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En Escocia se metieron las gaitas y las urnas en el orto

Escocia ha votado no a la independencia. La unión en el Reino Unido continúa después de 307 años de historia. El resultado del histórico referéndum da un respiro la Unión Europea y pone contra las cuerdas ahora a los catalanes, que siempre se habían mirado en el espejo de Alex Salmond. El líder nacionalista tendrá ahora que decidir sobre su propio futuro. Aunque dijo que no dimitiría, las presiones de su partido podrían hacerle pasar el testigo a su mano derecha, Nicola Sturgeon. La viceministra principal ha dicho sentirse decepcionada con los resultados, aunque ha recalcado que con una ventaja que no ha llegado a los 10 puntos: "Los escoces dejan claro que quieren ver cambios". El apoyo a la unión ha sido del 54% frente al 46% separatista. La participación, récord, ha superado el 84%. Si los políticos no gestionan ahora bien la situación el plebiscito podría dejar importantes cicatrices en una sociedad que ha quedado completamente dividida. Los partidos de Westminsters deben cumplir ahora su promesa y hoy mismo empezarán a negociar la transferencia de poderes histórica a la que se habían comprometido con Edimburgo.

El recuento electoral del histórico referéndum comenzó a las 3.00 de la madrugada con Clackmannanshire, la primera circunscripción de las 32 que dividen a la región en anunciar el resultado de sus urnas: el 'no' a la independencia ha ganado (53,8% - 46,2%). Los nacionalistas han vencido en Glasgow, la ciudad más poblada del país (53,4% - 46,5%), aunque con una participación más baja de lo esperado (75%). Dundee, que era conocida como la ciudad del 'sí', anotó la primera victoria de la independencia en el recuento con un 57,35% frente al 42,65% del 'no'. Se esperaba, no obstante, que el 'sí' superase el 60%. West Dunbartonshire tampoco ha decepcionado a los nacionalistas: vence el 'sí' (53,9%-46,04%) con una participación del 91%, la más alta hasta ahora. Lanarkshire, el bastión laborista por excelencia, se ha decantado igualmente a favor del ‘sí’, lo que supone un varapalo para Ed Miliband (líder de la oposición). También ha habido sorpresa en Perth & Kinross, feudo de los nacionalistas, donde el ‘no’ ha sido la opción vencedora.

En breve el primer ministro David Cameron se dirigirá a la nación en un mensaje televisado; después, la Reina Isabel II hará una declaración por escrito. La monarca, que siempre pasa de julio a octubre sus vacaciones estivales de verano en el castillo de Balmoral, conoció el destino que la votación le deparó al Reino Unido desde la misma Escocia.
Activistas de la campaña unionista siguen los resultados en Glasgow (Reuters).Activistas de la campaña unionista siguen los resultados en Glasgow (Reuters).

El recuento ha sido un tanto accidentado, pero muy rápido. Mientras la Policía está investigando las denuncias de fraude electoral en relación con 10 papeletas en Glasgow, en Dundee se tuvo que suspender durante unos minutos tras saltar la alarma de incendios.

Desde las islas que componen Escocia hasta las ciudades más importantes, la ciudadanía estaba completamente dividida entre aquellos que quieren la permanencia y los que abogan por la separación. No se podían hacer tampoco predicciones sobre el resultado electoral de los últimos comicios al Parlamento de Edimburgo, ya que los votantes de las formaciones no acatan necesariamente el mensaje que representan los partidos. En el caso de los laboristas, por ejemplo, a pesar de que Ed Miliband -líder de la oposición- hizo campaña por el Mejor Juntos, el 40% de los votantes, según los últimos sondeos, apoyaron la secesión.

Tras la victoria de la unidad, hoy mismo los líderes de las tres principales formaciones de Westminster tendrán que cumplir su promesa y ponerse a trabajar para empezar la transferencia histórica de poderes a Edimburgo. La conocida como “devo-max” es la jugada que se sacó de la manga Londres a última hora cuando la semana antes del referéndum, los nacionalistas se impusieron por primera vez en la intención de voto.

El “juramento” firmado por David Cameron (tories), Ed Miliband (laboristas) y Nick Clegg (liberal demócratas) promete más autoridad, un reparto equitativo de recursos y la garantía de que Edimburgo gestionará su propio sistema de salud. El último punto era clave, ya que se respondía claramente a las acusaciones nacionalistas de los últimos días de que los recortes presupuestarios en Londres acabarán afectando al nivel de inversión que el Gobierno escocés puede hacer sobre sus hospitales.

