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En año electoral, Cristina no remonta

Con esta economía, no remonta el año electoral de Cristina

Si la economía del Frente para la Victoria se mantiene con el rumbo de enero de 2013, no habrá recuperación de imagen pública de Cristina Fernández de Kirchner.



CIUDAD DE BUENOS AIRES (Urgente24). La economía fue el gran elector de los Kirchner en los comicios de 2005 y 2007. En 2011 ayudó al 'marketing del luto' aunque no fue la clave. Pero la economía emerge como el 'talón de Aquiles' en 2013.

Gobernadores y alcaldes aparecen sometidos a una doble voracidad que trasladarán a sus gobernados: la inflación -en la que solo 'pesca' la Nación- y la distribución errada de los recursos fiscales disponibles.

Algunos comentarios al respecto:

Horacio Serafini en el diario La Voz del Interior, de la ciudad de Córdoba:

"(...) José Manuel de la Sota optó por judicializar los reclamos ante el cierre del camino político. La Corte tiene pendientes fallos sobre la supuesta deuda de la Anses con la Caja y la medida cautelar respectiva, al tiempo que el cordobés sofrena el pedido de devolución del 15 por ciento de la coparticipación que cedió cuando se privatizó el sistema jubilatorio. Además, evalúa hacer otro por la presunta inconstitucional de la resolución 13 que reglamentó la manera en que los intendentes de todo el país podrán requerir ayuda financiera a la Nación sin pasar por los gobernadores.

Pasa algo parecido en Santa Fe, que desde el gobierno socialista de Hermes Binner también tiene pendiente un reclamo ante la Corte por presuntas deudas previsionales.

No judicializar, pero sí tratar de sacarle el máximo jugo político, parece ser la estrategia de Daniel Scioli.

Sus pretensiones de ser el candidato K si no hay chance de un tercer mandato para Cristina están supeditadas a la ayuda financiera nacional, como volverá a suceder ante el próximo medio aguinaldo.

Así, después de ventilar por días en la prensa la reforma de la coparticipación, como del Fondo de Ayuda al conurbano bonaerense, el exmotonauta llevó la cuestión al titular de Diputados, el bonaerense Julián Domínguez. Ni 24 horas tardó la réplica de la Rosada.

Similar pedido le hizo a Domínguez el ultrakirchnerista Eduardo Fellner, pero los términos que usó el gobernador de una de las provincias más pobres marcó la diferencia con Scioli: su carta fue personal, como personal el compromiso de asistir a una audiencia. Además, y para acentuar el contraste, pidió dejar de lado “individualismo, egoísmo y mezquindad”.

Recordó, como no lo hizo Scioli, que Néstor Kirchner intentó promover la reforma en 2004, y ratificó su alineamiento con la política de distribución de recursos que hace la Nación desde 2003.

Detrás, el diputado bonaerense Carlos Kunkel instó a Scioli a que, si necesita recursos, cobre mayores impuestos al sector agropecuario provincial mediante un revalúo fiscal de las tierras. Y trascartón, el mismo Domínguez le marcó terreno, a él como al ascendente intendente de Tigre, cuando reunió a la mitad de los intendentes bonaerenses con la consigna: “El peronismo deberá jugar con Cristina. No con el oportunismo de Daniel Scioli, ni con la gestión de Sergio Massa”. (...)".


Rodolfo Cavagnaro en el diario Los Andes, de la ciudad de Mendoza:

"(...) Los gobiernos provinciales también terminan asociados a la inflación, aunque ellos no son los causantes, pero deben remar con temas más complejos. El proceso les permite tener mayores ingresos por los aumentos de precios y, hasta 2011, por el aumento de la actividad económica. Ya sea que la fuente sea nacional (coparticipación) o propia (ingresos brutos y sellos, principalmente) las jurisdicciones provinciales se beneficiaron con mayores ingresos.

Si se comparan los presupuestos provinciales de los últimos tres años veremos que los aumentos han sido exorbitantes. Pero el problema es que los mayores ingresos se vieron desbordados por mayores egresos y, aunque crecía el presupuesto, apareció el déficit. En términos relativos, las provincias tienen mucho más gasto en personal que la Nación ya que deben afrontar servicios que les fueron transferidos.

