoma: “Mientras me violaban, Leonardo le dijo a uno: ‘Vos hacele lo que quieras, pero a mí dame la bolsa”. Ahí me di cuenta de que me estaba cambiando por droga”.

“Después, ellos se fueron como si nada y yo me fui a bañar, con agua fría porque ni siquiera agua caliente teníamos. Drogada, aturdida, estaba mal, me acordaba de todo, me acosté a llorar en la cama y me dormí. Cuando me levanté le pregunté a ‘Leo’ por qué me había hecho eso y sólo me dijo: ‘Porque te cabe’”, relata impotente.




Días después, “Carolina” tomó coraje, le robó 10 pesos al joven y le mintió que le iba a cocinar algo rico. “¿Por qué no te vas a fumar un porro con los chicos mientras preparo la comida?”, le sugirió.

Antes de salir, Leonardo la obligó a tomar 40 pastillas de un ansiolítico, según cuenta.

“Él –dice– estaba seguro de que me iba a dormir, por eso se olvidó una llave. Yo, que tenía la mochila preparada, porque siempre pensé en irme, abrí la puerta y salí corriendo”.

Tomó un ómnibus y regresó con sus padres.

Hoy, intenta recuperarse del trauma vivido. “Tengo mucha tristeza encima –asegura–, no se me va todo lo que viví, lo cuento en pocas palabras, pero cada golpe no se olvida. Hay cosas que capaz que nunca pueda contar, que me las guardo dentro de mí”.

FUENTE: http://www.lavoz.com.ar/defaultak.asp?edicion=/07/10/08/
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