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En qué gastan y qué resignan los argentinos a partir del fre


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Tema del domingoLa inflación, el aumento del dólar y el temor al desempleo modificaron las decisiones de compra. Cómo el nivel de consumo está asociado a la confianza en el Gobierno.


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Marcelo Larraquy
El consumidor de clase media típica y media alta puede perder el viaje de turismo al exterior y la compra de un auto, pero no quiere resignar la educación privada de sus hijos ni la obra social prepaga. Son dos cuestiones de su economía que no negocia. O trata de no negociar. Es“el nunca menos” de la clase media. Los que tienen ingresos por debajo de los diez mil pesos, no quieren perder el celular ni la moto, si la adquirieron. Fueron dos elementos que los hicieron sentir incluidos en la clase media en esta última década. Ahora, la retracción de todos los indicadores de la economía marca una época nueva para los consumidores, en la que se ven obligados a descartar bienes y servicios según su estratificación social, de acuerdo a un estudio que laConsultora W elaboró para Clarín. (ver Infografía en pág. 35) El rostro del consumidor fue cambiando con los años. En 2009, después de que se sorteara la crisis internacional con la promoción del consumo interno, se mantuvo optimista, con confianza en el gobierno y en su capacidad de compra. Incluso con rasgos compulsivos: los indicadores de ventas de autos, viajes al exterior, electrodomésticos estuvieron en pleno ascenso.
Aún con una inflación que impactaba entre un 20% y 25% anual, las rápidas negociaciones paritarias entre empresarios y una CGT unida al proyecto oficial, evitaron la caída del poder adquisitivo. El rédito electoral estuvo a la vista: en octubre de 2011, Cristina Fernández fue reelecta con el 54% de los votos.
Una semana después de la elección, la AFIP instaló el primer “cepo” a la compra de dólares, con la evaluación tributaria del comprador. La brecha entre el oficial y el “paralelo” fue del 5%. Se afectó el humor del consumidor pero no se alteró su capacidad de compra. La rueda del consumo siguió girando. La primera turbulencia en la relación“consumo y kirchnerismo” se produjo seis meses después. La Presidenta rompió con Hugo Moyano, la CGT se partió y los acuerdos paritarios se demoraron. Se produjo un desfasaje. Los salarios quedaron mal parados frente al avance inflacionario.
En abril de 2012 cayó por primera vez el volumen de venta en supermercados, medido de un mes a otro, en un 2,5%. En 2013, la situación se repitió. Se demoraron las paritarias y se contrajo el consumo. Ese año, por primera vez en una década, el poder adquisitivo perdió entre el 5 y 7%. El PBI abandonó “las tasas chinas” del 8,6% y creció por debajo del 4%. Fue la primera vez que el consumidor tocó el freno. Se mantuvo en estado de alerta. La respuesta electoral fue sombría para el gobierno: en las elecciones legislativas de octubre de 2013 perdió más del 20% de los votos de 2011.
2014 amaneció peor: a la devaluación del dólar oficial (de 6 a 8 pesos) y el avance del “paralelo”, que alcanzó $11,50, se sumó el “engorde” de la inflación, que se proyectaba en el 30% anual. Fue un mal verano: el consumo continuó la contracción en distintos estratos sociales. Quien pensaba cambiar su auto por un 0km, como lo venía haciendo cada dos o tres años, postergó la decisión.
Se quedó con el que tenía. La producción automotriz, uno de los pilares del crecimiento, proyecta para 2014 una caída del 15% al 30% interanual, con una producción por debajo de los 700.000 autos. Es cierto: venía de una producción extraordinaria de 955.000 (ver Infografía pág 34). La caída afectó a sectores internos. En mayo, la autopartista Lear, una fábrica de 600 obreros, decidió la suspensión de poco más de la mitad de su personal con reducción del 25% del salario; luego, despide a 100 obreros. También suspendieron obreros otras plantas automotrices.
En 2014 el consumidor empezó a dar señales de frustración por lo que resignaba y de angustia por lo que empezaba a temer. A la expectativa inflacionaria (casi en el 40% anual), y el dólar “paralelo” que aumentó el 45% en 8 meses, apareció un nuevo factor traumático: el desempleo. El INDEC reconoció una caída del 1,5% que se tradujo en una pérdida de alrededor de 400 mil puestos de trabajo. En julio, la Presidenta reclamó que no se realizaran “profecías de que todo va a ir peor”. Le preocupaba la retracción en bienes durables: “Cuando se trata de la inversión de un auto, de una moto, de una casa, si le generan mala onda y malas expectativas, entonces esto impacta negativamente”. Una intervención directa pensada para el consumidor ABC1 y C2 (VerInfografía). En agosto, hizo resonar su discurso en la clase media típica (C3), que fue el sostén del consumo interno en el kirchnerismo. “Si quieren hacer una inversión compren una moto si es que pueden, compren una plancha o un lavarropas (...) Acá hay que vender y consumir muchachos, porque de esto se trata el modelo”.
El consumidor respondió con la verdad de su bolsillo.
El modelo se enfrió: en el primer semestre de 2014 la venta de electrodomésticos cayó un 9,1%, la de motos, 30,5%; supermercados, 1,3%; autoservicios, 8,2% (ver Infografía pág 34) El titular de la consultora W y autor del libro “Argenchip”Guillermo Oliveto cree que la relación entre “consumo y kirchnerismo”, que tuvo su etapa de esplendor, ahora está resentida. Lo explica: “En el 2003 (Néstor) Kirchner entendió muy bien que había que sacar a la gente de la calle y ponerlos en el shopping y el supermercado. La herida de la Argentina no era sólo económica y social, también era narcisista. El argentino que perdía su condición de clase media también perdía su condición de ser. El kirchnerismo expresó una política de consumo interno de corto plazo y le dio confianza a la gente de que no iba a perder el empleo. La gente le devolvió gobernabilidad y votos. Lo que hay ahora es cierta decepción, frustración, porque la clase media aspira hacia arriba pero teme ir hacia abajo. Y el temor de la clase media ahora es el desempleo”, dice Oliveto, ¿Cuántas crisis económicas y sociales recordamos los argentinos? ¿Cómo las recordamos? Seguramente, de la manera en que nos afectó. Algunos pueden contar cómo perdieron una casa con el “Rodrigazo” de 1975, o el empleo, durante la dictadura y el menemismo; incluso recordar el axioma de que “el que apuesta al dólar pierde” del ministro de Economía Lorenzo Sigaut, en 1981, aunque los que mantuvieron los dólares ganaron, porque el propio Sigaut después devaluó; o contar que en tiempos de Raúl Alfonsín había billetes de un millón de pesos, que iban consumiendo día a día su valor. “En 1985, en Buenos Aires, ya no era posible comprar nada por la noche al mismo precio que a la mañana”, escribió Osvaldo Soriano. Más de la mitad de los argentinos no vivieron estas experiencias: las leyeron o escucharon. En cambio, casi todos recuerdan la crisis del 2001, algunos por la recesión y el desempleo, otros por el “corralito”, los saqueos o la represión en Plaza de Mayo.
Para el economista Martín Tetaz, graduado en la Universidad de La Plata, los comportamientos de consumo están guiados por ese tipo de memorias. “Las crisis se recuerdan por emociones. Es la memoria episódica la que nos indica que algo anda mal. Esto genera incertidumbre y entonces se frena cualquier decisión de consumo. La generación que tiene 35 años, cuando piensa en el 2001, recuerda el desempleo, y no la inflación, que era baja”, dice.
Autor del libro “Psychoeconomic”.
La economía está en tu mente”, Tetaz considera que el consumidor ABC1 y C2, y en buena parte el C3, ya está equipado. Hasta no hace mucho, fueron sectores activos del “boom” de consumo. Viajaron, cambiaron autos y electrodomésticos, pagaron con tarjeta. Alguno quizá, como detalle, postergó sus ganas de cambiar su plasma de 32 por otro de 42 pulgadas. Ahora se queda con el que tiene, que no está mal.
¿Hasta dónde puede influir el pedido de la Presidenta para consumir más?