En el caso de Mendoza, sólo entre los salarios que se pagan en Educación, Seguridad, Salud y Justicia, se explica más del 80% de la masa salarial estatal de la provincia que, a su vez, supera el 50% del Presupuesto provincial.

El Estado afronta el mismo problema que las empresas. En una economía que casi no crece, afrontar aumentos salariales del 30% es casi imposible sin tener que endeudarse o aumentar impuestos. Las empresas no todas pueden endeudarse y los precios de sus productos no se pueden aumentar alegremente porque los compradores tienen sus salarios complicados. Si la situación se agrava, el Estado agranda su déficit, pero las empresas quiebran.

La Argentina pudo crecer desde 2003 hasta 2007 con una economía abierta, con un mundo que estaba en crisis y con precios favorables de nuestras materias primas. Se pudo hacer porque no había inflación pero como todas las adicciones, en cuanto el adicto baja la guardia, se vuelven a instalar con más fuerza.

La población, que habitualmente se maneja con números nominales y no reales, también cree que la inflación es soportable mientras aumenten los salarios y haya crédito, hasta que la tasa de alza de precios crece a un nivel tal que los asusta porque todos se dan cuenta de que es muy difícil que las empresas puedan aumentar sus precios en la misma medida.

La alianza entre el gobierno y la inflación, que al principio parece como una unión virtuosa, termina transformándose en una asociación ilícita en la medida que crece y devora los ingresos de los trabajadores y el capital de las empresas, con lo cual se vulnera el principio constitucional que garantiza la defensa de la propiedad privada."


Marisa Álvarez en el diario El Día, de la ciudad de La Plata:

"(...) A la Administración Scioli le sobran razones objetivas, técnicas, para plantear el reclamo. (...) la Provincia es la que más aporta, la que tiene más población y mayor concentración de habitantes en situación de pobreza y desempleo, y la que menos recibe. Y el gobierno nacional también tiene motivos razonables para resistir la “propuesta”: el pedido bonaerense significaría restarles porcentajes de ingresos a otras provincias, y se abriría un “conflicto generalizado” que la Rosada, comprensiblemente, preferiría eludir.

Pero pasan otras cosas en torno de las discrepancias “naturales”.

Scioli salió a plantear esta reivindicación histórica de la Provincia en un marco singular. El déficit del Estado bonaerense ha tocado fondo. La Administración llevó al límite la presión fiscal sobre los contribuyentes de los tributos de la Provincia. Y si no recibe mayores fondos de la Nación, no podrá afrontar este año el pago de los salarios y de los gastos esenciales de funcionamiento del aparato estatal. Claro que un paliativo sería también una asistencia financiera de la Nación -como la que ha dado tantas veces y a tantos distritos-, pero en la Gobernación no perciben señales de poder plantear, siquiera, el “problema” en la Rosada y la preocupación va en aumento. En cuanto se definan, en las próximas semanas, las mejoras salariales de docentes y estatales, las dificultades financieras se agudizarán peligrosamente.

Y Scioli, además, ya lo ha dicho y reiterado, quiere ser el candidato presidencial del peronismo en 2015. En los últimos meses formó su propia agrupación, La DOS, y consiguió el respaldo de otra línea de peronistas críticos del ultrakirchnerismo, La Juan Domingo. Viene, además, profundizando gestos de “diferenciación” con el estilo K y, a veces, con el propio gobierno nacional.

Todo el espectro kirchnerista, por su lado, ya definió su Plan A: buscar la re-reelección de Cristina. Este proyecto, consolidado claramente en las últimas semanas a partir de una señal de Olivos, tiene motores de alta potencia en La Cámpora, el grupo de diputados nacionales que encabeza Julián Domínguez, y el ministro Florencio Randazzo, para un objetivo más cercano: conseguir en los comicios de este año una cantidad de bancas que permita encarar en el Congreso nacional la reforma constitucional que habilite la re-re.

Y para eso, el kirchnerismo necesita ganar, y sobradamente, las elecciones en la provincia de Buenos Aires. Los intendentes peronistas, por lo tanto, están siendo por estas horas, nuevamente eje de un nutrido despliegue de seducción y presiones, como lo indica el Manual K, tras una larga temporada de distancias y olvidos en la que lo único que importaba eran “los jóvenes”. (...)".
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