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El Papa Francisco sería bienvenido en China




Entrevista con Paolo Xie Ting-zhe, obispo católico de Urumqi (y sin reconocimiento del gobierno): En la provincia de Xinjiang no existe la Asociación patriótica. Y hemos salido adelante bien»


Usted, obispo Pablo Xie, ¿estaría contento de reunirse con el Papa?


Claro. No creo que sería algo fácil. Como sea, yo ya me reuní con un Papa.



¿Cuándo fue?


Era 1994. Fui a Roma y fui recibido por Juan Pablo II. Los funcionarios gubernamentales de entonces lo supieron y se enojaron un poco. Me quitaron el pasaporte…


Usted siempre ha rechazado la idea de una Iglesia china «independiente», separada del Papa.


Yo pertenecía a una familia de neófitos, y entré al seminario de Lanzhou a los 15 años. Desde que era seminarista, en el 58, me preguntaban que por qué rechazaba los discursos de los que decían que teníamos que crear una Iglesia independiente, separada del Papa. Me mandaron a un campo en el que se fabricaban zapatos, y luego me trasladaron a una granja de trabajo en Urumqi. Me liberaron en 1980. Era el momento de la apertura, volvían a abrir las Iglesias y los seminarios, después de los años de la Revolución cultural. Me ordenaron sacerdote recién liberado. Había que volver a empezar, no había tiempo que perder.


¿Y luego?



Después de haber sido ordenado sacerdote, preferí volver a Urumqi, en donde había vivido 20 años, conocía el ambiente y podía trabajar con más libertad. Hablé con los funcionarios políticos locales, les expliqué que era fiel al Papa, que habría respetado las leyes civiles y su autoridad, por lo que no era necesario crear aquí ninguna Asociación patriótica de los católicos. Ese órgano utilizado para garantizar el control de la Iglesia desde el interior.


¿Le hicieron caso?



Es un hecho que en la provincia de Xinjiang la Asociación patriótica no existe. Y seguimos adelante, colaborando directamente y sin intermediarios con las autoridades y los poderes locales. Esta es una de las razones por las que la Iglesia aquí no está dividida. En otras provincias, las divisiones surgieron por la decisión de aceptar o no los vínculos y los procedimientos relacionados con la acción de los organismos patrióticos. En cambio, en Xinjiang no existen la «comunidad católica clandestina» ni la «comunidad católica oficial». Estamos todos juntos, y respetamos todos juntos las leyes. Las autoridades políticas ven que no tenemos nada que esconder. Todo lo que hacemos es evaluado y autorizado por las autoridades civiles. Desde el punto de vista administrativo y del uso de los recursos, seguimos las disposiciones del Comité para las minorías, que es una institución del gobierno local. Nos dirigimos a ellos para solicitar todos los permisos necesarios para nuestras actividades. Y no hay grandes problemas.


Pero ¿el gobierno reconoce su papel de obispo?


No. Fui ordenado obispo el 25 de noviembre de 1991 por tres obispos «clandestinos», como se les dice, fuera de los procedimientos predispuestos por la política religiosa del gobierno. Los funcionarios locales solo me reconocen como sacerdote. Y puedo trabajar como obispo sin problemas en la ciudad de Urumqi, mientras fuera de la capital hay un sacerdote con el permiso del gobierno y con la licencia necesaria para administrar los sacramentos y ocuparse de las cuestiones propias del obispo.


¿Cómo vive la Iglesia en Xinjiang?


En la provincia hay 18 Iglesias y más de 10 mil católicos; la mitad se concentra en Urumqi. En 1994 solo había 4 sacerdotes, y ahora hay 26. Son jóvenes que estudian en los seminarios financiados por el gobierno, como los de Pekín y de Xian, y vienen aquí a difundir el Evangelio, a enseñar el catecismo, celebrar los sacramentos y ayudar a los pobres y a quienes están en dificultades. Dejan a sus familias y las ciudades de las que provienen. Las instituciones locales, cuando se los presentamos, regularizan sus posiciones, y registran el cambio de residencia. Todo se lleva a cabo en la colaboración con los funcionarios del gobierno. Afrontamos todas las cuestiones hablando directamente con ellos.


