Check the new version here

Popular channels

“El peruano es un gran improvisador”

Hay talento para sortear las dificultades, pero carecemos de una infraestructura adecuada para educarnos, advierte.



Juan José Garrido ([email protected])
Testigo de excepción de la evolución política, social y económica del Perú en las últimas décadas, Felipe Ortiz de Zevallos nos recibe para darnos su visión de país con un análisis que desmenuza los altibajos del desarrollo económico y las carencias de la clase política para hallar consensos.

¿Cuál es tu balance de estos últimos 24 años?
Creo que el caso del Perú es bien particular. Ya en los seminarios sobre el tema político se empieza a hablar de “la paradoja peruana”. En los últimos 20 años, el Perú ha crecido económicamente, pero a la vez ha debilitado su institucionalidad. Estamos significativamente mejor en lo económico, pero menos bien en lo político. Y no queda claro cuánto tiempo es sostenible esto. Cuando salía de la universidad, el Perú se comparaba con Colombia y Chile. Hoy creo que nuestra gestión pública y gestión regional probablemente están por debajo de Ecuador y Bolivia.

Según el ránking del WEF, Perú está en el puesto 21 en ambiente macroeconómico y en el 118 en instituciones.
Existen distintas maneras de medir. Tenemos también el índice de democracia de The Economist, y distintos indicadores. Por ejemplo, hay uno que mide participación electoral. En el Perú el voto es obligatorio, por lo cual tenemos mejores números que Colombia o Chile, donde es voluntario. Pero para nosotros el indicador más peligroso es que en el Perú tenemos dos mil alcaldes, mientras que Chile funciona con 350 y Colombia no llega ni a mil siendo un país más grande. Solo Lima tiene 43 alcaldes, más los cuatro del Callao. Me parece que a estas elecciones se presentan 180 movimientos regionales. Los partidos políticos nacionales tienen vergüenza de presentar sus candidatos.

¿Hay un exceso de candidaturas?
Tener tantos candidatos en cada distrito es una locura, y ocurre incluso en los distritos mejor gobernados de Lima. Es muy difícil comparar para tener un voto más o menos coherente. Recuerdo que, cuando estaba de embajador en EE.UU., me pedían que fuese a dar charlas sobre el Perú y el indicador que más sorprendía era la cédula de votación. Los americanos cuando tienen tres candidatos entran en trompo. Su reacción ante el mapa político del Perú era: ¿y eso cómo se gobierna? Ocurre que, como ha habido bonanza, como ha habido capacidad de gasto en gobiernos locales y regionales, no ha habido espacio para la tensión más allá de las ideas sobre el rol de la minería en las regiones. Pero sobre los demás temas no ha habido mayor conflicto. Cuando vengan años de vacas flacas, evidentemente va a darse una tensión política no fácil de administrar. Ante ese escenario, rescatar el rol de los políticos es clave.

Cuando lleguen las vacas flacas, se van a ahondar las contradicciones…
Claro. Y en el Perú son peores. Nos hemos acostumbrado a decir que, como nos está yendo bien, estamos más desarrollados, pero basta que comparemos el gobierno de Cuenca en Ecuador con Cajamarca o Santa Cruz en Bolivia con Madre de Dios para ver que no es así. La cuestión regional es un tema que se va a tener que resolver en los próximos años o en el futuro nos encontraremos retrocediendo en el tiempo mentalmente para darnos cuenta de que no le prestamos suficiente atención. Además, tenemos lo que Moisés Naim llama “reformas de segunda generación”. Para las de primera, las reformas económicas, basta con que un buen equipo del MEF las haga, pero lo demás requiere consensos y, evidentemente, ver cómo integrar a los distintos grupos políticos, estudiosos y el sector empresarial para lograr una reformulación política que incluya el tema de la descentralización, los partidos políticos, la reforma del Estado. Todo eso es una tarea de largo plazo que hay que empezar ahora.

