El insólito efecto boomerang del pavo de Navidad

El insólito efecto boomerang del pavo de Navidad

Bajo temperaturas de 40 grados, el menú tradicional de las Fiestas es un jolgorío de calorías y proteínas. Una costumbre importada del Viejo Mundo.

Buenos Aires.- El pavo nació en América y llegó a Europa con los conquistadores y por la difusión de los jesuitas, que lo incorporaron a la dieta de sus colegios, pero insólitamente de allí volvió, con efecto boomerang, a la mesa navideña de los argentinos como una moda del Viejo Mundo.

El resultado es que, bajo temperaturas promedio de 40 grados en gran parte del país para esa fecha, el menú tradicional de Navidad es un jolgorio de calorías y proteínas, que se consumen tras haber calentado suficientemente la casa cocinando el pavo unas cuatro horas, a horno máximo.

Sin duda, nuestra mesa navideña resulta digna del más crudo invierno: pavita al horno con castañas (o lechón a la parrilla), pan dulce, turrón, frutos secos, almendra y nueces, garrapiñadas, mazapán con chocolate, budines, pasteles, vino, sidra, champagne.

En el hemisferio norte el invierno comienza el 21 de diciembre y esto explica que haya que nutrirse con algo semejante para paliar el frío, pero en estas latitudes, el menú debería ser otro.

Por ejemplo: carnes blancas frías, especialmente de pescado, ostras y caracoles sobre hielo, copa de langostinos, pulpo a la feria, muchas verduras, frutas frescas y muy poco alcohol.

Una exquisitez, pero el problema es que en Navidad, esto sería visto como un recurso del dietista para consolar a sus pacientes.

La costumbre de comer pavo no es sin embargo una tradición del Viejo Mundo, sino de éste: ocurre que este bípedo llegó a Europa desde México, en el primer tercio del siglo XVI.

Lo llevó Hernán Cortés después que los aztecas -que lo llamaban guajalote- se lo dieran a probar.

Por eso, los franceses, que se aficionaron muy pronto a sus carnes, le dicen "dinde" que significa "de Indias", el supuesto punto de arribo de Cristóbal Colón.

Los jesuitas lo incorporaron no sólo a su dieta sino también a la de sus colegios en Europa y es probable que lo hayan "cristianizado" incorporándolo a la mesa de Navidad.

Pero el pavo, que también vivía en estado salvaje en los bosques de Canadá y Estados Unidos, supo alimentar a los hambrientos colonos ingleses del Mayflower, que llegaron a Massachusetts el último jueves de noviembre de 1620. De ahí que en este último país se celebre el día de Acción de Gracias con una comida familiar a base de pavo relleno. (Télam).-