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El Secuestro de Geréz (otra opinión)

Hay desaparecidos que no merecen la cadena oficial

Las paradojas de la Argentina no tienen fin. Durante los primeros diez meses del año último, la organización no gubernamental Missing Children reportó 2469 denuncias sobre chicos perdidos en nuestro país, de los cuales 240 -en su mayoría mujeres adolescentes que residían en la provincia de Buenos Aires- siguen sin ser encontrados. Ninguna de estas desapariciones fue convertida en cuestión de Estado por el gobierno nacional. Ninguna de ellas mereció tampoco el uso de la cadena nacional de radio y televisión por parte del presidente de los argentinos, como ocurrió con el hasta hoy misterioso caso de Luis Gerez.

El número de menores desaparecidos en plena democracia debería asustarnos. La cifra de los primeros diez meses de 2006 supera la de los 219 chicos que no fueron hallados en 2005 y la de los 53 no encontrados en 2004.

Si alguien en la Casa Rosada supuso que el operativo de comunicación oficial montado frente a la desaparición y posterior aparición con vida del militante kirchnerista y testigo del caso Patti, Luis Gerez, iba a generarle al Gobierno un rédito político que compensara la carencia de resultados favorables en la búsqueda de Jorge Julio López, cometió un grave error de cálculo.

Una semana después de la aparición del albañil de Escobar, el resultado es un grupo de investigadores confundidos que, por momentos, hasta dudan de que la víctima esté diciendo toda la verdad; un gobierno nacional que en un principio sindicó al ex intendente y ex subcomisario Luis Patti como principal responsable y que luego debió volver sobre sus pasos, y una sociedad descreída.

La hipótesis que más se escucha en la Casa Rosada es la siguiente: "Alguien contrató a una banda de delincuentes para darle un susto a Gerez. Los integrantes de la banda se pasaron de rosca y buscaron ir por más, excediéndose de lo solicitado por quien los contrató. Las diferencias entre el contratista y sus contratados, más la presión policial y de la opinión pública, sumados al discurso presidencial, los persuadieron de dejar a Gerez en libertad" .

¿Quién contrató a los secuestradores según el Gobierno? Oficiales de la policía bonaerense que habrían estado vinculados directa o indirectamente con Patti durante el gobierno militar y que hoy temerían su caída como en un efecto bola de nieve si algo le pasase a Patti en la Justicia. El ex subcomisario es investigado en una causa por la desaparición de Gastón Roberto Gonçalves, secuestrado el 24 de marzo de 1976 y visto por última vez en la comisaría de Escobar donde se desempeñaba Patti como subinspector. El gobierno de Kirchner se presentó como querellante en esa causa, que tramita el juzgado de San Nicolás.

Según las fuentes de la Casa Rosada, el objetivo de quienes están detrás del secuestro de Gerez, al igual que de la desaparición de López, es que testigos clave no declaren o se desdigan a la hora de los juicios orales en los cuales se ventilarán las causas por el terrorismo de Estado en los años 70.

Las interpretaciones casi unívocas que se escuchan en Balcarce 50 contrastan con las diferencias de criterio que se manifiestan entre los funcionarios del gobierno bonaerense, donde el vicejefe de Gabinete, Emilio Pérsico, y el ministro de Seguridad, León Arslanian, se ubican en las antípodas a la hora de analizar el caso Gerez, al tiempo que no faltan quienes sospechan que la investigación no avanza porque la propia policía provincial no quiere.

El problema que desnudan los casos López y Gerez no radica tanto en la presunta existencia de grupúsculos minoritarios cuyos integrantes extrañan viejos tiempos nefastos. El gran problema que delatan es, en cambio, la percepción de un Estado ineficaz para garantizar la seguridad de la población. No existen los crímenes ni los secuestros perfectos, sino sólo los mal investigados, como tampoco existe la seguridad de derecha y de izquierda.

En La rebelión de las masas, José Ortega y Gasset sostuvo que "ser de izquierda es, como ser de derecha, una de las infinitas maneras que el hombre puede elegir para ser un imbécil" , pues "ambas, en efecto, son formas de la hemiplejia moral" .

Sin embargo, el vicio de hablar de izquierdas y derechas sigue estando bastante extendido entre la dirigencia política argentina.

Más de una vez, el propio presidente Kirchner se refirió a la derecha para cuestionar a algunos de sus adversarios. Quizá sin preguntarse si pagarle anticipadamente la deuda al FMI era de izquierda o de derecha.

Lo cierto es que determinadas figuras que adhirieron al kirchnerismo, como el piquetero Luis D Elía, comenzaron a endilgarle sigilosamente al primer mandatario que le está cediendo espacio a la derecha . El expulsado funcionario del gobierno nacional admitió, no obstante, que Daniel Scioli "es de derecha" , pero sugirió que "no es Macri" y que estudia apoyar la candidatura del vicepresidente de la Nación a la gobernación bonaerense.

Este vicio tan común en la Argentina de los últimos años de teñir la discusión de la realidad con barnices ideológicos también está llegando a la oposición. Pocas semanas antes de finalizar 2006, Roberto Lavagna calificó a Mauricio Macri como "de derecha" y como "conservador" . El presidente de Boca no se quedó atrás y le respondió que eso sonaba tan antiguo como creer que Raúl Alfonsín podría ser el armador de una fuerza política.

Así, el debate sobre coincidencias programáticas entre Lavagna y Macri pareció muerto antes de nacer.

La supuesta discusión ideológica no existe. Lo único que parece discutirse es el poder. Así como D Elía no tendría inconvenientes en apoyar a un candidato "de derecha" que le garantizara espacios de poder, detrás de las supuestas diferencias ideológicas entre Lavagna y Macri sólo se dirimen vanidades personales y el liderazgo de una oposición que hoy carece de volumen.

El síndrome que dejó la frustración provocada por la alianza entre la UCR y el Frepaso que llevó al poder a Fernando de la Rúa es todavía muy fuerte. Dirigentes opositores de uno y otro sector tienen terror frente a la posibilidad de repetir aquella experiencia.

Todos ellos saben que la dispersión de las fuerzas no oficialistas podría asegurar el triunfo del kirchnerismo en la primera vuelta electoral. Pero al mismo tiempo perciben que una coalición entre Lavagna y Macri también haría crecer los votos de Néstor o de Cristina Kirchner, debido a que algunos adherentes al llamado progresismo proclives a respaldar al ex ministro de Economía no estarían dispuestos a acompañar a Macri.

Así las cosas, el juego que parecen jugar en estos días los referentes del arco opositor no consiste en imaginar de qué manera podrían vencer, sino en dilucidar dónde quedarían mejor parados frente a una derrota electoral.

En distintos sectores del oficialismo gana adeptos otro juego: el de dividir a dirigentes y actores económicos o sociales, a víctimas y victimarios, en derechistas o progresistas . Parecería invitarse a la sociedad a seguir discutiendo nuestro trágico pasado de los años 70 para no debatir nuestro trágico presente de inseguridad, verdadero talón de Aquiles del Gobierno. Con todo, quienes juegan este juego difícilmente podrían responder si los 240 niños desaparecidos y no encontrados durante 2006 son progresistas o de derecha.

Por Fernando Laborda

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