¿Durante estos 24 años, nuestra sociedad se ha vuelto más horizontal o sigue siendo una estructura piramidal?
Depende. El Perú es un país fragmentado, que requiere un mayor esfuerzo de integración. Claro, uno va a Mistura y cualquier latinoamericano se queda sorprendido porque es una celebración del mestizaje. El manejo empresarial siento que es bastante más horizontal; creo que, por ejemplo, los chilenos son más jerárquicos. Aquí se actúa con bastante soltura, sin poner los rangos como una limitación para la comunicación. Es un proceso mixto, hay señales muy buenas y otras en las que todavía se mantiene ese abismo social del que hablaba Jorge Basadre.

¿Hemos abrazado nuestra diversidad como un valor?
Recuerdo que, cuando estaba de embajador en Estados Unidos, los peruanos en la zona de Washington quisieron participar en el desfile cívico que se hace allá el 4 de julio. Fueron a la embajada y me pidieron que los acompañe. Cuando llegué, había 20 caballos de paso con chalanes, 30 o 40 alpacas, las pobres alpacas estaba embutidas en camionetas con aire acondicionado porque hacía un calor insoportable, y había un grupo de danzas folclóricas de la selva. Empezamos a caminar y el organizador de la delegación peruana iba diciendo: “No se separen, no se separen que van a creer que somos todos de países distintos”. Esa idea de que el Perú implica la mezcla de muchas cosas es un factor presente. El efecto cultural en estos veinte y tantos años ha sido positivo. Cuando yo fui a la universidad, mi promoción fue probablemente la primera que tenía gratuidad de enseñanza y, por tanto, los estudiantes provenían de todos los sectores sociales. Se notaba la tensión. Creo que hoy eso ya no ocurre.


¿Qué ha promovido este cambio en las élites empresariales en cuanto a la visión del Perú?
Creo que el proceso empresarial hay que verlo con un ángulo generacional: la gente de más de 50 es distinta a la gente de 30 o menos. En ningún momento hemos encontrado un contraste mayor. Creo que en el ambiente empresarial puede haber en parte algo de ceguera, de decir estos son los años dorados del Perú y, entonces, mejor los problemas políticos los ponemos debajo de la alfombra y que se encarguen de ellos los políticos. Pero no es generalizado. Hay gente que es consciente de la necesidad de afrontar los problemas políticos.

Pero sí es cierto que en nuestro país las élites huyen de la política, lo que no ocurre en Chile, Colombia e incluso Ecuador, donde se ven exitosos empresarios o intelectuales ingresando a la política.
Uno tendría que regresar al Perú de antes de Velasco para ver eso, es cierto. El gobierno militar quiso destruir lo que había para crear una sociedad que nadie entendía bien en qué consistía. Es curioso, además, que el gobierno militar terminó entregando el poder al presidente que había derrocado, algo que me parece que no ha ocurrido en ningún otro lugar. Al gobierno militar habría que sumar la aparición de un personaje tan especial como Alan García, que también puede haber limitado la incursión de las élites en política. Es una limitación que tenemos como país y es algo que debemos intentar superar.

Nos encontramos a siete años del bicentenario, una fecha memorable, pero si miramos un poco más allá, al 2030 o 2050, no sé si el país se encuentra alineado con los enormes cambios tecnológicos que ocurrirán…
Hace poco leía que hoy un trasplante de riñón nos parece algo de lo más complicado, pero dentro de 20 años nos va a parecer el procedimiento más normal del mundo. No sabemos cuál va a ser la tecnología predominante, pero sí que las cosas van a cambiar de manera dramática. Y es cierto que, como país, no estamos ni por asomo cerca de la frontera tecnológica. Creo que en los próximos años deberíamos sacar un índice que nos compare con México, Colombia y Chile, con aquellos países que conforman la Alianza del Pacifico. Tenemos también una brecha de infraestructura y educativa. Afortunadamente creo que Jaime Saavedra es una persona bastante pragmática, con una capacidad de gestión de nivel internacional. Ojalá se pueda quedar un buen tiempo. Cuando uno mira la estadística para atrás, el indicador más importante para ver cómo mejorar la educación es ver cuánto dura el ministro de Educación en el cargo. Hemos tenido tiempos en que los ministros de Educación duraban meses porque no aguantaban la huelga del Sutep y renunciaban. Pero es importante saber con quiénes debemos compararnos, y la primera referencia deberían ser los países que mencionaba antes.

