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“El tipo tenía ganas de matar, y yo de milagro salvé mi vida

Lo dijo el remisero José Arturo Gutiérrez, de 49 años. Aseguró que su pasajero no quiso asaltarlo, sino asesinarlo. Y que gritó: “Hasta acá llegamos” y empezó a tirarle como si tuviera el diablo en el cuerpo





Este miércoles, en las primeras horas de la tarde, Diario UNO de Santa Fe mantuvo un extenso diálogo con el remisero José Arturo Gutiérrez, de 49 años, quien fue baleado en la medianoche de la víspera en un suceso ocurrido en el límite entre la ciudad de Santo Tomé y la localidad de Sauce Viejo.

Gutiérrez dijo que quien lo baleó salió a la calle con ganas de matar a alguien, y que por poco casi lo logra con él como víctima. Admitió que no hubo robo ni intento de asalto. “Nada de eso sucedió. Quiso matarme. Pero como si tuviera el diablo en el cuerpo. Me tiraba sin motivo. Parecía drogado o algo así. Esa es la verdad de lo ocurrido. La verdad”, aseguró Gutiérrez.

Un relato estremecedor

El miércoles, a las 14.20, en la Sala 6 de hombres del Hospital Cullen, bajo el cuidado de médicos y enfermeras, José Arturo Gutiérrez narró la secuencia que lo tuvo como víctima. Varias veces con los ojos humedecidos en lágrimas cuando recordaba el suceso y pensaba en su esposa y en sus dos hijos menores.

Paso a paso

Gutiérrez, tiene 49 años, y en los 10 últimos de su vida trabajó como remisero de la empresa El Sol. Siempre trabaja de día, y asume con indismulado orgullo que le sobra el trabajo, que lo llaman de todos lados, que tiene clientes toda la jornada, y que siempre trabaja de día.


Pero, el martes por la noche fue distinto, recibió alrededor de las 23.15 un aviso de la central de la remisería que tenía un pasajero para pasar a buscar por la base que está ubicada en la esquina de General López y avenida Luján. El operador con una clave que ellos disponen le hizo saber que el aspecto del pasajero y su forma de expresarse eran correctas, que no había ningún peligro para tomar ese viaje. Así fue. Gutiérrez llegó a la remisería El Sol, abrió la puerta trasera derecha y su pasajero ascendió. Los primeros minutos del viaje fueron comunes y ordinarios, el trabajador observó que se trataba de un muchacho que tenía entre 20 y 25 años, y que se expresaba muy bien, que estaba bien vestido y que le pidió, con educación, que lo lleve al barrio Villa Adelina de Santo Tomé.

La locura del ataque criminal

Pero cuando llegaron a la esquina de Tomás Lubary y Mosconi, que es límite entre la ciudad de Santo Tomé y la localidad de Sauce Viejo, su pasajero le gritó: “Hasta acá llegamos”, acto seguido sacó un revólver y le disparó en la nuca.


Gutiérrez, aturdido por la detonación ocurrida dentro del habitáculo de su automóvil, y con el cuello completamente ensangrentado, solo pensó en su mujer y en sus dos hijos menores, abrió la puerta del remís e intentó escapar corriendo, y justo en ese momento fue cuando sintió un fuerte ardor en su espalda, y varios tiros que le pasaron por arriba y por los costados de su cuerpo.

El remisero giró la cabeza y vio que su agresor ya no tenía balas en su revólver y entonces se escapó corriendo refugiándose en la oscuridad de la noche. Él empezó a gritar con todas sus fuerzas, pero ningún vecino lo escuchó. Subió a su auto y fue hasta la Comisaría 23ª. Los policías salieron, y dos vigilantes lo acompañaron en un patrullero hasta el Samco de Santo Tomé.

Después, los médicos lo atendieron, pero a raíz de la gravedad de las heridas fue trasladado de urgencia al Hospital Cullen de Santa Fe, adonde fue curado en el shock room para pacientes críticos, y quedó internado, con una ojiva alojada en su cuello, y pensando en su esposa y sus hijos.
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