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ella uruguaya y el argento,campeones de tango

El es tucumano y ella, uruguaya. El lunes deslumbraron al jurado del Mundial en el Luna Park y cambió su vida


Nora Sánchez
Llegaron a Buenos Aires detrás del mismo sueño de tango, pero desde lugares muy diferentes. El hace poco más de un año dejó su trabajo en la finca azucarera de su padre, en Concepción, Tucumán. Y ella hace dos pateó para más adelante las siete materias que le faltan para recibirse de psicóloga y se vino desde Montevideo. Se conocieron en el estudio de Mario Morales, donde sus respectivas parejas de baile se enamoraron entre sí y quisieron bailar juntos. Por eso, el tucumano Sebastián Acosta y la uruguaya Lorena González decidieron probar si entre ambos surgía la química del dos por cuatro. La fórmula funcionó: este lunes ambos se consagraron campeones mundiales de Tango de Pista, el de las milongas.

“Esperamos que se nos abran muchas puertas profesionales y poder viajar”, aventura Lorena. Por lo pronto, ayer Sebastián no fue a trabajar porque con su compañera de baile tuvo que recorrer varios medios. “Pensar que hasta ayer estuve arreglando ascensores ”, suspiró mientras subía en el de Clarín. Y se acordó de aquel viernes en que unos amigos lo tentaron con venir a Buenos Aires a perfeccionarse en el tango. Dos días después estaba en un micro rumbo a Capital.

Admirador de las orquestas de Di Sarli y D’Arienzo, Sebastián tiene 24 años y empezó a bailar hace cuatro, porque una amiga lo convenció. Muy pronto el tango lo alcanzó: “Cuando uno sufre y escucha tango siente que su vida se asemeja a las letras, porque hablan mucho de amor y de desamor”, cuenta enigmático. Su novia Laura D’Anna baila profesionalmente tango escenario. “Yo prefiero el de pista porque me gusta improvisar y bailar lo que siento en el momento. No hacen falta trucos para transmitir la emoción del tango”.

“El de pista es el tango de verdad, el que se baila sentido ”, dice Lorena, de 32 años, que prefiere la orquesta de Pugliese, por su fuerza. En Montevideo, ella solía bailar jazz y danzas árabes, pero hace ocho años los cambió por el tango. “Me gusta el baile en pareja y lo que el tango genera en una pareja cuando está bailando. Podés expresar tu propio ser y conectar con la otra persona”, explica.

Además de estudiar, Lorena daba clases de danza y bailaba en el bar Fun Fun. “Pero decidí hacer un cambio de vida y dejé a mi familia, porque sentí que era el momento de venir a Buenos Aires en busca de lo que me hace feliz, que es bailar tango. Acá hay otro nivel de desarrollo y eso permite que puedas crecer. Esta ciudad es una gran puerta al mundo ”, afirma. Su novio, Gastón, también baila pero es amateur. “Es uruguayo. Vino a visitar a un amigo en común, nos enamoramos y, al tiempo, dejó un buen trabajo allá y se mudó conmigo”, cuenta Lorena.

Para sobrevivir en Buenos Aires, Lorena y Sebastián bailaron a la gorra en lugares como Plaza Dorrego o Caminito. “Estuve dos veces a punto de volverme, porque había poco laburo”, asegura él, que el año pasado participó en el Mundial pero no pasó la semifinal. “Tenía la sensación de que iba a ganar, pero dentro de dos años. El lunes pensábamos que íbamos a quedar entre los cinco primeros, pero no a ganar”, confiesa. Cuando los declararon campeones, se emocionaron por todo lo que dejaron atrás por su sueño. Lorena reflexiona: “Creo que todavía no tenemos real dimensión de todo lo que nos va a pasar a partir de este triunfo”.
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