Si uno ve los ránkings, Perú aparece muy abajo en instituciones y educación. En general, América Latina aparece abajo, y por ello da la sensación de que es un problema de la mentalidad latinoamericana…
Puede ser. Quizá se deba a una sociedad más tradicional, menos preocupada. Octavio Paz decía que EE.UU. era un país organizado en función del trabajo y México en función de la fiesta, y hay algo de eso, pero también es cierto que nos encontramos con una región razonablemente pacífica, donde Perú y Chile elevan sus diferencias a cortes internacionales y acatan los fallos. Así que no soy tan pesimista sobre la proyección futura de la región, y soy optimista respecto al Perú siempre y, cuando estemos seguros de que el tablero de control sea el adecuado y no solo estemos viendo las luces verdes de reservas internacionales y de la inflación, sino que miremos algunas luces rojas de la crisis política, escasez de partidos políticos, la poca participación en la gestión pública. Es un proceso medio lento, pero sí veo señales positivas.

¿Mencionarías algunas?
Hace poco un ingeniero americano me dijo que vino para dar una charla en San Marcos. Después de la charla se abrió el turno de preguntas y así identificó a los cuatro o cinco con una mente muy potente, y los fichó para que empiecen a trabajar para él desde Perú. Gracias a la manera en que está conectado el mundo hoy en día, el hecho de que el talento esté repartido de manera tan aleatoria no es un problema ya. Alguien de Silicon Valley puede venir acá y detectar a los ingenieros que le sirven y contratarlos. Tenemos talento suficiente para ser optimistas.

¿Hacia dónde ves el tránsito del Perú en los próximos años?
En esta transformación dramática que se está dando, si uno apostara a una tendencia, tendría que ser por la gran expansión de la clase media global, una clase media como la que está apareciendo en nuestro país. Y eso supone unas oportunidades que para los peruanos son fáciles de identificar, como, por ejemplo, han hecho los hermanos Añaños. Lo que ha hecho AJE es muy inteligente: oye, hay una empresa que se llama Coca Cola que gasta 35% de los costos en publicidad, imagen y marca, y yo puedo producir lo mismo, no gastar ese porcentaje en márketing, suponer que el boca a boca reemplace eso y que esta clase emergente mundial, en lugar de pagar un dólar por la Coca Cola, pague 65 centavos por el equivalente. Cuando uno tiene ese producto y lo lanza en Europa, nadie lo compra, pero, cuando lo lanzas en Indonesia, tienes el mismo mercado, la misma manera de pensar que la que puede tener el consumidor peruano. Y así ocurre en distintos rubros y distintos mercados, que yo creo que el peruano va a estar en capacidad de identificar. Aparte de eso, hay lo que comentaba Rolando Arellano en una anterior entrevista acerca del turismo, de la biodiversidad. Ahí hay también una oportunidad. El Perú, por ejemplo, tiene la mayor diversidad de mariposas del mundo.

Y en ese sentido, ¿cuáles son las principales restricciones para nuestro desarrollo?
Por la parte política, espero que podamos dar un salto cualitativo en los próximos 15 años, reformas tanto estructurales como en aspectos muy sencillos. Por ejemplo, es absurdo que en el Congreso los presidentes de las comisiones cambien todos los años. En EE.UU., recuerdo cuando veíamos el tema del tratado de libre comercio (TLC), los miembros de las comisiones de Turismo y Finanzas estaban allí hace 15 años. Por ende, sabían de lo que estaban hablando. Aquí las caras van cambiando cada año y es imposible tener una interacción que llegue a algo. Creo que hay que darle una atención a la parte política e ir con las modificaciones que se tengan que dar en la Constitución, descentralización, aparato estatal, numero de ministros en el gabinete, etcétera…






Juan José Garrido ([email protected])
Testigo de excepción de la evolución política, social y económica del Perú en las últimas décadas, Felipe Ortiz de Zevallos nos recibe para darnos su visión de país con un análisis que desmenuza los altibajos del desarrollo económico y las carencias de la clase política para hallar consensos.

