
La llegada del animal terapéutico, llamado "Thula", cambió la vida de la nena de cinco años, que expresa un gran talento a través de la pintura.
"Cuando investigué el trastorno de mi hija, leí muchas historias acerca de los efectos beneficiosos y maravillosos que los animales pueden tener sobre los niños autistas", explicó Arabella, la madre de Iris, niña británica de cinco años diagnosticada con autismo, de la misma forma que uno de cada 68 niños.
"Anteriormente intentamos que Iris se conecte a través de la equino-terapia, pero no parecía muy interesada ni estimulada por ello", afirmó su madre, quien recordó: "Tuvimos también un perro, pero sus lametones, el movimiento de su cola y su actividad hacían que ella no se sintiera bien y no quisiera ni acercarse".
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Después de probar con diferentes animales y terapias, la casualidad logró cambiarlo todo: "Un día de Navidad llegó la novia de mi hermano, diciéndome que iba a hacer un viaje al extranjero y que si podría cuidar su gata de raza Maine Coon. Yo respondí que sí, y cuando vi a Thula e Iris conocerse pensé que habían conectado. Y no me equivoqué".
Thula logró bajar las "ansiedades diarias" de Iris, confiesa la madre, quien agradece que la gata "la mantiene calma", e incluso "tiene el efecto de animarla a ser más social, ella llega a hablar con Thula, diciendo pequeñas frases como 'sentate, gata'". "Iris llegó en una etapa en el último año a odiar la ducha y tener que lavarse el pelo", detalló, pero que gracias a la compañía de su fiel compañera, ambas disfrutan en la bañera.