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El primer día del peronismo en el poder (4 de Junio de 1946)



Hace 70 años, un martes, el peronismo llegaba al poder. Fue el 4 de junio de 1946, precisamente en el tercer aniversario de la Revolución del 43, la única de las seis dictaduras que dejó cría. Perón había acordado imponer esa conmemoración del golpe de Estado de 1943 como fecha permanente para las asunciones presidenciales; él mismo la repetiría en 1952 tras ser reelegido.

Incubado por el gobierno militar, podría decirse que el peronismo fue sietemesino. Siete meses y medio antes había sucedido el mítico 17 de octubre, la génesis, una inédita irrupción de masas marginales en la Plaza de Mayo que clamaban por el coronel más astuto y más carismático del Ejército, cuya ascendente popularidad se debía sobre todo a los extraordinarios beneficios obreros que él otorgaba. Perón ya venía gobernando. Hasta había puesto como ministro del Interior de la dictadura a Hortensio Quijano, luego su compañero de fórmula.

El lunes 3 y el martes 4 Farrell dispuso asueto y el miércoles 5 Perón decretó feriado, de modo que las ceremonias de traspaso del mando entre los dos hombres de armas, el presidente y su vice (si bien Perón había renunciado el 9 de octubre, al día siguiente de cumplir 50 años) tuvieron un extendido marco festivo. Eva Duarte se estrenaba como primera dama, aunque aún mantenía a resguardo del público el ímpetu fogoso, no así su hombro derecho. El hombro descotado de la flamante esposa del presidente electo en presencia del arzobispo Santiago Copello causó suficiente agitación como para que Sofía Bozán llevase el tema al Maipo. De la anécdota política del día, en cambio, casi nadie se dio cuenta entonces. El presidente Farrell, partero del peronismo, empezó a ser olvidado apenas dejó la Casa Rosada; la historiografía peronista lo escondió para siempre, pero en el comienzo el olvido fue literal: nadie le reservó un auto. Farrell se tuvo que ir a su casa caminando.

Ampuloso, revanchista, fundado sobre la clase social sometida o ignorada que de pronto tomó conciencia de sí misma y se plantó, el peronismo hizo mucho más, desde luego, que animar la política. Politizó a la clase trabajadora, les dio poder a los sindicatos y arrasó con todo lo conocido, incluida la dirigencia tradicional, vencida en las elecciones del 24 de febrero de 1946, las primeras sin fraude desde 1928. La campaña del famoso "Braden o Perón" estrenó una partición de la sociedad que duraría tres décadas. Lo que hoy se llama la grieta no es sino una copia. Ya en el diseño original de Rosas, adaptado por Perón, no había opositores. El adversario era el enemigo.

La Unión Democrática (UD) caracterizó a Perón como nazi, en sintonía con lo que se pensaba en Estados Unidos y en Europa. Con un padrón que era la décima parte del actual, la diferencia entre Perón y la UD fue de poco más de nueve puntos porcentuales. Pero el peronismo se alzó casi con el Senado entero, dos tercios de Diputados y todas las provincias menos Corrientes, que sería intervenida un año después.

El efímero Partido Laborista fue una necesidad electoral. Con el verticalismo de impronta militar, el culto a la personalidad y el pegamento de la liturgia, Perón construyó en envase de movimiento una fuerza tan vigorosa como heterogénea, "movimientismo" determinante aún hoy de la fragilidad del sistema de partidos. Maestro de la ambigüedad, Perón reconfiguraba sindicalistas y zurcía retazos socialistas y radicales, a Forja con la Alianza Libertadora Nacionalista; sumaba por derecha y por izquierda. Era esa habilidad de decirle a cada uno lo que cada uno quería escuchar la que un cuarto de siglo más tarde le permitió, también, cautivar a admiradores de la revolución cubana refundidos en la consigna "Perón o muerte" junto con la propia ortodoxia, los "de la primera hora", la "burocracia sindical", los lopezreguistas y tantos otros. Alquimia póstuma que ya no fue tan pacífica ni terminó bien pero que reverdeció en tono de comedia con los Kirchner, la "guevarización" icónica de Evita y el anacrónico ascenso de Héctor Cámpora a prócer.

Justo la mitad de estos 70 años el peronismo los pasó en el poder. Y la mitad de los otros 35 estuvo proscripto. Fue derrocado dos veces, en 1955 y en 1976, y a la vez participó solapadamente de las desestabilizaciones de cuatro presidentes no peronistas (Frondizi, Illia, Alfonsín y De la Rúa) y tres peronistas (Cámpora, Rodríguez Saá y Duhalde, quien debió acortarse el mandato). Sin contar que Perón conoció la Casa Rosada el 6 de setiembre de 1930, cuando marchó para derrocar a Yrigoyen, y que manejó los piolines de la Revolución del 43. Nueve presidentes peronistas (por orden de duración, los dos Kirchner, las dos presidencias de Menem, las tres de Perón, Isabel Perón, Duhalde, Lastiri, Cámpora y Rodríguez Saá) sumaron 14.661 días peronistas. Con el Estado de Bienestar que desde 1946 hizo feliz a medio país Perón sembró las fidelidades más perdurables, transfigurándose década por década hasta pasar sus discípulos del neoliberalismo de los 90 al "progresismo" kirchnerista que en la era de las exploraciones marcianas restauró la antinomia de los 40. Lo que vino a confirmar el apotegma farmacéutico de que hay un peronismo para cada necesidad. Transitar el siglo XXI con un tercio de la población en la pobreza seguramente no estaba en los sueños de la Argentina feliz de los dos primeros gobiernos de Perón. Ni habría sido un orgullo para quien en 1972 ironizaba jactancioso con su propia capacidad para impregnar a toda la Argentina: "peronistas somos todos".



link: https://www.youtube.com/watch?v=E2jB25H78Qs
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PomeloStanley

Viva Perón! La vida por Perón!

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