¿Cuál es tu balance de estos últimos 24 años?
Creo que el caso del Perú es bien particular. Ya en los seminarios sobre el tema político se empieza a hablar de “la paradoja peruana”. En los últimos 20 años, el Perú ha crecido económicamente, pero a la vez ha debilitado su institucionalidad. Estamos significativamente mejor en lo económico, pero menos bien en lo político. Y no queda claro cuánto tiempo es sostenible esto. Cuando salía de la universidad, el Perú se comparaba con Colombia y Chile. Hoy creo que nuestra gestión pública y gestión regional probablemente están por debajo de Ecuador y Bolivia.

Según el ránking del WEF, Perú está en el puesto 21 en ambiente macroeconómico y en el 118 en instituciones.
Existen distintas maneras de medir. Tenemos también el índice de democracia de The Economist, y distintos indicadores. Por ejemplo, hay uno que mide participación electoral. En el Perú el voto es obligatorio, por lo cual tenemos mejores números que Colombia o Chile, donde es voluntario. Pero para nosotros el indicador más peligroso es que en el Perú tenemos dos mil alcaldes, mientras que Chile funciona con 350 y Colombia no llega ni a mil siendo un país más grande. Solo Lima tiene 43 alcaldes, más los cuatro del Callao. Me parece que a estas elecciones se presentan 180 movimientos regionales. Los partidos políticos nacionales tienen vergüenza de presentar sus candidatos.

¿Hay un exceso de candidaturas?
Tener tantos candidatos en cada distrito es una locura, y ocurre incluso en los distritos mejor gobernados de Lima. Es muy difícil comparar para tener un voto más o menos coherente. Recuerdo que, cuando estaba de embajador en EE.UU., me pedían que fuese a dar charlas sobre el Perú y el indicador que más sorprendía era la cédula de votación. Los americanos cuando tienen tres candidatos entran en trompo. Su reacción ante el mapa político del Perú era: ¿y eso cómo se gobierna? Ocurre que, como ha habido bonanza, como ha habido capacidad de gasto en gobiernos locales y regionales, no ha habido espacio para la tensión más allá de las ideas sobre el rol de la minería en las regiones. Pero sobre los demás temas no ha habido mayor conflicto. Cuando vengan años de vacas flacas, evidentemente va a darse una tensión política no fácil de administrar. Ante ese escenario, rescatar el rol de los políticos es clave.

Cuando lleguen las vacas flacas, se van a ahondar las contradicciones…
Claro. Y en el Perú son peores. Nos hemos acostumbrado a decir que, como nos está yendo bien, estamos más desarrollados, pero basta que comparemos el gobierno de Cuenca en Ecuador con Cajamarca o Santa Cruz en Bolivia con Madre de Dios para ver que no es así. La cuestión regional es un tema que se va a tener que resolver en los próximos años o en el futuro nos encontraremos retrocediendo en el tiempo mentalmente para darnos cuenta de que no le prestamos suficiente atención. Además, tenemos lo que Moisés Naim llama “reformas de segunda generación”. Para las de primera, las reformas económicas, basta con que un buen equipo del MEF las haga, pero lo demás requiere consensos y, evidentemente, ver cómo integrar a los distintos grupos políticos, estudiosos y el sector empresarial para lograr una reformulación política que incluya el tema de la descentralización, los partidos políticos, la reforma del Estado. Todo eso es una tarea de largo plazo que hay que empezar ahora.

