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El rock no ha muerto





La cita prometía y no defraudó. La noche del martes 11 de noviembre, The Hives y Arctic Monkeys protagonizaron uno de los grandes encuentros musicales vividos en Chile en el año 2014.

El escenario del Movistar Arena fue primero de la banda sueca. The Hives descargó su energía e intensidad en 60 minutos de show que comenzaron con “Come On!” y terminaron con la visceral “Hate to Say I Told You So“.

El quinteto desató la fiesta, entregándose por completo al público e invitándolo constantemente a gritar, saltar y agitar las palmas. Haciendo un esfuerzo por hablar en español, el inquieto y encantador vocalista Howlin’ Pelle Almqvist arengaba a los presentes y ponía un toque de humor al afirmar: “soy un gran puta de música de rock” como antesala al tema “Main Offender”.

Media hora después del torbellino sueco fue el turno de Arctic Monkeys.

Poco menos de 9 años han transcurrido desde que el cuarteto inglés irrumpió en la escena musical con su álbum Whatever People Say I Am, That’s What I’m Not (2006). Hoy sorprende la madurez alcanzada en ese tiempo, en el que han consolidado su éxito y una fanaticada fiel con cada uno de los cuatro discos que han seguido a su debut.

La agrupación comandada por Alex Turner se presentó por primera vez en Chile en 2012 como parte de la edición local del festival Lollapalooza. Ahora, en medio de la gira de promoción de su quinta placa, AM (2013), el grupo aterrizó en Santiago para sostener un encuentro más personal con sus seguidores.

En una arena con todas sus localidades agotadas, Arctic Monkeys ofreció un concierto de exactos 90 minutos de duración, que incluyó canciones de todos sus discos, pero que puso especial énfasis en el más reciente de ellos, el cual debutó en Reino Unido en el número 1 de las listas y se convirtió en el más exitoso del conjunto desde Favourite Worst Nightmare (2007).

El inicio con “Do I Wanna Know?”, “Snap Out of It” y “Arabella” -despachadas en seguidilla- hizo evidente el deseo de los músicos de Sheffield de mostrar en vivo la solvencia de su presente. La fórmula parece funcionar: la respuesta del público fue eufórica de principio a fin, recibiendo con algarabía no sólo los éxitos indiscutibles, como “I Bet You Look Good on the Dancefloor”, “Fluorescent Adolescent” y “Brianstorm”, sino también los nuevos, como los elegidos para el inicio del show o ”Why’d You Only Call Me When You’re High?”.

Con una puesta en escena más bien sobria, la atención se concentró en el líder del grupo. La voz grave, letras provocadoras y look dandy de Turner generan un polo de atracción que parece compensar las escasas oportunidades en las que dirige palabras al público.

La emoción nunca mermó y fue total en el cierre. Tras despedirse por primera vez con “505”, el grupo tomó un breve descanso y volvió para rematar la noche con “One for the Road”, “I wanna be yours” -que convirtió el recinto en una gran pista de baile con bolas de espejos que proyectaron luces en toda la cúpula del Movistar Arena- y la ya clásica “R U Mine?”.

Aquel fue el final de un concierto intachable, que convocó a un público mayoritariamente joven y que fue protagonizado por dos bandas sólidas a las que el futuro podría deparar cosas aún más grandes. Celebremos, el rock no está muerto.


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