Recuento de los votos del referéndum de independencia en Escocia (AP).Recuento de los votos del referéndum de independencia en Escocia (AP).
Por otra parte, aunque los políticos se han comprometido a mantener el actual modelo de financiación para determinar la distribución del gasto público, diferentes analistas han abierto un debate sobre su actual efectividad. La denominada “fórmula Barnett”, establecida a finales de los años 70, significaría que Edimburgo mantendría un mayor gasto per cápita que el resto del reinp Unido (1,623 libras por cabeza o un 19% más) Inglaterra, incluso si poderes clave como la política tributaria, o la gestión de los recursos financieros, son transferidos al parlamento regional. El mismísimo Lord Barnett, autor de la fórmula, sorprendió el martes al decir que había que cambiarla, ya que la distribución no se debería seguir haciendo en base a la población de las cuatro naciones que, a estas horas, siguen formando el país, sino conforme a las necesidades de cada región.

En cualquier caso, lo que más urge es la devolución de poderes. Y aquí existe un gran problema porque hay calendario pactado para transferirlos, pero en ningún momento se ha especificado de qué poderes se están hablando.

Las bases conservadoras son cautas. Aunque en cuestión fiscal son partidarios de ceder a Escocia el control total sobre las recaudaciones del impuesto sobre la renta. Los laboristas en este sentido no quieren ceder más de un 15%. Las negociaciones, por tanto, se prevén intensas. Pero deben acomodarse al calendario establecido para que, en caso de unión, el proyecto de ley de competencias esté preparado tan pronto como en enero.

Desde Gales e Irlanda del Norte se siguen muy de cerca los movimientos y los responsables políticos regionales ya han advertido que sí Escocia adquiere más derechos, ellos no van a quedarse atrás. La fiebre separatista no se queda ahí. Algunos diputados de Westminster como el laborista Graham Allen han exigido un “parlamento federal”. Los secesionistas de Mebyon Kernow también han pedido la autonomía de Cornwall y una encuesta publicada la semana pasada señaló que uno de cada cinco londinenses considera que la capital debería separarse de Inglaterra. La pregunta es: si finalmente gana la unión en las urnas de Escocia, ¿cuál es el futuro que le depara al Reino Unido?

Ryan Randall toca la gaita ante un colegio electoral en Edimburgo (Reuters).Ryan Randall toca la gaita ante un colegio electoral en Edimburgo (Reuters).

Jonathan Edwards, diputado en la Asamblea de Gales por Plaid Cymru -partido que aboga por la independencia- señaló recientemente que cualquiera que fuese el resultado del referéndum, si Westminster ignora la necesidad inmediata de dar más competencias al resto de las naciones “sólo está jugando al avestruz”. Por su parte, Martin Shipton, el redactor jefe de la Western Mail, difiere. “Es cierto que habría una sensación de que Gales está en desventaja. Pero aquí la gente sabe que la economía es relativamente débil y tiene una pequeña base tributaria. Así que estarían preocupados ante el hecho de que más autonomía significara más impuestos”, recalca.

En caso de Belfast, el escenario es completamente distinto. En el parlamento de Stormont es completamente imposible ver algún día a un partido independentista con el control absoluto de la Cámara (como pasa ahora con el SNP de Alex Salmond en Edimburgo). Tras el Acuerdo del Viernes Santo se establecieron unas normas para que legalmente no pueda haber mayorías absolutas. Católicos -a favor de ver una isla de Irlanda sin fronteras- y protestantes -devotos de la corona británica- gobiernan en coalición. Pero el viceministro principal de Irlanda del Norte, Martin McGuinness, ha señalado que la provincia espera tener más voz en materia de gasto en bienestar social si Escocia consigue una mayor autonomía. El que fuera miembro del ya inactivo IRA, cuyo partido, el Sinn Fein, se niega a imponer los recortes en el gasto social impuestos por Londres, dijo que la devolución de las competencias en materia de bienestar social podría tener “grandes implicaciones para nosotros”.

Esto ha abierto un debate sobre las opciones de reforma de Westminster que incluyen un parlamento inglés, asambleas regionales inglesas (propuestas sin éxito por los laboristas hace una década) o cambios en los procedimientos parlamentarios para que determinadas leyes que afectan exclusivamente a Inglaterra se limiten a los diputados ingleses. Otra idea sugerida por los analistas es convertir la Cámara de los Lores en un cuerpo más federal, con representación de las cuatro naciones que a estas horas siguen componiendo el Reino Unido.



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