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Encontro $ 1,6 millón y lo devolvio.

Devolvió $ 1,6 millón: es herrero y lo encontró en el auto de un cliente

“Le había pedido que lo vacíe”, contó Rubén Almonacid, protagonista de la historia. Vive en el barrio Presidente Perón y dijo que nunca dudó sobre qué era lo correcto.


Ni lo dudó. Rubén en su intimidad familiar, luego de devolver 80 fajos de 20 mil pesos cada uno y de pedir a este diario que la nota “no sea grande”.

Rubén Almonacid, un carpintero metalúrgico de Trelew, devolvió un bolso con más de un millón y medio de pesos a su dueño. “A mí un billete no me cambia. A mí me llena mi familia”, expresó el vecino del barrio Presidente Perón, quien aseguró que en ningún momento dudó de la decisión correcta.

“No quiero que salga grande porque esto debería ser normal”, le pidió Rubén a Jornada. “Los valores y el ejemplo es lo que uno les deja a los jóvenes”, expresó.

El hecho sucedió hace una semana atrás con uno de sus clientes. “Le estoy haciendo un trabajo en un vehículo y le pedí que lo vacíe, que saque todo lo que tiene importancia porque uno no sabe. Algo se puede perder. Yo no, pero puede pasar en un descuido”, relató Almonacid. “Él me dijo que había sacado todo y dejó cosas sin importancia en mi camioneta. Lo fui a dejar a su casa y cuando llego encuentro que se había olvidado algo. Revisé porque si era algo sin importancia lo dejaba para no volver hasta su casa”, contó.

Su sorpresa fue grande cuando vio el contenido. “Pesaba como diez kilos y había unos ochenta fajos de veinte mil pesos. Yo pensé que me iba a llamar pero no. Cuando llegué a su casa, a los cuarenta minutos más o menos, estaba nerviosísimo llamando a su contador avisándole que había perdido el dinero. Yo le dije ‘dejaste algo en mi camioneta’. Él no lo podía creer. Y para mí fue normal. Me dio un abrazo. Su agradecimiento me llenó”, expresó Almonacid.

No es la primera vez que el vecino, padre de tres hijas y abuelo de Lucas, da ejemplos de su honestidad. “Hace diez días fui a cobrar a un cliente y tenía 300 pesos de más. Íbamos con mi nieto a pescar y en el camino pasé a devolverlos. El hombre se había dado cuenta pero me dijo que no me llamó porque pensó que yo no se los iba a traer”, recordó.

Con 35 años de oficio, su conducta ante la vida siempre fue el trabajo y la honestidad. Así se recuperó de un importante golpe sufrido hace cinco años, cuando se quemó el taller con todas las herramientas y parte de su casa.

“Salimos adelante con trabajo. Hay mucho trabajo a pesar de lo que la gente dice”, expresó. Fue el propio Rubén, junto a su esposa Adriana y a sus hijas, quien volvió a levantar lo que fue destruido.

Almonacid asegura que esa experiencia le sirvió como “colador”: “Yo salía a pescar con amigos y en ese momento no apareció ninguno. Yo perdí todo en dos horas”.

Hoy, pasado ese trago amargo, Rubén asegura: “Soy lo más feliz que se puede; si quisiera, no podría, porque encima hago lo que me gusta y me pagan. Soy como un jugador de fútbol, salvando las distancias. Soy profundamente feliz”. Y agrega: “Estoy orgulloso porque le di estudio a mis hijas. Cuando me dicen ‘cuesta mucho’ yo digo ‘no cuesta nada’”.

Asegura que no pierde oportunidad de disfrutar tiempo junto a su familia.“Ya que no les vamos a dejar campos, le dejamos vivencias”.
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