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El pacman Kicillof

EL AVANCE DEL SUPER MINISTRO.De Lorenzino a Moreno, cómo fue avanzando incluso por fuera de su área. El caso Urribarri y la ministra asustada.



Un Master en poder. Un aplazo en gestión. El paso de Axel Kicillof por el Gobierno tiene dos caras paradójicamente contrapuestas. Se convirtió en el ministro de Economía con más poder real que recuerde la democracia moderna, mientras todos los parámetros mensurables desde que asumió formalmente el cargo, en noviembre pasado, caen en picada.

El avance serio de Kicillof comenzó cuando era viceministro de Economía, como secretario de Política Económica del área y, en paralelo, manejaba las cuentas de la deficitaria Aerolíneas Argentinas. Su zarpazo sobre Hernán Lorenzino, el aliado de Amado Boudou que llegaba para normalizar la relación con el mercado internacional y terminó confesando que se quería ir, fue la confirmación formal de una clásico doble juego K: el que dice que un funcionario de menor rango puede ostentar el verdadero poder.

Pero su llegada como ministro de Economía, no sólo sacó de la cancha al jefe oficial, sino que barrió en el mismo sopapo a otro competidor de menor estirpe intelectual pero aún más emblemático de la brutalidad K para manejar el día a día. Como secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno resistió a todos los ministros de Economía, menos a Kicillof.

¿De dónde salió el reemplazante de Moreno? De otra área que Kicillof ya había copado: la Secretaría de Relaciones Económicas de la Cancillería. También el ministro fue avanzando sobre Planificación, de Julio de Vido, con visibilidad en el rubro energética. Daniel Cameron, el secretario del déficit, los subsidios dudosos y los cortes de luz, fue otro de los que bancó todos los embates menos el del funcionario que usa patillas pero no corbata. Lo sucedió otra kicillofista: Mariana Matranga.

Hubo embates menos trascendentes en los medios, pero tan interesantes como los otros. Porque Kicillof mostró que si pierde, al menos lo hará por la menor diferencia posible. Fueron sonoras sus diferencias con Miguel Galuccio, el hombre que llegó a YPF de la mano del gobernador Sergio Urribarri. Pues bien: el ministro no se pudo cargar al titular de la petrolera, pero sí se llevó puesto a otro aliado del entrerriano. El catalogado "joven brillante" Mauro Alem, que comandaba el Banco de Inversión y Comercio Exterior (BICE) y, ambicioso, soñaba alguna vez con llegar al Ministerio de Economía. Se quedó en el camino. Lo reemplazó otro amigo de Kicillof: Federico Pastrana.

La historia más reciente del pacman del poder ubica a Juan Carlos Fábrega entre los enemigos derribados. Nada indica que la invasión vaya a detenerse, aún cuando la economía cruje cada vez más fuerte. ¿Alguien debe preocuparse? Hace tiempo que Kicillof le transmite a Cristina su disgusto con la ministra de Industria, Débora Giorgi.
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