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El porno platense


El porno platense



X Qué es ese ojo, que mira los cuerpos de otras vidas de otros mundos, los cuerpos que mezclan la carne y las excreciones, la cópula. Qué ese ojo, que mira turbado y excitado a la vez, con culpa y con ganas, porque al ojo lo entrenaron, diciéndole esto sí y lo otro no. Qué es ese ojo, que mira alejado, como fantasma de placer. Qué mira ese ojo. Porno mira. XX Y en esta ciudad cruzada, en diagonal, hay alguien que filma porno. Y lo hace de manera profesional y sistemática.


El director de porno platense César Jones sentado en una sala finita, larga, asfixiante. No hay luz exterior. Puedo sentir su respiración. Estoy sentado en un sillón y él en otro. Hace unos segundos apagó la estufa a cuarzo. En un tercer sillón el guión de su próxima película. Estante con libros, películas porno, revistas. Tiene algunos premios de la industria. Ya me contó que hizo la carrera de Comunicación Audiovisual en la UNLP. También que fue el primer platense en filmar porno en la ciudad con esa película XXX que sacó en el 2000 y se llamaba Las fantasías del señor Vivace. Ya me contó que ahora filma su 16° película. Pero me quedo con una frase de él, por eso empiezo la nota acá, en mi mente, diciéndome que la nota debe empezar así, con César Jones que larga esta máxima: “La pornografía perturba y molesta porque pone en escena al animal que somos”. XXX Pero qué es lo que busca Jones en el fondo: es sólo mostrar lo que sale de nuestros cuerpos encendidos, como negocio; o es además una expresión cultural, con un ojo de por medio que no es el ojo humano sino el anónimo lente de una cámara, el registro que queda para la posteridad, un retrato moderno del acto primitivo. “A veces, creo que no sé exactamente lo que busco con las películas. Si tuviera que trazar una analogía antropológica, sería como investigaciones explícitas de tenor exploratorio, como exploraciones de campo; más que ir a buscar algo definido voy a pisar territorio desconocido en lo erótico. Las películas que hice son cambiantes, pero no en el sentido de una cierta histeria, no veo ese cambio permanente como una carencia sino como una búsqueda hacia delante, hacia donde me lleva la flecha del deseo”. Cómo es todo el tema a la hora de filmar. “Tardamos entre una y dos semanas. La filmación la hago muy íntimamente, cuando rodamos lo hacemos con un equipo reducido porque son pocos los actores y actrices con experiencia que pueden llegar a no molestarse por un set de filmación muy poblado. Los meses anteriores al rodaje tenemos varias reuniones con los actores, la idea es que no tengan contacto sexual entre ellos, para que el deseo vaya in crescendo y se haga carne el día de la filmación. A veces después de conocer a los actores, y según sus potenciales, después escribo el guión con las prácticas sexuales: me sirve el placer del actor. Como realizador concibo los largometrajes con una narración esmerada, en las medidas de las posibilidades del género. Trato de diferenciarme de esos guiones de películas porno que le adosan un argumento a la escena sexual, como un ornamento. Tiene que haber un porqué, y no sólo en aras de una lógica narrativa, sino para labrar la historia en un suelo eróticamente más fértil”.


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