Tetaz: La Presidenta da una información racional. Es como cuando te explican el teorema de Pitágoras, o te dicen que fumar hace mal. Pero es la memoria episódica la que define el comportamiento. El argentino tiene un reflejo condicionado con el dólar. Aprendió que cuando el dólar aumenta, todo se puede ir abajo. Siente incertidumbre. Entonces prende la alarma y resigna consumos. El consumidor C2, por ejemplo, que iba a un restaurante con su familia y se animaba a un gasto de mil pesos, ahora va a la pizzería. Baja la calidad del consumo. Es un sacrificio cualitativo.
En tiempos de inflación, en los distintos estratos sociales, se intenta consumir menos y también desendeudarse, para que la suba de las tasasno continúe perforando la economía doméstica. Tetaz señala la caída de la demanda de crédito de un año a esta parte con datos del Banco Central: 6,8% en préstamos de tarjeta; 19,4 en préstamos personales; 24,4% créditos prendarios (autos). “La contracción es una muestra del deterioro de las expectativas”, remarca. Y tampoco olvida al consumidor D1, que, por su empleo informal (calculado en el 35% ), no poseía tarjeta de crédito y quedó fuera del boom del consumo de electrodomésticos. Es el que quedó peor expuesto a la inflación.
¿Cuál será la memoria episódica que quedará del kirchnerismo en cuanto al consumo?

Tetaz: Siempre queda más marcada la experiencia reciente, lo último, lo más intenso. Pero seguramente va a ponderar las dos cosas: los picos de consumo hasta 2007/2008 y el momento actual w






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