¿Durante estos 24 años, nuestra sociedad se ha vuelto más horizontal o sigue siendo una estructura piramidal?
Depende. El Perú es un país fragmentado, que requiere un mayor esfuerzo de integración. Claro, uno va a Mistura y cualquier latinoamericano se queda sorprendido porque es una celebración del mestizaje. El manejo empresarial siento que es bastante más horizontal; creo que, por ejemplo, los chilenos son más jerárquicos. Aquí se actúa con bastante soltura, sin poner los rangos como una limitación para la comunicación. Es un proceso mixto, hay señales muy buenas y otras en las que todavía se mantiene ese abismo social del que hablaba Jorge Basadre.

¿Hemos abrazado nuestra diversidad como un valor?
Recuerdo que, cuando estaba de embajador en Estados Unidos, los peruanos en la zona de Washington quisieron participar en el desfile cívico que se hace allá el 4 de julio. Fueron a la embajada y me pidieron que los acompañe. Cuando llegué, había 20 caballos de paso con chalanes, 30 o 40 alpacas, las pobres alpacas estaba embutidas en camionetas con aire acondicionado porque hacía un calor insoportable, y había un grupo de danzas folclóricas de la selva. Empezamos a caminar y el organizador de la delegación peruana iba diciendo: “No se separen, no se separen que van a creer que somos todos de países distintos”. Esa idea de que el Perú implica la mezcla de muchas cosas es un factor presente. El efecto cultural en estos veinte y tantos años ha sido positivo. Cuando yo fui a la universidad, mi promoción fue probablemente la primera que tenía gratuidad de enseñanza y, por tanto, los estudiantes provenían de todos los sectores sociales. Se notaba la tensión. Creo que hoy eso ya no ocurre.

¿Qué ha promovido este cambio en las élites empresariales en cuanto a la visión del Perú?
Creo que el proceso empresarial hay que verlo con un ángulo generacional: la gente de más de 50 es distinta a la gente de 30 o menos. En ningún momento hemos encontrado un contraste mayor. Creo que en el ambiente empresarial puede haber en parte algo de ceguera, de decir estos son los años dorados del Perú y, entonces, mejor los problemas políticos los ponemos debajo de la alfombra y que se encarguen de ellos los políticos. Pero no es generalizado. Hay gente que es consciente de la necesidad de afrontar los problemas políticos.

Pero sí es cierto que en nuestro país las élites huyen de la política, lo que no ocurre en Chile, Colombia e incluso Ecuador, donde se ven exitosos empresarios o intelectuales ingresando a la política.
Uno tendría que regresar al Perú de antes de Velasco para ver eso, es cierto. El gobierno militar quiso destruir lo que había para crear una sociedad que nadie entendía bien en qué consistía. Es curioso, además, que el gobierno militar terminó entregando el poder al presidente que había derrocado, algo que me parece que no ha ocurrido en ningún otro lugar. Al gobierno militar habría que sumar la aparición de un personaje tan especial como Alan García, que también puede haber limitado la incursión de las élites en política. Es una limitación que tenemos como país y es algo que debemos intentar superar.

Nos encontramos a siete años del bicentenario, una fecha memorable, pero si miramos un poco más allá, al 2030 o 2050, no sé si el país se encuentra alineado con los enormes cambios tecnológicos que ocurrirán…
Hace poco leía que hoy un trasplante de riñón nos parece algo de lo más complicado, pero dentro de 20 años nos va a parecer el procedimiento más normal del mundo. No sabemos cuál va a ser la tecnología predominante, pero sí que las cosas van a cambiar de manera dramática. Y es cierto que, como país, no estamos ni por asomo cerca de la frontera tecnológica. Creo que en los próximos años deberíamos sacar un índice que nos compare con México, Colombia y Chile, con aquellos países que conforman la Alianza del Pacifico. Tenemos también una brecha de infraestructura y educativa. Afortunadamente creo que Jaime Saavedra es una persona bastante pragmática, con una capacidad de gestión de nivel internacional. Ojalá se pueda quedar un buen tiempo. Cuando uno mira la estadística para atrás, el indicador más importante para ver cómo mejorar la educación es ver cuánto dura el ministro de Educación en el cargo. Hemos tenido tiempos en que los ministros de Educación duraban meses porque no aguantaban la huelga del Sutep y renunciaban. Pero es importante saber con quiénes debemos compararnos, y la primera referencia deberían ser los países que mencionaba antes.

