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Está preso y lo dejaron salir para cantar en el Luna Park



Está preso y lo dejaron salir para cantar en el Luna Park


"Pepo", de prisión a los escenarios.Rubén Castiñeiras, condenado a seis años y diez meses de cárcel por robo, logró un permiso judicial para dejar por unas horas el penal de Ezeiza para presentarse en un recital bailantero.

Rubén Darío “Pepo” Castiñeiras (37) dice que ahora, en este preciso
instante, no está pendiente del tiempo. Que ni siquiera mira su reloj. Habla con Clarín cuando lo dejan: hay mucha gente pidiéndole sacarse fotos con él y algún que otro autógrafo. La gran mayoría del público le pregunta cómo está, en qué anda, cuánto le falta. Hasta que se desocupa y, en la vereda de la avenida Madero, retoma el diálogo: “No pienso en cuántas horas me quedan porque ahora tengo la cabeza puesta en que dentro de un rato voy a volver a estar en un escenario, y eso no se le da a cualquiera. Es algo inédito. Quisiera que el show de esta noche no se termine nunca”.

Son las seis y media de la tarde del jueves 25 de septiembre y el tiempo no es un dato menor porque el hombre que se va a subir al escenario del Luna Park tampoco es una persona común: “Pepo” Castiñeiras es un preso que logró que el juez Nacional de Ejecución Penal N° 1, Claudio Vázquez, le concediera una salida extraordinaria de prisión para ir a cantar y volver a dormir al penal.

Hasta las cinco de la tarde del jueves, Castiñeiras estuvo en la Unidad 33 de Ezeiza. Salió, llegó al Luna Park para cantar tres canciones como invitado del recital de “Néstor en Bloque” y a las doce de la noche volvió otra vez a dormir a la prisión, a la celda donde pasó sus últimos tres años.

Cuando aún estaba libre, en 2002, “Pepo” formó “Los Gedes”, una banda que nació con la producción de Pablo Lescano, el líder de “Damas Gratis”. En el disco debut grabaron canciones con músicos de “Los Pericos” y de “Los Auténticos Decadentes”. Con el tiempo llegaron a hacer más de veinte shows por fin de semana, a estar en el programa de Marcelo Tinelli, a presentarse en países limítrofes y en Colombia y México, donde tocaron ante 25 mil personas. En total, grabaron siete discos. Hasta que, en marzo de 2008, Castiñeiras fue detenido por primera vez.

Fue por una tentativa de robo: lo detuvieron cuando quería entrar a robar a una casa vacía. Pasó tres años y dos meses preso en las cárceles de Marcos Paz y Ezeiza, hasta que salió en junio de 2011. Entonces “Pepo” volvió a los escenarios con su grupo, pero cuando empezaban a tenerlo en cuenta, cayó preso de nuevo. En agosto de ese mismo año entró a robar a otra casa en Flores, escapó con el botín en un auto y Gendarmería lo descubrió. Lo siguieron y, cuando se bajó del coche en el Bajo Flores, lo arrestaron. Llevaba una mochila con cosas robadas. Le dieron una condena unificada con lo que le quedaba por cumplir de la anterior: 6 años y diez meses de cárcel.

Ahora está en el Luna Park. En el horario en el que debería estar preparado para que los guardias lo sumen en el recuento de presos, hace una prueba de sonido. Y a la hora en que su familia suele llamarlo al teléfono de la cárcel, tiene otro llamado, pero para subir a escena: el cantante de “Néstor en Bloque” lo nombra y él salta al escenario.

“Desde la condición en que me encuentro quiero pedirles que se porten bien, que no hagan cagadas que los priven de disfrutar de cosas como estas. Todo lo malo de la calle es lo que me llevó a comerme seis años preso”, grita “Pepo”. “Y palmas arriba, palmas arriba, el que no hace palmas, manda a la requisa”, agrega, y empieza a cantar un tema que grabó a dúo con Néstor.

El músico la había escuchado por primera vez en los shows que “Pepo” hacía en la cárcel con el grupo “Bien de abajo”, compuesto por presos del Complejo 1 de Ezeiza. Desde adentro, Castiñeiras también formó la banda “El Pepo y la súper banda gedienta”, con la que se ha juntado a ensayar en Tigre en algunas salidas transitorias que le otorgó antes el juzgado.

En el Luna Park, termina la canción y se acerca Ramiro López, el conductor del programa bailantero de televisión “Pasión de Sábado”, y le pide que cante sus temas clásicos. “Pepo” casi se larga a llorar: es el momento en el que debería estar cenando la comida que sus familiares le envían a la cárcel, pero él está sobre el escenario, con gente coreando su nombre. No quedará tiempo para mucho más: habrá saludos, alguna charla y ya se hará la hora de arrancar para Ezeiza, otra vez.

“Yo soñaba todas las noches en la cárcel con volver a los escenarios, me imaginaba todos los boliches, el griterío de la gente. Lo pensaba, lo vivía, soñaba despierto”, le dice “Pepo” a Clarín desde el teléfono de la cárcel, unos días después del recital en el Luna.

“Es raro tener que reconocerlo, pero creo que caer preso me salvó la vida. Porque por consumo (de drogas) y situaciones delictivas estuve cerca de la muerte. La música acá adentro me devolvió las ganas de confiar en mí. Aprendí a decirle no a la droga y hoy me siento más respetado. Entendí que me quieren igual por lo que soy y no por lo que consumo. Y siento que estoy cambiando la mirada: antes decían que era un cachivache y hoy la gente del ambiente dice que soy un artista”.w



Aguante el paco vieja, no me importa nada.

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