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En un año se duplicó la cantidad de puestos

Venta ilegal Hay más puestos truchos que negocios y peligran las fuentes de trabajo. Los vendedores ocupan hasta el pavimento y hay robos. Ayer, los comerciantes marcharon en protesta y al rato los manteros volvieron.




“Acá es más fácil encontrar un local vací o para alquilar que un lugar en la vereda para poner un puesto”, se queja un comerciante. Y cualquiera que camine por la avenida Avellaneda, en Floresta y Flores, puede tener la misma sensación. En el principal centro de venta ilegal de la Ciudad, la cantidad de manteros casi se duplicó en el último año, y ya hay tantos que muchos directamente se instalan sobre el asfalto.

El dato surge del último relevamiento realizado por la Federación de Comercio e Industria de Buenos Aires (FECOBA). En agosto encontraron 661 puestos ilegales, cuando un año atrás había 353. Equivale al 19% del total de manteros que hay en la Ciudad. Se estima que cada puesto factura más de $ 1.000 por día, todo en negro.

El centro comercial de Avellaneda, que va del 2500 al 4000 de la avenida, es una clásica zona de comercio textil, y los manteros respetan ese rubro. Se vende casi exclusivamente ropa y calzados, aunque también hay cada vez más puestos de bijouterie y carteras, que venden sobre todo inmigrantes senegaleses.

Clarín recorrió ayer la zona. El panorama hace acordar a Ciudad del Este, la ciudad paraguaya de la Triple Frontera. No hay una sola vereda libre de puestos ilegales, que dejan muy poco espacio para caminar. Ante la falta de lugar, en algunas esquinas directamente bajan a la calzada, lo cual implica también un riesgo de accidentes de tránsito. Algunos improvisaron zapaterías a cielo abierto, con las cajas de calzados apiladas en las veredas y la gente que se sienta en banquitos, como en un probador. Otros puestos tienen tanta demanda que hasta cuentan con más de un vendedor.

“Antes había algún que otro vendedor aislado, pero hace un par de años esto se desmadró, porque el fenómeno empezó a crecer y nadie controla nada. Algunos manteros son gente que viene a ganarse el pan, pero atrás de ellos hay un mafia, te das cuenta sólo con ver la logística que necesitan para mover todos los días semejante cantidad de mercadería. A las 5 de la mañana ya ves las camionetas bajando las cosas. Además, en muchos puestos venden los mismos artículos, tienen el mismo proveedor ”, contó un comerciante que hace más de 25 años tiene un negocio textil en la zona, y que no quiso dar su nombre por miedo a agresiones.

El centro comercial Avellaneda mueve todos los días más de 50.000 personas, especialmente gente que viene del Interior a comprar al por mayor. Los sábados a esa gente se les suman los vecinos y clientes ocasionales. “Los sábados no se puede caminar, y si llegás a venir cosete los bolsillos, porque está lleno de punguistas”, se quejó otro comerciante. Es que la seguridad es otro gran problema, no sólo por los arrebatos callejeros sino los robos a los contingentes de compradores.

Además, el espacio público está muy degradado. “Los manteros están acá todo el día y no sabemos dónde van al baño. Hay gente que vende comidas sin control bromatológico. Hemos visto incluso como trozaban un lechón en plena calle”, comentó otro dueño de un local.

El panorama es tan grave que la Asociación de Comerciantes de la Avenida Avellaneda, apoyados por FECOBA, retomaron ayer sus protestas callejeras. Entre las 10.30 y las 12 cortaron la avenida a la altura de Nazca, tal como habían hecho nueve veces el año pasado. “Nuestras fuentes de empleo legal están en peligro. Hay 30 mil puestos de trabajo en riesgo ”, advirtió Ricardo Martínez, presidente de la Asociación, que en esta lucha trabaja en conjunto con CAEMCA, la cámara que nuclea a los comerciantes coreanos. Es que, aseguran, el boom de la venta ilegal les hizo perder un 40% de ventas. “ Bienvenidos a Mantalandia ”, dicen los pasacalles que, con resignada ironía, pusieron sobre la avenida.

En todo este tiempo no encontraron respuestas de las autoridades. El único antecedente fuerte fue el 12 de diciembre, cuando la Policía Metropolitana desalojó las veredas, y hasta hubo un enfrentamiento con heridos. Pero sucedió algo insólito: como no se dejó una vigilancia policial, horas después los manteros habían vuelto a copar la zona.

Recién el viernes pasado hubo otro avance, cuando la Gendarmería Nacional, por pedido del Ministerio Público Fiscal porteño, allanó depósitos clandestinos de la zona. Secuestraron 346 bultos con mercadería y una camioneta que se usaba para repartir zapatos.
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