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En 13 años, dos gobiernos peronistas llevaron a la Argentina

En 13 años, dos gobiernos peronistas llevaron a la Argentina al default





14 de abril de 2002. Axel Kicillof tiene 30 años y forma parte de la dirigencia que conduce la agrupación TNT (Tontos pero no tanto) que maneja el Centro de Estudiantes de la Facultad de Ciencias Económicas y coconduce la Federación Universitaria de Buenos Aires (FUBA) desde una mirada "independiente". Su ambición y sus ganas están puestas en transformarse en rector. Afuera, la Argentina lleva tres meses desde que se inició la cesación de pagos. "¿Qué tiene de específico la Argentina, desde el punto de vista de la economía política, que la convierte en lo qué es?", se preguntó Kicillof en un reportaje del diario Clarín, para una nota que se titulaba con el dilema del momento: "Romperse la cabeza para pensar la crisis". Noventa días antes, Adolfo Rodríguez Saá, presidente de la Nación, había anunciado el ingreso al default. No lo hizo con tristeza. Lo hizo pensando que ejecutaba una medida patriótica y heroica. La totalidad de los presentes ese día en el Congreso de la Nación pensaban lo mismo. Lo aplaudieron. Lo ovacionaron. El puntano los miraba y agradecía. El peronismo se ponía de pie en nombre de "hacer lo que había que hacer". Lejos de asemejarse a una acción revolucionaria, la crisis era tan grande que la cesación de pagos era una acción aconsejada hasta por los propios acreedores externos.






"El Estado argentino suspenderá el pago de la deuda externa. Esto no significa el repudio de la deuda externa ni una actitud fundamentalista. Muy por el contrario, se trata del primer acto de gobierno, que tiene carácter racional para darle al tema de la deuda externa el tratamiento correcto", sentenció Rodríguez Saá. Jorge Capitanich era un encumbrado senador que luego se transformaría en un fugaz jefe de Gabinete de Eduardo Duhalde. El 11 de enero de 2002, Capitanich tuvo su debut público con la palabra maldita: "Las provincias podrían entrar en default". Néstor Kirchner gobernaba Santa Cruz, Cristina era senadora nacional y el kirchnerismo solo existía en Río Gallegos. José Manuel de la Sota era el jefe del Ejecutivo de Córdoba, hoy también lo es y Carlos Ruckauf era el mandamás bonaerense. Los tres tenían aspiraciones presidenciales. Uno llegó, otro todavía tiene las mismas ilusiones. Meses antes, Capitanich formaba parte del equipo de técnicos del PJ que analizaron la salida ordenada vía default. Los nombres siempre se repiten.

Pasaron 13 años. En el medio: cinco presidentes (todos peronistas), una "década ganada", estabilidad, salida de la crisis pero una variedad innumerable de idas y vueltas políticas y económicas. En 2004, Néstor Kirchner y su ministro de Economía, Roberto Lavagna, crearon la letra chica de una salida de bonos que debía ser exitosa. Casi 10 años después, esa letra chica complicaría la existencia de otro gobierno peronista pero con el mismo apellido en el poder.




Desde el anuncio de Rodríguez Saá, corrieron más de 4.000 días. Las diferencias son grandes y cada una de las situaciones particulares pero lo concreto es que el default del 2001 fue una ejecución de un gobierno peronista producto de malas decisiones de un gobierno radical. En el 2014, el peronismo se lleva todo el crédito. En el plano interno, en la Quinta de Olivos se piensa hasta dónde se puede llegar con el discurso ideológico sin pensar que el subsistir con un default a cuestas va a impactar en forma directa sobre las eventuales candidaturas presidenciales. Ayer a última hora, tres importantes gobernadores se comunicaron con Capitanich, para intentar conocer detalles de las negociaciones que se estaban realizando en Nueva York y así poder saber cómo blindar sus economías regionales. "No es el mismo peronismo del 2001. Ahora no se aplaude cualquier cosa. Esto se va a poder defender hasta que la situación impacte en la diaria, cuando eso ocurra, cada dirigente, antes de hablar o aplaudir, va a pensar en lo que tiene que afrontar el año que viene. Yo no pienso hablar, que las malas noticias las den otros", le explicó anoche a Infobae un gobernador del norte argentino, desde su residencia en la capital provincial. El peronismo es peronismo y en ese gen existe y se sostiene una capacidad única de transformación.




"Inflación, recesión, dólar paralelo, un vicepresidente procesado por corrupción y un default económico. ¿Cómo se sale a ser el candidato de la continuidad sin hablar de esos temas o vendiendo la década ganada?", se preguntaba ayer a última hora uno de los dos candidatos que hoy tiene el oficialismo. En la Casa Rosada, los halcones y palomas dividen el escenario. Sin ganas de seguir respondiendo a internas más que a su trabajo profesional, el titular del Banco Central, Juan Carlos Fábrega, cansado de los desplantes del ministro de Economía, amenazó con irse e incluso llegó a bocetear una renuncia. Fábrega fue quién planificó junto a los banqueros argentinos la propuesta que se le hizo llegar a los fondos buitres. Sus allegados afirman que Kicillof se la boicoteó. Algo que en el mundo PJ puede ocurrir.

En 1982 y 1987, la Argentina estuvo en el límite de una declaración de default. Incumplió con compromisos asumidos y hasta llegó a cumplimentar pagos "simbólicos" pero siempre se evitó una declaración formal de quiebra. En 1987, Raúl Alfonsín estuvo a punto de declarase en default, en alianza con Brasil: se arrepintió y buscó seguir negociando una reestructuración con los bancos acreedores. Tanto en 2001 como en 2014, la declaración de default tiene una matriz común: la épica peronista. Una película en la que los actores de reparto son los mismos una y otra vez y la realidad supera a la ficción. Trece años después, Kicillof ya no se pregunta qué tiene de específico la Argentina: parece que ayer encontró una respuesta y se la explicó al mundo. Recibió una respuesta: Tontos pero no tanto, como la agrupación que lo vio nacer.

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