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El ISIS, un ejército fundamentalista convertido en amenaza m




Musica para ambientar ♫♪ 
(Katy Perry -Dark Horse)

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En Raqqa, bastión de su “Califato”, instauró un régimen islámico con códigos medievales y rígidas prohibiciones.
Raqqa. En la ciudad siria, los combatientes del ISIS establecieron su base militar y política. Detentan un alto poder de fuego, con armamento moderno./AP

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Daniel Vittar
“Les guste o no, vamos a hacer cumplir la Sharía en esta tierra. Y lo vamos a hacer con las armas”. La frase es de un oficial del Estado Islámico, conocidos como ISIS por sus siglas en inglés. La dijo clavando un sable curvo en la frontera entre Siria e Irak, un gesto simbólico de este nuevo y sorprendente fenómeno militar, social y político que está haciendo temblar tanto a las potencias occidentales como a las árabes.
Esta banda armada, que tiene entre 70.000 y 80.000 hombres, nació en Irak y creció en Siria con la fuerza del fanatismo y de la astucia que aplicó en su estrategia militar. En menos de dos años arrasó a las fuerzas de la región y logró controlar una amplia superficie entre Siria e Irak, del tamaño de Jordania, donde viven unos tres millones de personas. Allí proclamó un Califato bajo la autoridad de su líder, Abu Bakr al Baghdadi, el “califa de todos los musulmanes " . Su poder es absoluto.
Aplican la ley islámica, Sharía, en su expresión más radical. La ciudad siria de Raqqa se convirtió en su bastión. Con orgullo y calculado fin propagandístico, permitieron que un grupo de periodistas árabes recorrieran con sus cámaras las calles de esa población, pero acompañados rigurosamente por oficiales yihadistas. Bajo la apariencia de una vida normal el video, publicado por el sitio “ Vice News ”, refleja la rígida existencia bajo normas medievales.
En las antípodas de la vida moderna, las normas prohíben el alcohol, el tabaco, el fútbol, la música, la televisión o el cine. No hay espacio para la diversión o los placeres. “T e desafío a que encuentres una gota de alcohol. Hasta tienen miedo de tenerlo en sus casas porque saben que recibimos informes”, le dice el líder de patrulla que acompaña al periodista. Y justifica: “ Tenemos que enfrentarnos a estos vicios, tenemos que enseñarle lo que deben hacer y lo que no pueden hacer”.
Es el mismo oficial que hace detener la camioneta en la que viajan para decirle a un comerciante que saque el afiche que tiene en su negocio, donde se ve a dos actores del mundo árabe, porque “no es de buen musulmán”. Y que luego llama a un hombre joven que iba con su esposa porque la mujer, cubierta de la cabeza a los pies, dejaba ver sus tobillos. “Ella no debería exhibirse, no es un producto.
Ella es tu esposa, no deberías compartirla con otra gente ”, le recrimina.
Según las leyes, la mujer debe estar recluida en el hogar. Los hombres tienen derecho a tener varias esposas, pero las mujeres deben ser fieles a un sólo hombre. El adulterio, en el caso de ellas, se paga con la vida.
Las leyes se cumplen con la fuerza de la sangre. El que vende alcohol o contrabandea, va a parar a la cárcel y, si tiene suerte, sólo recibe cien latigazos. En el Califato no hay robos. “Nadie se atreve a robar a los musulmanes porque el Estado Islámico está haciendo cumplir la sharía”, revela otro oficial. Y con su aclaración se entiende la inexistencia del delito: “ El castigo para el ladrón es cortarle las manos ”.
El ISIS no es sólo un ejército organizado, es un movimiento que articula y ordena la actividad comercial y social. Inclusive tiene su veta socialista: a los comerciantes ricos les obliga a pagar una suma determinada que después se distribuye entre las familias más pobres en razón de los hijos que tienen.
Cuentan con una administración política y un centro judicial. Claro que todo teñido por la religión. La Corte, que aplica las leyes establecidas en el Corán, interviene en todos los temas: alcohol, adulterio, cuestiones vecinales. “El Tribunal de la Sharía ha devuelto los derechos al pueblo después de la opresión que sufrieron bajo los tribunales del régimen”, explica uno de los jueces.
Esta Corte fue la que determinó qué hacer con los católicos que no pudieron huir y se quedaron en Raqqa. “Se les ofreció la oportunidad de convertirse al Islam. Si no querían, se les ofrecía pagar un impuesto determinado. Si tampoco aceptaban, les decíamos que no había nada más entre nosotros y que sólo quedaba la muerte. Entonces ellos dijeron que querían pagar el impuesto”, cuenta con satisfacción el juez.
A los chicos se los adoctrina desde pequeño. Los enemigos son, en primer lugar, los “infieles”, categoría donde engloban a cualquier otra religión que no sea islámica. Pero también los islámicos de otras corrientes, como los shiítas y alauitas. Los integrantes del ISIS son sunnitas. Sin embargo, aquellos sunnitas que no aceptan la autoridad del califa al Baghdadi pasan a ser enemigos.
En la producción de Vice News se puede ver a un oficial islámico preguntándole a un chico de 9 años qué preferiría ser de grande.
“Querés ser yihadista (combatiente) o ejecutar una operación de martirio (suicida)?
”. El nene piensa, y luego responde: “Yihadista”.
A los menores de 15 años se los envía a los “campos de la sharía”, donde aprenden el credo musulmán. A los mayores les esperan los campamentos militares. Así lograron conformar uno de los ejércitos fundamentalistas más poderosos del momento. “Nuestro objetivo es crear un Estado Islámico para cubrir todos los aspectos de la vida”, sintetiza un jefe militar.






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