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Epidemia de cesáreas

Epidemia de cesáreas

La Organización Mundial de la Salud recomienda que no más del 15% de los partos sean por cesárea. En Argentina, ese porcentaje trepa a un 30% en todo el sistema de salud, y hasta un 80% en el sector privado. Se calcula que en el país se realizan más de 75 mil cesáreas evitables por año.

Por: Alfredo González - La Izquierda Diario




Existe una verdadera epidemia de cesáreas. Si hace 30 o 40 años alguien hubiera vaticinado que la cesárea sería uno de los procedimientos médicos más comunes, se le habrían reído en la cara. Hoy en día, en Argentina aproximadamente ell 25 o 30% de los partos se realizan por medio de esta intervención quirúrgica. Y esta cifra es aún más impactante en el sector privado, dónde hasta el 80% de los nacimientos son por cesárea.

No se trata de una problemática exclusiva de este país: en América Latina los porcentajes de partos quirúrgicos alcanzan cifras de 30% en Brasil, 40% en Chile y 36% en México. La cifra recomendada por la Organización Mundial de la Salud (OMS) es de un 15% del total de nacimientos o menos. Y esto se debe a que la cesárea, si bien es un procedimiento que permite salvar muchas vidas, no está exenta de complicaciones, algunas de ellas muy graves. Y hablar de que en Argentina se realizan más de 75 mil cesáreas evitables al año es hablar de que miles y miles de mujeres se someten a un riesgo quirúrgico innecesario.

No se trata de que la cesárea sea dañina. Se trata de entender que es una cirugía y, como cualquier otra cirugía, tiene indicaciones precisas sobre cuándo, cómo y a quién realizarla. Salir de esas indicaciones implica crear un riesgo.

Esta epidemia tiene múltiples causas. Una de las más evidentes es el interés económico de sanatorios, que aprovechan la cirugía para aumentar su facturación. Pero la que probablemente sea más grave es la falta de información y la manipulación que se hace sobre las mujeres embarazadas. En la mayor parte de los casos la información es insuficiente o engañosa y la embarazada termina “decidiendo” sin que nadie le explique claramente qué es lo que decide.

Así se perpetúan mentiras, que por decirse de boca en boca parecen verdades. “La cesárea es más segura que el parto vaginal”, “después de un parto normal nunca recuperás la figura”, “si ya te hiciste una cesárea no podés tener un parto vaginal”. Son falsedades que, sumadas a un interés económico y a una información deficiente a la embarazada, hacen crecer el número de intervenciones quirúrgicas.

El parto respetado

Como contraposición a esta epidemia de cesáreas, existe una corriente dentro de la gíneco obstetricia en defensa del parto respetado. Cuando se habla de parto respetado se habla de un parto saludable, con respeto por las decisiones informadas de la madre así como las costumbres y particularidades de cada zona y de cada embarazada. Se le devuelve el protagonismo a la mujer y su bebé, y que pueda disfrutar de un parto fisiológico como una vivencia propia, libre de violencia.

La única forma de terminar con la epidemia de cesáreas es devolviendo el protagonismo del parto a la madre, brindándole toda la información necesaria para que pueda decidir ella misma cómo llevarlo adelante. Pero para que esto sea posible es necesario, también, terminar con el negocio de la salud.
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