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El placer de volver a pecar en la autopista del IS a Europa




Lo más revolucionario de este viernes en una pequeña ciudad del norte de Siria, fue sonreír. Gozar de un pequeño placer sin sufrir un severo castigo volvió a ser posible y fue, además, motivo de júbilo. Desterrado el auto denominado Estado Islamico (IS en siglas inglesas) y su imperio sórdido de la localidad de Manbiy, docenas de vecinos lo celebraron afeitando sus barbas, descubriéndose los rostros, fumando o quemando las telas negras con las que los yihadistas obligaban a las mujeres a vestirse.

"Siento alegría, [es como] un sueño, estoy soñando. No puedo creerlo, no puedo. He visto cosas que nadie ha visto", exclamaba una mujer desde aquella ciudad, liberada tras 73 días de duros combates. Ella era una más de los varios cientos de civiles rescatados ayer, en Manbiy y aledaños, y a los que el IS usó como 'escudos humanos' para agenciarse una huida segura de la ciudad según un miembro de la coalición vencedora Fuerzas Sirias Democráticas (SDF).

Esta fuente aseguró ayer a la agencia France Presse que "parte de los civiles pudo escapar [del IS] en la carretera", mientras que "otros fueron puestos en libertad". "Ya no hay ni yihadistas, ni partidarios del grupo. Se marcharon todos", declaró el Observatorio Sirio para los DDHH. Un día antes Shervane Darwish, portavoz de las SDF, explicó que militantes del IS habían huido de Manbiy empotrados en un convoy de vehículos particulares, cargados de civiles, con destino Yarabulus.

Yarabulus, 40 Km al norte de Manbiy y pegada a la frontera turcosiria, es la última gran posesión del IS junto a la divisoria. No obstante, la toma de Manbiy corta la principal vía de suministro que le quedaba al IS, desde Turquía hasta Raqqa, la mayor ciudad que ocupan en Siria, lo que inutiliza Yarabulus. Por lo tanto, desde ayer, el IS ve seriamente comprometida su capacidad de introducir recursos materiales y humanos del exterior y, a su vez, de enviar terroristas a Europa.

"La conexión con la frontera turca les daba mucha relevancia, les proporcionaba un sentido de estructura estatal", advierte Gabriel Garroum, un doctorando en el Departamento de Estudios de la Guerra en el prestigioso King's College que lleva un largo período investigando el gobierno del IS en Irak y Siria. La pérdida de Manbiy "les afectará a nivel de gobernanza", añade, "porque el discurso de ser un estado que da servicios sólo es efectivo cuando tienes una estructura funcional".

Parte del éxito del dictado del Estado Islámico en sus territorios, extendidos por la cuenca del Éufrates, además de Mosul y algunas localidades aisladas, es la concesión de servicios básicos. Son cruciales porque, según se desprende de varias entrevistas realizadas en el pasado por EL MUNDO con habitantes de territorios en manos del IS, sólo cuando estos servicios funcionan con normalidad la mayoría de civiles son capaces de aceptar las draconianas normas de los yihadistas.

Entre estas reglas hay la prohibición de fumar, cuyo castigo puede conllevar amputaciones, la exigencia de que las mujeres vayan completamente cubiertas o el mandato de cerrar las tiendas durante los cinco rezos diarios, que deben realizarse en público so duras represalias en caso omiso. Esta presión explica que ayer, por primera vez tras más de dos años y medio sufriendo el gobierno de los apocalípticos del IS, la celebración de hasta el acto más natural para nosotros fuese triunfal.

El nuevo gobierno de Manbiy será un consejo ciudadano cuya composición las SDF - integradas principalmente por milicias kurdosirias junto a grupos armados árabes y turcomanos menores - se han comprometido hacer inclusiva y con un buen porcentaje de líderes locales. Su labor será importante para restablecer la paz porque Manbiy, a diferencia de otras localidades del norte de Siria tomadas por las SDF en los últimos meses, es árabe y tradicionalmente reacia al domino kurdo.

El Observatorio Sirio para los DDHH, un ente pro opositor que recoge datos de una red de activistas sobre el terreno, ha asegurado que en la ofensiva sobre Manbiy han muerto 437 civiles, 203 de los cuales murieron en bombardeos aéreos de la coalición anti IS que lidera EEUU. El descontento popular por tantas vidas humanas perdidas dificultará también la tarea de los nuevos dirigentes. De su buen hacer dependerá que, en Raqqa, la próxima intervención resulte exitosa y brinde una paz duradera.
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