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El rapto de un empresario ayer fue para la Policía la confirmación de un drama largamente anunciado

Fue de esas noticias que se esperan hace tiempo pero no por eso dejan de impactar como una patada en el hígado. El secuestro de un empresario liberado ayer antes de que sus captores pidieran un rescate fue, para los hombres de delinean las políticas de seguridad en el país, la confirmación de un drama largamente anunciado.

"Sabemos lo que va a pasar, lo que no podemos saber es a qué ritmo pasarán esas cosas", dijo hace meses ante el Parlamento el director nacional de Policía, Julio Guarteche

El principal de la Policía nacional anunció con varios años de anticipación que en el país aparecerían, primero como hechos aislados y luego consolidados, fenómenos delictivos inéditos en Uruguay como el crimen organizado, la feudalización de zonas por parte de los delincuentes, el uso del sicariato para dirimir diferencias y cobrar cuentas y, por último, esa palabra tan temida del secuestro.

La duda de Guarteche acerca de con qué velocidad se expanden estos delitos está teniendo en estas horas, con el caso del empresario, la peor de las respuestas y confirma la existencia de una segunda etapa que desde el punto de vista criminológico sigue a la consolidación del delito entre personas vinculadas al crimen organizado: la extensión de esa modalidad hacia sectores de la sociedad que no tienen relación con esos negocios ilegales.

Liderados por personas de clase media
Fuentes oficiales dijeron que se está ante una realidad delictiva mucho más compleja de lo que se conoce a través de los medios y en la que grupos organizados, con participación e incluso liderazgo de personas de clase media sin antecedentes penales, se dedican a un combo de actividades que pasan por el tráfico de drogas y la rapiña, al asesinato por encargo y el secuestro.

De hecho, la Policía mantuvo en reserva la existencia de unos diez casos de secuestros entre integrantes de bandas delictivas o sus familias, dato que fue revelado por El Observador el 30 de mayo.

Al parecer, el primer dato concreto de que el secuestro se estaba usando como modalidad recaudatoria dentro del mundo del hampa lo tuvo la Policía en 201, cuando Fernando Marcos Medina Ludueña, conocido como El Pitufo, de 36 años, fue asesinado.

"Se trata de un hombre con antecedentes penales por homicidio y hurtos", informó entones el diario El País, mientras que canal 12 agregó en su momento que tenía antecedentes por narcotráfico. A la Policía le llamaba la atención que Medina y su pareja fueron atados en un garage y que cuando este se resistió fuera asesinado.

Posteriores investigaciones llegaron a la conclusión de que fue un intento de secuestro.
Luego, al menos una decena de casos con diferentes características fueron constatados por la Policía: en algunos se pagó hasta US$ 20 mil de rescate, en otro fueron liberados sin pago mediante, algunos fueron denunciados, otros no.

Canal 10 dio cuenta a fin de mes "del caso de una joven de 24 años que fue secuestrada en la zona del Cerro y liberada luego de dos días de cautiverio cuando su familia pagó un "importante monto".

Un policía dijo que hubo un caso en que el secuestrado estuvo diez días en poder de sus captores. Pero todos involucraban a personas o familiares de ciudadanos vinculados con el delito.

Tal parece ser el caso ocurrido ayer cuando, según divulgó Subrayado, "efectivos de la Zona III de Montevideo rescataron en el barrio Marconi a un empresario de unos 50 años de edad que había sido secuestrado cuando estaba por salir en su auto.

Los delincuentes lo obligaron a subir a una camioneta FAW blanca, lo amordazaron y le dieron un balazo en el brazo. Prontos para realizar el pedido de rescate, los dos delincuentes fueron sorprendidos por los agentes en una casilla ubicada en el barrio Marconi. En el mismo lugar estaba el empresario", informó Subrayado.