Si uno ve los ránkings, Perú aparece muy abajo en instituciones y educación. En general, América Latina aparece abajo, y por ello da la sensación de que es un problema de la mentalidad latinoamericana…
Puede ser. Quizá se deba a una sociedad más tradicional, menos preocupada. Octavio Paz decía que EE.UU. era un país organizado en función del trabajo y México en función de la fiesta, y hay algo de eso, pero también es cierto que nos encontramos con una región razonablemente pacífica, donde Perú y Chile elevan sus diferencias a cortes internacionales y acatan los fallos. Así que no soy tan pesimista sobre la proyección futura de la región, y soy optimista respecto al Perú siempre y, cuando estemos seguros de que el tablero de control sea el adecuado y no solo estemos viendo las luces verdes de reservas internacionales y de la inflación, sino que miremos algunas luces rojas de la crisis política, escasez de partidos políticos, la poca participación en la gestión pública. Es un proceso medio lento, pero sí veo señales positivas.

¿Mencionarías algunas?
Hace poco un ingeniero americano me dijo que vino para dar una charla en San Marcos. Después de la charla se abrió el turno de preguntas y así identificó a los cuatro o cinco con una mente muy potente, y los fichó para que empiecen a trabajar para él desde Perú. Gracias a la manera en que está conectado el mundo hoy en día, el hecho de que el talento esté repartido de manera tan aleatoria no es un problema ya. Alguien de Silicon Valley puede venir acá y detectar a los ingenieros que le sirven y contratarlos. Tenemos talento suficiente para ser optimistas.

¿Hacia dónde ves el tránsito del Perú en los próximos años?
En esta transformación dramática que se está dando, si uno apostara a una tendencia, tendría que ser por la gran expansión de la clase media global, una clase media como la que está apareciendo en nuestro país. Y eso supone unas oportunidades que para los peruanos son fáciles de identificar, como, por ejemplo, han hecho los hermanos Añaños. Lo que ha hecho AJE es muy inteligente: oye, hay una empresa que se llama Coca Cola que gasta 35% de los costos en publicidad, imagen y marca, y yo puedo producir lo mismo, no gastar ese porcentaje en márketing, suponer que el boca a boca reemplace eso y que esta clase emergente mundial, en lugar de pagar un dólar por la Coca Cola, pague 65 centavos por el equivalente. Cuando uno tiene ese producto y lo lanza en Europa, nadie lo compra, pero, cuando lo lanzas en Indonesia, tienes el mismo mercado, la misma manera de pensar que la que puede tener el consumidor peruano. Y así ocurre en distintos rubros y distintos mercados, que yo creo que el peruano va a estar en capacidad de identificar. Aparte de eso, hay lo que comentaba Rolando Arellano en una anterior entrevista acerca del turismo, de la biodiversidad. Ahí hay también una oportunidad. El Perú, por ejemplo, tiene la mayor diversidad de mariposas del mundo.

