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El porno, ¿con o sin preámbulos?



El porno ya no es lo que era. La industria, el formato y los cauces han cambiado. La escenografía sexual explícita sigue presente, sin embargo esa mezcla de trama, sexualidad e incluso humor que invadía algunos de los clásicos como 'Garganta profunda' -la historia protagonizada por Linda Lovelace que no siente placer en el acto sexual y que se convirtió en un icono de los años 70- ha dado paso a un cine cuidadamente descuidado, al 'aquí te pillo aquí te mato' de toda la vida.

"A principios de los 70 el porno era cine con todas sus consecuencias, barato porque era de 'serie B', pero exigía el mismo equipo técnico y los mismos parámetros que una película convencional", asegura Paco Gisbert, crítico de cine erótico. Sin embargo, esa profundidad se ha perdido. La llegada de internet, la invasión del porno gratuito y la crisis económica han obligado al sector a reinventarse. "Ya no se graba para hacer una película sino para hacer escenas sueltas", confirma Gisbert.

Las productoras han dado la bienvenida a la era digital. El llamado cine porno temático ofrece una variedad infinita de vídeos virales cuya duración ronda de media los 20 minutos. Rápido y eficaz, este nuevo concepto de porno se despide de los guiones elaborados y del factor de contextualización, "ahora quieren ir al grano", comenta Xaro Castellà, fotógrafa profesional. La variedad y la interactividad se convierten en factores indispensables. "Hay una nueva moda en la que si te ha gustado la escena puedes pagar por ver a la chica en el momento a través de la webcam", dice Gisbert.

Cámara en mano solo se precisa de uno, dos o varios protagonistas. El arte como tal ya no existe. Los costes de producción bajan considerablemente -una escena puede costar según los expertos entre 600 o 700 euros- pero a este declive también va unida la de los sueldos de los actores y actrices. "Hace 10 años, por escena ganaban 800 o 1.000 euros, ahora a duras penas cobran 250 euros, es decir, 1/4 parte de lo que se cobraba antes", apostilla Gisbert.

Y mientras la industria cambia, la sociedad con ella. La gratuidad que ofrece la red se ha convertido en la ruina de muchos negocios. Entre ellos, el porno. "Con la llegada de internet ha habido una grave crisis económica que afecta a toda la industria", expone Lucas Soler, otro especialista del sector, con quien coincide Gisbert: "cada vez hay menos gente que paga por el porno". Las páginas 'tube' y los vídeos amateurs de parejas desconocidas han protagonizado un nuevo mercado. La sociedad ya no busca a profesionales sino que se conforman con cualquier protagonista que le hagan pasar un momento de placer. Y si no tiene que pagar por ello, mejor.

Contrastan actores como Nacho Vidal que sacan provecho de esta situación: "antes de que lo regalen otros, lo regalas tu". Y la verdad es que tampoco le ha ido tan mal. "Igual te pagan 25.000 euros por poner un baner chiquitito de publicidad en tu página web". Él no entiende de crisis, "no hay drama, si eres buen profesional lo consigues". Incluso asegura que a través del tráfico generado por la exposición y venta de sus productos y la publicidad que estos originan, gana más que distribuyendo pornografía: "Es un canal de TV que va directamente a la gente que quieres que vea tu producto; directo".

Esta cuestión, unida a la presencia de piratería en el sector, ha generado la improbabilidad de labrarse un futuro como estrella del porno en España. "Es muy complicado vivir del porno en España si no te vas fuera", manifiesta Gisbert. En Estados Unidos la industria es otra cosa. El negativismo de España da paso a un escenario totalmente opuesto. Actores como Nacho Vidal, Toni Ribas o Klara Gold optaron por cruzar el charco y hacerse un hueco en el país de las oportunidades. "En EEUU hay una flexibilidad laboral, la lucha contra la piratería es mas fuerte, las empresas productoras que hacen porno tienen muchos consumidores en todo el mundo y mueven millones de dólares", asevera Soler.

Castellà ha sido testigo de ello. Encargada de captar la esencia de los rodajes de películas de Nacho Vidal, la profesional de fotografía ha presenciado lo diferente que puede llegar a ser un mismo mundo. Las características propias del sector se mantienen, no obstante, "en EEUU es una industria muy potente, está todo mucho más preparado. Por una escena pueden llegar a pagar 1.000 dólares, mientras que en España rozan los 200 euros". El porno cambia, se adapta a la sociedad, a las circunstancias. El porno ni se crea ni se destruye, se transforma.
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