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Elecciones 2015 El País se debate entre dos modelos opuestos

Elecciones 2015: El País se debate entre dos modelos opuestos





“El kirchnerismo significó salir del predominio de las ideas neoliberales”

Claves de la historia. Entrevista. Mario Rapaport. Economista. Profesor UBA. Combinando su extenso conocimiento de la historia argentina y de los diferentes procesos económicos, Rapoport analiza el ciclo político iniciado en el año 2003

¿Qué opinión tiene de la economía actual o de todo el ciclo de los gobiernos kirchneristas?

Los gobiernos kirchneristas representaron un cambio con respecto a las políticas económicas predominantes que condujeron a la crisis de 2001. Algunas cuestiones resultan esenciales para explicar esos cambios: 1) la intención de salir del esquema de valorización financiera y predominio de las ideas neoliberales instalado por la dictadura militar y ampliado en los años ’90. El desendeudamiento fue un arma importante para ese fin. 2) La presencia del Estado como protagonista de un nuevo esquema productivo y de inclusión social. 3) El impulso a la reindustrialización del país, basado en la ampliación del mercado interno y un aumento en los niveles de inversión y de consumo. 4) La reducción del desempleo y de los indicadores de pobreza e indigencia mediante una redistribución de los ingresos hacia los sectores más necesitados. Para ello fue muy importante la renacionalización del sistema jubilatorio y la ampliación de sus beneficiarios. 5) La recuperación de activos estratégicos como YPF o Aerolíneas Argentinas, privatizados escandalosamente. 6) La intención de mantener un esquema macroeconómico controlado a través del manejo de variables como el tipo de cambio administrado y la implementación de políticas activas en sectores económicos. 7) Una política de integración regional que puso el acento en la unidad de acción con los países vecinos y la adopción de medidas comunes frente a la crisis y la presión de las grandes potencias a fin de mantener mayores márgenes de autonomía en el escenario internacional.

El esquema funcionó más virtuosamente en las primeras etapas, por el efecto mismo de la rápida utilización de la capacidad instalada en la industria; el aumento del precio de las commodities que implicó una significativa mejora de los términos del intercambio; balanzas comerciales positivas y superávits en el sector externo y el fiscal y un mayor nivel de reservas internacionales. Durante varios años las tasas de crecimiento alcanzaron niveles sin precedentes en nuestra historia económica. Factores externos e internos contribuyeron a desacelerar este proceso. Por un lado, la crisis económica que se desencadenó en 2007-2008, impactando brutalmente en los países centrales, Estados Unidos y Europa Occidental, poniendo en jaque los esquemas económicos predominantes hasta entonces y produciendo la quiebra de grandes entidades financieras y empresas trasnacionales que debieron recurrir al salvataje de sus Estados.


¿Cree que existe una Argentina diseñada por la oligarquía en el siglo XIX y que aún no se pudo dejar atrás? ¿El kirchnerismo intenta hacerlo?

El país hereda su propio pasado. Y está marcado por una oligarquía conservadora y antidemocrática en lo político, que en la defensa de sus intereses llegó a apoyar todos los golpes de Estado contra gobiernos populares y, especialmente, a la peor dictadura militar de nuestra historia. En lo económico es pretendidamente liberal, aunque esto resulta relativo porque en los años treinta fue ella la que impuso el intervencionismo de Estado y en los noventa apoyó un tipo de cambio inamovible del peso con una moneda que no emitía ni controlaba como el dólar, mientras liberaba las otras variables de la economía y se basaba en el endeudamiento externo que facilitó el saqueo del país, en el que participó.


¿La oligarquía que enfrentó al primer peronismo es la misma de la actualidad o hubo cambios?

En el fondo esa oligarquía es muy parecida a la del primer peronismo, con la diferencia que una parte cada vez mayor de ella ya no explota sus campos y tiene otro tipo de arrendatarios. Con la soja, los que alquilan las tierras, incluyendo empresas trasnacionales, son tanto o más ricos que sus propietarios.


¿Qué paradigmas políticos y económicos tanto locales como internacionales se necesitan poner en cuestión para avanzar?

El abandono definitivo de los paradigmas neoliberales, el retorno a una participación más activa del Estado (que en esta década se comenzó a hacer en el país y en otros de la región), y la vuelta definitiva a economías productivas y de bienestar. Pero la característica principal del mundo actual son las grandes desigualdades económicas. Existen dos mundos paralelos. Por un lado, grandes fortunas en los países centrales y en la periferia, acrecentada por los paraísos financieros, la criminalidad de la droga y otras cuestiones por el estilo que conforman lo que se denomina mundo globalizado. A ellos los acompañan sectores medios dominados mentalmente por el Gran Hermano de la información. Pero esas fortunas ni siquiera aportan riqueza a sus propios países. Las trasnacionales como Nike o Apple tienen sus fábricas a bajo costo en Singapur, Malasia o China, y abaratan sus productos pero crean desempleo y pobreza entre los suyos.

