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"El lider catalán, entre la espada y la pared"

El líder catalán, entre la espada y la pared



Poco importa la guerra de cifras sobre el número de participantes en la marcha del jueves en Barcelona. La imagen de la gran V humana con los colores de la bandera de Cataluña es un impulso al proceso independentista en el que el gobierno de Artur Mas ha embarcado a la región del noreste de España. La gran incógnita, sin embargo, continúa: ¿Hasta dónde está dispuesto a ir Mas en su desafío al gobierno de Mariano Rajoy? La consulta que el jueves defendieron sobre las dos grandes arterias de Barcelona cientos de miles de catalanes -1,8 millones según la guardia urbana, medio millón según el gobierno español- será ilegal si Rajoy no da permiso. Y el jefe del Ejecutivo no lo va a otorgar.

“El gobierno está sujeto a la Constitución y las leyes. En este momento y en el futuro, en España y en Cataluña”, argumentó la vicepresidenta del Ejecutivo español, Soraya Sáenz de Santamaría, en la única respuesta oficial del gobierno de Rajoy al éxito de la marcha. “Los gobernantes estamos obligados a cumplir la ley”.

Ahora mismo se libran dos batallas: la del gobierno catalán con el gobierno central por la consulta y la de los partidos catalanistas defensores del referéndum del 9 de noviembre por su suspensión o no cuando lo vete el Estado español.

La llamada a la desobediencia civil es ya un hecho: “Como hizo Martin Luther King”, dijo Oriol Junqueras, líder de ERC, la formación secesionista que sostiene a Mas y a su partido, Convergencia i Unió (CiU), en el Parlamento catalán. Las urnas a la calle, aunque esté prohibido, plantea.

Lo del jueves en Barcelona ya no fue una advertencia a Rajoy, fue una demostración de que el proceso es imparable. La reivindicación fue ganando fuerza en los tres últimos años. La del jueves era la tercera exhibición de músculo consecutiva del independentismo catalán desde la multitudinaria manifestación en Barcelona en 2012. El año pasado, una cadena humana atravesó Cataluña de norte a sur pidiendo referéndum y secesión. “Sacar a la calle durante tres años consecutivos a centenares de miles de personas con una misma reivindicación no tiene precedente en la historia democrática europea”, escribía en “El País” el filósofo y periodista Josep Ramoneda.

Las encuestas, imprecisas

Las encuestas no arrojan luz sobre el porcentaje de catalanes que quiere la independencia. Se mueven entre el 35 y el 55 %. En lo que sí coinciden los estudios de opinión es en que la mayoría quiere poder pronunciarse sobre su futuro. La estrategia del jefe del gobierno español ante ello ha sido hasta ahora la de no hacer nada.

No se mueve de su rechazo al referéndum. Se niega a explorar con Mas la posibilidad de una consulta pactada. Y atrincherado Rajoy, a quien le toca mover la siguiente ficha sobre el tablero en esta partida es al catalán.

La marcha en Barcelona fue un mensaje directo para él. “No hemos llegado hasta aquí para arrugarnos. Presidente, ponga las urnas”, le dijo la líder de la Asamblea Nacional Catalana (ANC), la plataforma ciudadana coorganizadora. Y Mas, inclinado a no celebrar el referéndum bajo veto del Estado español, está ahora entre la espada y la pared.

El líder catalán lleva tiempo haciendo surf. Puso fecha y preguntas a la consulta, pero dice que se hará dentro de la ley. Y según la Constitución, solo el Estado tiene la capacidad de convocar un referéndum en España. Por mucho que el Parlamento catalán apruebe una ley de consultas para avalar el referéndum, una ley que será impugnada inmediatamente por Rajoy ante el Tribunal Constitucional.

“Votaremos seguro”, dijo el catalán, “otra cosa serán las condiciones, que no dependen de nosotros”. Mas sigue sobre su tabla, sin aclarar qué ola es la que toma.
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