¿Hay nuevos bautizados que encuentran el cristianismo en edad adulta?


Hay entre 20 y 30 bautismos para adultos muchas veces al año, celebrados durante las fiestas solemnes. En la sociedad se respira un vacío espiritual, que ahora avanza en todas las ciudades y en todos los ambientes. Muchos acogen el mensaje de Jesús como un don y una esperanza para sus vidas.


¿Siguen las predicaciones de Papa Francisco?


La seguimos todos los días, con internet. Retomamos sus meditaciones, muy adecuadas a la condición de la Iglesia en China. Él dijo incluso que quiere venir a China. Se ve que lleva a China en el corazón.


Y, si fuera, ¿ustedes estarían contentos o tendrían el temor de una instrumentalización de la visita papal?


Claro que estaríamos contentos. ¿Cómo podríamos no estarlo? Papa Francisco sería un huésped bienvenido. Y si viene a China, creo que el gobierno me reconocería incluso como obispo…


Hay quienes desaconsejan al Papa y a la Santa Sede creer demasiado en las negociaciones con el gobierno comunista chino, porque podrían ser engañados o «ceder demasiado». ¿Ustedes comparten esta opinión?


Por supuesto que no. Aquí en Xinjiang no hay divisiones: nosotros los católicos estamos todos unidos, y todos estamos con el papa. Cuando escuchamos que dialoga con el gobierno chino para encontrar un acuerdo, no nos preocupamos. Lo queremos, confiamos en él y seguiremos lo que nos diga. Hay que dialogar y negociar con el gobierno. ¡Lo hacemos nosotros aquí en Urumqi!


Una de las cuestiones fundamentales es el papel de la Asociación patriótica. ¿Cómo podría llegarse a una solución?


Se pueden cambiar algunas cosas, liberarse de esquemas viejos que ya no tienen nada que ver con la realidad actual. Y tal vez el caso particular de Xinjiang puede ser analizado para buscar y proponer soluciones.


¿De qué manera?


En Xinjiang no existe la Asociación patriótica. Y las cosas han salido adelante gracias a las relaciones directas entre la Iglesia y los órganos del gobierno. Sería suficiente transferir las funciones de la Asociación patriótica a un comité del gobierno, absorbiendo al personal, y dejar a un lado el esquema que lo define como un órgano «interno» de dirección de los católicos chinos a nivel eclesial. Así se podrían arreglar las cosas. Y los empleos de los funcionarios y empleados de la Asociación patriótica no correrían peligro. El Comité de los católicos chinos podría convertirse en un organismo del estado con la tarea de garantizar que las actividades eclesiales se desarrollen respetando plenamente la ley.


La otra cuestión controvertida es la de los nombramientos de los obispos. ¿Cómo debe ser afrontada?


Todos los obispos deben estar en comunión con el Obispo de Roma, porque esto es propio de la iglesia católica. Entonces, lo más importante es encontrar una manera para garantizar que en el futuro no haya obispos elegidos sin el nombramiento o el consenso del Papa. Si el diálogo entre la Iglesia y el gobierno encuentra una manera para garantizarlo, el mayor problema se resolvería.


¿Hay diferencias en el trato que reciben los cristianos y los musulmanes que viven en Xinjiang?


Las reglas y los organismos que las ponen en acto son iguales para todos. Pero, tal vez, prefieren tratar con nosotros, porque estamos dispuestos a colaborar más. El gobierno teme que los musulmanes de Xinjiang se contagien con las ideas de los grupos yihadistas.


Entre los sacerdotes chinos «falta» una generación intermedia, y usted, como obispo, está rodeado por sacerdotes mucho más jóvenes. ¿Cómo se encuentra con ellos?


¡Muy bien! Son muy buenos, me ayudan, me siguen y saben que ellos son el futuro. Todos son mis «brazos derechos» (ríe).



El obispo Xie Ting-zhe con el Papa Wojtyla
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