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Escocia dice no a la aventura separatista

La ventaja de los unionistas ha sido de 10,6 puntos, desbordando a los sondeos más optimistas. Cameron afirma que el problema de Escocia queda resuelto «para una generación» y anuncia más autonomía para Inglaterra y Gales






Un enorme suspiro de alivio recorrió esta madrugada el Reino Unido, que seguirá adelante con 307 años de fructífera sociedad entre ingleses y escoceses. Alegría también en las cancillerías de la Unión Europea y en la mayoría del mundo civilizado. El nacionalismo ha sido derrotado por más de diez puntos, a pesar de que dominó en las calles claramente durante una campaña eléctrica. La solidaridad entre los pueblos se ha impuesto en Escocia al rechazo al vecino. Con los 32 consejos electorales cerrados, el «no» se impone en los resultados definitivos por 55,3% contra 44,7%, es decir, 10,6 puntos de ventaja. Por el contrario, el independentismo ganó en la ciudad más importante del país, Glasgow (194.779 votos para el «sí», 169.347 para el «no»). En Aberdeen, Mejor Unidos, la plataforma unionista, ganó por más de 20.000 votos.

David Cameron se dirigió a la nación a las siete de la mañana locales, ocho de la mañana en España. Situado en un atril en la calle frente al Número 10 de Downing Street, el primer ministro afirmó que el problema de Escocia «queda resuelto para una generación». Cameron, que se declaró «encantado» con el resultado, pidió que no haya «ni disputas ni revisiones, hemos escuchado la voz del pueblo escocés». Anunció que a final de enero serán ley los nuevos poderes para Escocia, prometidos en la penúltima semana de campaña por los tres grandes partidos nacionales cuando pensaban que el referéndum se les iba de las manos. Salmond reclamó ayer, tras asumir sus derrota, que esa transferencia sea rápida. Con ella dispondrá de mucha más autonomía fiscal. Lord Smith de Kelvin, un noble escocés que dirigió en su día la BBC y que acaba de organizar en Glasgow los juegos deportivos de la Commonwealth, será el comisionado del Gobierno británico para el traspaso.

Más autonomía
Pero lo sucedido en Escocia va más allá del país verde del Norte. El seísmo de la campaña removerá a la estructura constitucional del Reino Unido. Cameron prometió ayer que iniciará un proceso para que alcanzar un «acuerdo justo» también para Inglaterra, Gales e Irlanda del Norte, con autonomía parlamentaria para dirigir sus propios asuntos. Hasta ahora, un parlamentario representante de Escocia tenía, por ejemplo, competencias para decidir sobre leyes que afectan exclusivamente a Inglaterra. La reforma de Cameron acabará con esa anomalía, a cambio de ahondar en el federalismo. El Reino Unido se acerca así un poco al modelo autonómico español. El primer ministro pidió pasar página tras las duras disputas de la campaña: «Es tiempo de que estemos juntos en el Reino Unido y miremos hacia adelante».


Cameron ha salido vivo y triunfador de su encrucijada
Cameron, de 47 años, se había jugado el Reino Unido y su carrera a una sola carta. Había recibido enormes críticas por convocar un referéndum a cara o cruz, sin exigencia de mayorías cualificadas, donde un solo voto de diferencia podía liquidar la Unión. En las filas tories se había suscitado un clamor sordo reclamando su dimisión si la nación se rompía. Pero ha salido vivo y triunfador de su encrucijada. En las dos últimas semanas, conservadores, liberales y laboristas llevaron a cabo una estrategia concertada de desembarco en Escocia para intentar salvar la Unión. Cameron ofreció allí dos sentidas alocuciones, una de ellas al borde de las lágrimas, implorando a los escoceses que siguiesen en el Reino Unido. Aunque al mismo tiempo los amenazó con que se quedarían sin la libra y les auguró «un amargo divorcio».
Alex Salmond, el primer ministro escocés de 59 años, el paladín de la ruptura, era esta madrugada el rostro de la contrariedad cuando circulaba en su coche oficial a las tres de la madrugada desde su hogar de Strichen a Edimburgo, a donde voló en su jet privado: sin corbata y con una seriedad desconocida en un hombre que se instaló como técnica en la sonrisa constante durante toda la campaña. El primer indicio de que el viento no soplaba de su lado llegó cuando suspendió una aparición que tenía prevista en Aberdeenshire. En su comparecencia de Edimburgo ha asumido, a su manera, su estrepitosa derrota: «Es importante decir que nuestro referéndum fue un proceso acordado y consentido. La mayoría de los escoceses han decidido no convertirse en este momento en un país independiente y yo acepto la decisión del mayoría». Salmond pidió que la devolución de poderes sea «rápida». Reclamación innecesaria, porque Cameron explicó en minutos que a finales de enero los tendrá.

El nacionalismo ha sido derrotado por la mayoría silenciosa, en lo que se considera una lección para el extrovertido fenómeno del separatismo catalán. Al igual que en Cataluña, Salmond se había valido del aparato de Gobierno para divulgar la propaganda de rechazo al vecino y ruptura.

Victoria política de Cameron
Isabel II ha seguido la jornada en el castillo de Balmoral, su residencia escocesa, donde todavía permanecerá tres semanas. Esta tarde se espera que emita un discurso por escrito, apelando sobre todo a la reconciliación, el gran problema ahora. La campaña de agitación nacionalista ha abierto muchas rencillas, incluso entre familias y amigos. J.K. Rowling, la autora de Harry Potter, activista destacada en favor de la Unión, pedía ayer que «el sábado todos volvamos a ser amigos». Será complicado, aunque Salmond había prometido en campaña que no habría más peticiones de referéndum en una generación. Los independentistas, muy superiores y más envalentonados en las calles, recurrieron en muchos momentos al acoso de sus adversarios, con insultos, retirada de sus carteles y hasta lanzamientos de huevos a algunos de sus portavoces.

La victoria del «no» evita el posible descalabro económico de Escocia
La victoria política de Cameron es de unas extraordinarias dimensiones, al igual que lo habría sido su derrota. En una jugada criticadísima por su arrojo, tildada de irresponsable, eligió jugarse la partida con el independentismo a una sola carta. Ha ganado, pero el esfuerzo de Westminster ha sido extraordinario y se ha visto a modificar todo el mapa institucional con una incierta oferta federal, que ya divide a los tories, pues algunos piden ya un parlamento propio para Inglaterra. Al triunfo unionista ha contribuido de manera muy destacada la posición antinacionalista del mundo económico. Los bancos escoceses amenazaron con irse a Londres y las grandes cadenas de supermercados nacionales advirtieron que los precios subirían en una Escocia independiente. El voto inteligente de las mujeres tomó buena nota, y han sido mayoritariamente contrarias a la ruptura, mucho más que los hombres.
La victoria del «no» evita lo que podía haber sido un descalabro económico en Escocia, pero también en el resto del Reino Unido y que se dejaría sentir en toda Europa. Se barajaban caídas de la libra de hasta diez puntos. La sensatez de los escoceses lo ha evitado.

La velada electoral perdió ya parte de su incertidumbre a las doce de la noche, cuando un sondeo de YouGov hecho durante la votación adelantó la victoria del «no», aunque con menos ventaja de la que finalmente ha tenido.

La campaña de Mejor Unidos había sido calificada de fría y catastrofista. Aparentemente, el optimismo y el mensaje utópico de Salmond habían calado en la sociedad escocesa, y sobre todo en las capas jóvenes que se dejaban ver mucho con las calles, con extraversión, caras pintadas y mucha alegría. Pero el sentido común esperaba agazapado su momento, que ha llegado.

Gracias, Escocia.
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