Y en ese sentido, ¿cuáles son las principales restricciones para nuestro desarrollo?
Por la parte política, espero que podamos dar un salto cualitativo en los próximos 15 años, reformas tanto estructurales como en aspectos muy sencillos. Por ejemplo, es absurdo que en el Congreso los presidentes de las comisiones cambien todos los años. En EE.UU., recuerdo cuando veíamos el tema del tratado de libre comercio (TLC), los miembros de las comisiones de Turismo y Finanzas estaban allí hace 15 años. Por ende, sabían de lo que estaban hablando. Aquí las caras van cambiando cada año y es imposible tener una interacción que llegue a algo. Creo que hay que darle una atención a la parte política e ir con las modificaciones que se tengan que dar en la Constitución, descentralización, aparato estatal, numero de ministros en el gabinete, etcétera…

Consideras que existe un exceso de burocracia gubernamental a todo nivel…
En Francia acaban de reducir las regiones de 22 a 13. ¿Por qué el Perú no puede integrar las regiones? Si en lugar de 25 regiones tuviéramos ocho o nueve, y, en lugar de 43 alcaldes distritales en Lima, tuviéramos 15, la gestión sería mucho más eficiente. El propio gabinete (18 miembros) es un número muy grande. No constituye un grupo manejable. Ninguna empresa del mundo tiene un directorio con tantos miembros. Ese tema político es clave. Creo que algo hay que hacer en la parte de innovación, en ciencia y tecnología, pensamiento de país. Es mucho mejor que se haga a nivel de alianza publico-privada. El grado de confianza en las instituciones en el Perú es relativamente bajo, y eso también pasa porque el ciudadano no entiende cómo debe dirigirse a sus autoridades, quiénes son, ni espera respuesta. Hay un tema de informalidad, porque se da una legislación que solo afecta al 25% de la población formal y el otro 75% sigue en una lucha cotidiana casi salvaje para poder prosperar.

¿La informalidad es una restricción para el desarrollo?
Por supuesto. Es una dificultad para crecer, que se debe combatir severamente…

¿Cuál crees que ha sido la tendencia hasta ahora para construir nuestra nación? ¿Qué es lo típico de los peruanos?
Creo que el peruano es un gran improvisador, lo cual a veces es una ventaja y a veces una limitación. Decimos: “Ya lo iremos resolviendo”; sin embargo, cuando viene la crisis, la capacidad de moverse es efectiva. Siempre habrá una manera de arreglar las cosas, de obtener lo que hace falta. Me parece algo bien peruano.

Es una buena definición. Engloba parte de la informalidad y de la creatividad que nos caracteriza. Y eso lo ves en toda estructura: política, social, cultural… ¿Tu visión del Perú hacia el futuro es optimista, neutra o pesimista?
Creo que es cautelosa, porque el tema político es una tarea pendiente. Moisés Naim hablaba de los cinco indicadores claves para diagnosticar a un país. Primero, la vulnerabilidad a una crisis financiera: en eso estamos bien; las reservas, si hay una gran crisis mundial, protegen al Perú y aguantaríamos bien. Segundo es el monto y calidad de inversión, que hemos superado y esta desconfianza que hay debemos superarla: el sector público y privado pueden tener más confianza con obras por impuestos y asociaciones público-privadas. Un tercer tema es la inequidad: en los últimos 20 años se ha visto la disminución de la pobreza y hay una actitud bastante buena. Cuarto, el tema de las instituciones, ahí sí estamos jalados. Y un quinto es la brecha ideológica, y yo creo que en el Perú es bien reducida. Uno va a Tacna y resulta que hay 10 movimientos regionales de Tacna, pero todos son Vamos Tacna, Arriba Tacna, Todos con Tacna. Todos son parecidos, no hay mucha diferencia ideológica.

Las elecciones presidenciales del año 2011 han sido prueba de eso. No había forma de ir por el medio. A muchos nos ha tomado unos años tener la tranquilidad de que no vamos a optar por un modelo chavista.
También es un poco de esta sociedad tradicional donde para mis amigos todo, para mis enemigos la ley. Curiosamente vas a cada sitio de América Latina y ellos creen que es su frase. En realidad, es una frase impactante de una sociedad muy tradicional donde el prójimo es tu familia, y poco más, donde no hay conciencia clara de ciudadanía, donde el ciudadano todavía no tiene una representación.





Fin coleites

0
0
0
0
0No comments yet