En el 2016 Facebook estará desierto



En el mundo animal y en el virtual, todo tiene una vida finita. Nacemos, crecemos y morimos, de cuerpo y alma, pero también en nuestros homólogos incorpóreos que habitan en las redes virtuales. Al principio, nuestro entusiasmo cuando descubrimos Facebook o Twitter nos lleva en muchos casos a estar varias horas al día conectados gracias a la PC o a los móviles. Pero luego el interés decae y se produce una fatiga hacia las redes sociales.

¿Por qué se genera esto?
Hay diversos estudios sobre este “efecto fatiga”, y aparecen algunos puntos en común en varios de ellos. Por ahora, no existen estrategias que los administradores de las redes sociales puedan manejar en forma definitiva para solucionar este síndrome. De ser así, todo el mundo tendría un perfil en ellas. Lo que ocurre, en general, es que uno no borra su “biografía” o “cuenta”. Sencillamente, deja de participar y no sube más a esa vivienda virtual.

¿Y los motivos? Son varios los que identifican los analistas. Para empezar, los contenidos. Veamos que mientras que Facebook ofrece material de todo tipo en forma de texto, videos e imágenes, lugares más específicos como Instagram o Pinterest se dirigen a un público más segmentado, como es el caso de los amantes de las imágenes. Entonces necesariamente habrá una mudanza de muchos en la búsqueda de sus intereses más específicos. El perdedor aquí sería Facebook.
Otro motivo en esta fatiga sería la excesiva presencia de publicidad. Si cada vez que abro mi cuenta aparecen posts promocionales de lo que sea, al final cansa. Sí, por supuesto, las redes sociales están para ganar dinero, pero puede llegar a ser contraproducente. En mi caso, me paso eliminando propaganda y pidiendo que no aparezca más determinadas publicidades. Pero como si fuera una hidra, corto una cabeza y me aparecen otras.

La popularización de las redes hizo que se sumaran a ella gente que en un primer momento no estaba. Por ejemplo, los padres y los jefes. Los adolescentes y los jóvenes fueron los primeros en acceder a estas nuevas herramientas por lo que la llegada posterior de los progenitores crea el dilema de qué hacer si nos piden ser “amigos” virtuales.

¿Los acepto o no los acepto? Puede ser un punto que genere rispideces en la casa. En cuanto a los superiores en la empresa en donde uno trabaja también puede ser un factor de que en muchos casos nos induzca a perder espontaneidad en lo que publicamos. De esto a la fuga no hay mucho. Si nos cuidamos en lo que publicamos, muchos contenidos que pueden ser valiosos y que lleven a la interacción con terceros, se perderán. En mi caso, yo he aceptado a algunos de mis superiores y a otros, no.
Muchas veces, la propia característica de los usuarios muy jóvenes de las redes sociales lleva a una saturación y a su desinterés por seguir usándolas. Veamos el comportamiento de nuestros hijos. Son multitasking, y su umbral de cansancio es muy próximo. Las modas pasan rápido.

Si analizamos los contenidos que pueblan una red como Twitter, en el prime time, estos estarán relacionados mayormente con lo que aparece en la TV. En Facebook, a cualquier hora, encontramos cadenas insulsas o imágenes con frases supuestamente de sabiduría universal. En otros casos, nos etiquetan en fotos en donde no queremos aparecer. Estas tres modalidades ayudan a que muchos salgan huyendo de las redes sociales. Los contenidos, entonces, son otra de las causas de la fatiga. Por supuesto, a las redes sociales las tejemos todos.