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El humo vuelve a la Albufera

El humo vuelve a la Albufera





La quema de la paja del arroz se impone en el entorno del parque natural tras la retirada de las ayudas compensatorias que otorgaba Europa


La inundación en algunos «tancats» pudre la paja y anticipa problemas por la putrefacción del agua

J. SIERRA | VALENCIA Los arroceros prefieren quemar la paja en el parque natural a cualquier otra opción. Es lo que han hecho siempre y el «único camino» después que este año se quedaran sin las ayudas agroambientales que ofrecía Europa y que primaban sus cosechas a cambio de no quemar la paja
Ayer el humo volvió al parque natural. Poco después de las 10 de la mañana, con el sol alto y pendientes de la dirección del viento, varias brigadas distribuidas por los arrozales de la pedanía del Palmar volvían a quemar la paja después de que en 2007 esta práctica ancestral quedara en suspenso.

La quema tiene su técnica, y estas brigadas la conocen. «No se nos ha olvidado como se hace», destaca uno de ellos, mientras con una horca remueve la paja para que entre el oxígeno y distribuye la llama por el campo.

Casi sin preguntarle explica que cuenta con el permiso del Consell Agrari de Valencia, el entorno urbano al que pertenece El Palmar y uno de los más castigados por el humo cuando este se descontrola. Asegura que tienen orden de parar si cambia el viento y lleva el humo hacia el casco urbano del Palmar.

Muy cerca de ellos un vecino de esta pedanía se apresura a llenar tres grandes bolsas de plástico con paja «para las gallinas». La paja servirá para hacer la «cama» donde se acumulará el excremento de las aves, que una vez mezclado y aireado se convierte en abono para los campos. Probablemente sea el último de la Albufera en aprovechar la paja como recurso. Antes era lo usual y el camino por el que desaparecía una parte de la paja antes de quemarse.

Ahora son las universidades y los institutos tecnológicos, hasta ahora sin éxito, los que intentan buscar nuevos aprovechamientos que cierren el círculo del aprovechamiento de la paja. Mientras, Acció Ecologista-Agró ha creado un «banco de paja» e invita a los arroceros a recogerla para que otros la compren por un euro la bala.

José Pascual Fortea, arrocero, apuesta también por quemar la paja, pero de forma «organizada». Si todo arde al mismo tiempo, el humo invade las carreteras y llega hasta los barrios situados al sur de Valencia, donde provoca molestias y amenaza la salud de las personas mayores y aquellas que sufren problemas respiratorios.

Quemar la paja libera contaminantes a la atmósfera, pero también sustancias que se incorporan a la tierra y favorecen el cultivo. Además, dice, es la mejor forma de controlar enfermedades, plagas como la del cucat y las malas hierbas.
Este año, la quema tiene la bendición de la conselleria de Agricultura en al menos 2.200 hectáreas de arrozal donde ha surgido una nueva amenaza en forma de planta invasora, la lersia, muy parecida al propio arroz, con el que compite en los campos.

El fangejat mezclar la paja con la tierra humeda del marjal es la peor opción, coinciden agricultores y pescadores. Casi tan mala como no hacer nada y dejar que el agua de la perelloná cubra la paja y la pudra. El agua se queda sin oxígeno y mueren los peces. Hay tancats arrozales situados por debajo del nivel del lagodonde es imposible quemar la paja húmeda y donde ya se percibe el olor de la podredumbre.
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