Hay quienes pretenden una Argentina agroexportadora o monoexportadora de soja. ¿Qué respuesta deberían dar este gobierno o los que lo sucedan? –El paraíso de la soja es un engaño. Por un lado, es un producto con casi nulo valor agregado. Por otro lado, la explotación de la soja perjudica los campos para producciones posteriores. China, por ejemplo, nos compele a comprar sus productos industriales a cambio de esa soja y volvemos a reproducir una relación parecida a la que teníamos con Gran Bretaña. Ninguna nación monoexportadora estuvo alguna vez entre los países más desarrollados del mundo y si bien el campo argentino puede dar de comer a 400 millones de habitantes nunca va a dar empleo a 40 millones de argentinos. Seremos un país rico para unos pocos, con countries o mansiones rodeados de villas de emergencia. Luego nos quieren convencer de que el problema es la inseguridad. Algunas instituciones internacionales afirman que hay casi tanta riqueza de argentinos fuera del país como adentro: quizás la solución para la inseguridad de los que más tienen radique en refugiarse ellos mismos en los paraísos fiscales.

Según se dice fueron unos 500 millones de dólares. Pero a ello hay que sumar a los que compraron títulos de Lehman Brothers o mansiones en Miami o en la Costa del Sol española. –En el peronismo en general se planteaba que la Argentina debería ser industrial por medio del uso de las retenciones al agro. ¿Esto es posible ahora? –Más que posible es necesario. Los excedentes extraordinarios deben redistribuirse porque no son ganancias normales propias del mismo sistema capitalista y todos los sectores no tienen las mismas ventajas comparativas. Es verdad, que los que tienen esas ventajas se van a oponer, eso será siempre, forma parte del egoísmo de esta sociedad. El país careció siempre de una verdadera burguesía industrial y la industrialización dependió sobre todo del rol del Estado.


Unidad de América Latina. –¿Cómo evalúa los trabajos de integración en América latina de los últimos años? Mercosur, Unasur y la Celac.

Así como la política dominante en la década de los ’90 fue reflejo de la relevancia que en el plano económico interno habían adquirido los acreedores externos y los organismos financieros internacionales, en la actualidad se presentan nuevas concepciones respecto de la inserción internacional, donde se retoma y rediscute en el marco de los procesos de integración regional y el concepto de autonomía, como se manifiesta en el rechazo del ALCA. ¿Se requiere una estrategia conjunta? Sin duda, la afirmación de los espacios propios de expresión y participación de los países de la región requiere una estrategia conjunta, partiendo desde la especificidad nacional, pero en consonancia con las necesidades comunes de los vecinos. Después de muchos años de haber vaciado los conceptos de autonomía y “no intervención”, y la historia revela esto claramente, se vuelve a plantear la necesidad de una nueva juridicidad a fin de reponer algunos de los principios fundamentales asociados a las problemáticas de los países periféricos, como los de soberanía y autodeterminación nacional y regional. El caso de las Malvinas es, en este sentido, ejemplar.

Lo más notable en la última década fue el reforzamiento del proceso de integración regional, en el que se destaca la alianza estratégica con Brasil. Debo mencionar los momentos de mayor significación en ese sentido. Primero, la creación del Mercosur en los años ’90. Luego la Unasur, que terminó de ratificarse en marzo de 2011 y que con 12 países y una población cercana a los 400 millones de habitantes parece proyectarse hacia el futuro como un espacio económico y geopolítico importante. El último de los avances de este período fue la Celac, integrada por 33 naciones con 600 millones de habitantes, 150 más que Rusia y Estados Unidos juntos.


¿Cómo evalúa la relación con los Estados Unidos?

La historia de las relaciones argentino-estadounidenses desde la época de la independencia hasta la actualidad, permite hacer un balance de lo que sucedió y de lo que puede esperarse de esos vínculos. Desde aquellas fundadas en privilegiar los lazos con Europa, como en los regímenes conservadores, pasando por las que intentaron obtener mayores márgenes de autonomía –Yrigoyen, Perón–, hasta las que tuvieron por base la sumisión y la obediencia ciega; siendo estas últimas las que paradójicamente más daño hicieron. Tal el caso de las “relaciones carnales” de los años ’90, que llevaron, entre otras cosas, a la crisis de 2001 y a problemas que todavía persisten, como el caso de los fondos buitre, producto de una filosofía neoliberal centrada en la apertura indiscriminada y el endeudamiento externo.
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