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El vínculo emocional del fan



“Fan”, una palabra que según la Real Academia Española define a un “entusiasta de algo“. Lo que en principio solo debería significar que a una persona le gusta mucho alguna cosa, se acaba convirtiendo en una seña de identidad para muchos que incluso llega a influir en su forma de comportarse. Hay quien puede ser fan de un estudio de animación, de un autor de manga, o de una obra. Tampoco hay límites sobre el número de “algos” de lo que podemos ser fans.

Ser un fan de algo significa que ese algo te gusta mucho, y como te gusta mucho, te interesa saber todo lo posible sobre ello. Al gustarte saber todo lo posible sobre ello, buscas información y con ello acabas encontrándote más fans como tú, a los que les gusta lo mismo. Esta es la parte bonita de ser un fan: compartir opiniones, debatir teorías, recordar juntos los mejores momentos… ¿Qué puede salir mal? Absolutamente nada, o eso debería. Ser fan es algo que no se puede evitar, puesto que simplemente hay algo que te gusta, sepas o no por qué, y quieres más y más. Algo te hace disfrutar y quieres seguir disfrutando con ello.

Como seres humanos no podemos evitar dejarnos influenciar por todo aquello que nos gusta, y con ello, acabamos heredando todo tipo de actitudes, frases, reacciones o comportamientos de nuestro entorno. Está el fan que utiliza mucho una frase de su personaje favorito, el fan que silba mientras trabaja las canciones de ese grupo que le gusta, el fan que se declara a la persona que le gusta basándose en cómo lo hicieron en aquella película que tanto le marcó, e incluso el fan que decide practicar un deporte inspirado por ese personaje que le impresionó. Todos estos fans comparten algo: han convertido una pequeña parte de su afición en parte de su propio ser. Y aquí es donde hay que tener cuidado con cómo nos tomamos nuestro propio fanatismo.

Cuanto más propio hacemos algo extraído de nuestras aficiones, más sensibles somos a las críticas hacia ellas, confundiendo en cierta medida lo que son las críticas hacia ese “algo” con las dirigidas a nosotros mismos. Es muy fácil ofenderse cuando alguien critica esa serie que viste cuando estabas pasando un mal momento y te levantó el animo. ¿Cómo puede parecerte una mierda una serie que a mí me ayudó a superar un momento difícil?. Es muy fácil ofenderse cuando hemos adoptado frases de ese personaje que otra persona considera que solo dice estupideces. ¿Acaso cree que yo digo estupideces?. Es muy fácil tomarse a mal que alguien considere imbécil a un personaje con el que nos hemos llegado a sentir identificados. ¿Cómo puede decir que es imbécil cuando yo me parezco tanto a ese personaje?.

Como he dicho, evitar ser fan de algo es complicado, casi imposible, pero sí podemos intentar recordar en todo momento lo que tomamos prestado de nuestras aficiones e integramos en nuestra propia personalidad. Que alguien critique algo que te gusta no significa que te estén criticando a ti, con lo que ofenderse está siempre fuera de lugar. La mayoría de veces que leo un comentario de alguien ofendido por la opinión de otra persona, lo primero que me pregunto es qué significa eso que se critica para él. ¿Tanto le importa como para ofenderse de esa manera? Seguramente sí, y posiblemente no vaya a saber el porqué, pero igualmente comprendo que esa persona ha cometido el error de difuminar la línea que hay entre lo que le gusta, y lo que ella es.

Hoy en día tendemos a catalogar cada vez más y más las cosas, y donde antes uno era “fan del anime“, hoy es “fan de tal género, de tal autor, de tal estudio, de tal director y de tal temática concreta“. Definirse como fan de algo muy general parece que da la sensación de “poco fan“, y siendo más específico el “nivel de fan” aumenta considerablemente. Un fan “de la ciencia ficción” parece un fan del montón, pero cuando hablas de “un fan de las historias de viajes temporales” tendemos a pensar en alguien bastante especializado en esa temática. Ser tan específicos, intentar reducir el “soy fan de” cada vez más a su mínima expresión, ha llevado a que todos hagamos un poco “más nuestro” lo que nos gusta, más personal.

Los gustos de cada persona nacen desde multitudes de experiencias vividas, situaciones, entorno, con lo que aun entre fans de exactamente lo mismo, es normal encontrar diferencias. Un fan de una serie puede serlo porque el protagonista le recuerda a él, mientras que otro puede serlo simplemente porque el grupo de amigos del protagonista le recuerda mucho al que él tiene o tuvo. Esto hace que incluso dentro del mismo grupo de fans, las diferencias lleguen a ser palpables, y con ello, nazcan las disputas.

Defender algo que nos gusta es así algo siempre muy poco objetivo, y en más de una ocasión nos va a costar no responder mal a esa persona que ha dicho que eso que nos gusta es una mierda. Es normal, eso nos gusta porque tenemos una conexión emocional con ello, una que esa otra persona no tiene y no comprende, pero eso mismo nos debería bastar para entender que no podemos ofendernos. No está criticando que eso nos guste, no está criticando el por qué nos gusta, simplemente critica algo que a él le parece vacío porque no encuentra nada con lo que vincularlo a sí mismo, a sus gustos nacidos de su propia experiencia.

Autoreconocerse como fan de algo siempre está bien, pero tenemos que tener en cuenta que lo que nos gusta no nos define a nosotros, sino que el quiénes somos es lo que define nuestros gustos.
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